Un amor secreto
Esta historia habla de un amor secreto entre Ariel, hijo de Santiago, y Kiara Emelyn, hija de Nicole y Gabriel. Desde pequeños crecieron juntos porque sus padres son mejores amigos y siempre les hicieron creer que eran como primos. Al cumplir 15 años, ambos comienzan a descubrir que lo que sienten va mucho más allá de una amistad. Sin embargo, ninguno se atreve a confesarlo por miedo a la reacción de sus familias. Entre miradas escondidas, mensajes secretos y momentos compartidos, Ariel y Emelyn intentarán entender sus sentimientos mientras mantienen su amor en secreto. ¿Podrán algún día contar la verdad?
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Capítulo 11 — Hasta luego, mi amor
Al otro día amanecí con una sensación horrible en el pecho.
Ariel se iba para España.
Desde que abrí los ojos sabía que no había nada que hacer. Mi tío Santiago, mis papás ya habían tomado una decisión, y por más que nosotros hubiéramos intentado hablar con ellos, ninguno parecía dispuesto a cambiar de opinión.
Mis papás tenían que trabajar, así que salieron temprano de la casa.
Yo me quedé sola por un rato, sentada en mi habitación, mirando el celular.
Tenía varios mensajes de Ariel, pero no sabía qué responderle.
Finalmente me armé de valor.
Yo necesitaba verlo.
Necesitaba despedirme de él.
Me puse una chaqueta, agarré mi bolso y salí de la casa.
Durante todo el camino al aeropuerto no dejé de pensar en nosotros. En todo lo que habíamos vivido juntos, en los años que llevábamos queriéndonos a escondidas y en todos esos momentos en los que creímos que algún día podríamos estar tranquilos.
Pero ahora todo parecía acabarse.
Cuando llegué al aeropuerto, caminé rápidamente buscando la zona de embarque.
Y entonces lo vi.
Ariel estaba ahí.
Tenía su maleta a un lado y una mochila en la espalda. Estaba mirando hacia la puerta de embarque, como si estuviera intentando hacerse el fuerte.
Me quedé quieta unos segundos.
Él todavía no me había visto.
—Ariel...
Él volteó.
Cuando nuestras miradas se encontraron, sentí que las lágrimas me empezaron a salir.
Corrí hacia él y lo abracé fuerte.
—Mi amor...
Lo abracé como si quisiera detener el tiempo.
Ariel no me abrazó.
Se quedó completamente quieto.
Pero sentí algo caer sobre mi cabello.
Una lágrima.
Me separé un poquito para mirarlo.
Tenía los ojos rojos.
—Ariel...
Él respiró profundamente.
—Emely...
—No quiero que te vayas.
Él bajó la mirada.
—Yo tampoco quiero irme.
—Entonces no te vayas, por favor.
Hubo un silencio largo.
A nuestro alrededor la gente caminaba con sus maletas, pero yo sentía como si todo el aeropuerto hubiera desaparecido.
Solo estábamos nosotros dos.
Ariel me miró y habló bajito.
—Yo a usted la amo, Emely. Eso nunca lo vaya a olvidar.
—Entonces quédate conmigo.
Él negó lentamente con la cabeza.
—Creo que es mejor que dejemos las cosas así.
Sentí que el corazón se me partía.
—¿Qué?
—Solo te pido una cosa.
—¿Qué cosa?
—Que cuide de nuestro hijo.
Las lágrimas comenzaron a caerme sin parar.
—Ariel, por favor, no me digas esto.
—Yo sé que duele, mi vida.
—Entonces no lo hagas.
—No quiero seguir peleando con nuestras familias. Tampoco quiero que usted sufra más por mi culpa.
—Pero yo te amo.
Ariel cerró los ojos por un instante.
—Yo también te amo mucho.
—Entonces quédate.
—El tiempo dirá si algún día volveremos a estar juntos.
Negué con la cabeza.
—No quiero esperar años.
—Yo tampoco quiero esto, Emely.
Su voz se quebró.
—Pero ahora mismo no podemos cambiar lo que decidieron.
Lo miré mientras intentaba memorizar su rostro.
—Ariel, por favor...
Él tomó su maleta.
—Cuida mucho de nuestro bebé.
—Lo haré.
—Y cuídese usted también.
—No te olvides de mí.
Ariel me miró fijamente.
—Nunca.
Después respiró profundo.
—Te amo mucho. No lo olvides.
—Yo también te amo.
Una voz anunció que los pasajeros debían dirigirse a la puerta de embarque.
Ariel miró hacia atrás.
Después volvió a mirarme.
Por un segundo pensé que iba a quedarse.
Pero tomó su maleta y comenzó a caminar.
—¡Ariel!
Él se detuvo, pero no se volteó.
—¡Te amo!
Ariel bajó la cabeza.
Luego continuó caminando.
Yo ya no pude sostenerme.
Me dejé caer al piso mientras lloraba.
La gente pasaba a mi alrededor, pero yo no escuchaba nada.
Solo podía pensar en sus últimas palabras.
“El tiempo dirá si algún día volveremos a estar juntos.”
Me abracé a mí misma y lloré.
No sabía cuándo volvería a verlo.
No sabía si algún día regresaría.
Pero había algo que sí tenía claro.
Todavía lo amaba.
Y ahora tenía que aprender a seguir adelante mientras esperaba que algún día nuestros caminos volvieran a encontrarse.