Valeria Castillo jamás imaginó que una sola noche cambiaría su vida para siempre.
Después de una dolorosa decepción amorosa, termina compartiendo una noche inolvidable con un misterioso empresario ruso al que nunca espera volver a ver.
Dos semanas después descubre una noticia que sacude su mundo: está embarazada.
Y no de un bebé.
Sino de trillizos.
Decidida a seguir adelante sola, intenta olvidar aquella noche. Pero el destino tiene otros planes. Al salir del hospital, choca accidentalmente con un hombre y deja caer sus resultados médicos y una ecografía.
Lo que Valeria no sabe es que ese hombre es Dimitri Volkov, el poderoso magnate ruso con quien compartió aquella única noche de pasión.
Cuando Dimitri descubra la verdad, hará todo lo posible por encontrar a la madre de sus hijos. Sin embargo, entre secretos, enemigos, traiciones y una rival dispuesta a todo para separarlos.
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Capitulo 11: No es uno ...son tres
Valeria Castillo
No dormí en toda la noche.
Fue imposible.
Cada vez que cerraba los ojos veía la prueba de embarazo sobre el lavabo.
Positiva.
Completamente positiva.
Y por más que intentaba convencerme de que era un error, la realidad seguía allí.
Estaba embarazada.
Me quedé sentada en la cama hasta el amanecer.
Mirando el techo.
Pensando.
Llorando algunas veces.
Sonriendo otras.
Porque aunque tenía miedo...
también sentía algo extraño.
Algo cálido.
Algo parecido a la felicidad.
No había planeado convertirme en madre.
Mucho menos de aquella forma.
Pero dentro de mí estaba creciendo una vida.
Y eso era imposible de ignorar.
A la mañana siguiente me preparé para ir al hospital.
Necesitaba una confirmación profesional.
Necesitaba escuchar a un médico decirme que aquello era real.
Porque todavía sentía que estaba viviendo un sueño.
Cuando llegué al hospital, mis manos no dejaban de temblar.
Tuve que llenar varios formularios.
Esperar mi turno.
Y tratar de controlar los nervios.
Finalmente una enfermera llamó mi nombre.
—Valeria Castillo.
Me puse de pie inmediatamente.
La consulta fue normal al principio.
El médico me hizo varias preguntas.
Sobre mi salud.
Sobre mis antecedentes familiares.
Y sobre la fecha de mi última menstruación.
Después sonrió.
—Vamos a realizar una ecografía.
Mi corazón dio un salto.
Aquello era real.
Cada segundo parecía hacerlo más real.
Me acomodé en la camilla.
Mientras la especialista preparaba el equipo.
—Intenta relajarte.
Dijo amablemente.
Yo intenté sonreír.
Pero estaba demasiado nerviosa.
Observé la pantalla.
Sin entender absolutamente nada de lo que aparecía allí.
La especialista comenzó a mover el aparato lentamente.
Y entonces su expresión cambió.
Frunció ligeramente el ceño.
Después volvió a mirar.
Y otra vez.
Sentí que el miedo regresaba.
—¿Pasa algo malo?
Pregunté.
La mujer no respondió de inmediato.
Continuó observando la pantalla.
Después llamó al médico.
Mi corazón comenzó a acelerarse.
—¿Qué ocurre?
Pregunté nuevamente.
Nadie respondió.
Y eso me asustó todavía más.
El médico se acercó.
Observó la pantalla durante varios segundos.
Y entonces sonrió.
Una sonrisa enorme.
—Bueno...
esto no es algo que veamos todos los días.
Parpadeé confundida.
—¿Qué significa eso?
El médico volvió a mirar la pantalla.
—Significa que vas a necesitar mucha ayuda.
No entendía nada.
—Doctor, por favor...
me está asustando.
Él soltó una pequeña risa.
—No te preocupes.
Los bebés están bien.
¿Los bebés?
Mi corazón se detuvo.
—¿Los bebés?
Repetí.
El médico asintió.
—Sí.
Sentí que el aire desaparecía de mis pulmones.
—¿Qué quiere decir con bebés?
La especialista sonrió.
Y entonces señaló la pantalla.
—Porque no estás esperando un solo bebé.
Mi mente quedó en blanco.
—¿Qué?
—Tampoco son dos.
Ahora sí estaba segura de que iba a desmayarme.
—¿Qué?
Volví a repetir.
El médico sonrió nuevamente.
—Felicidades, Valeria.
Estás esperando trillizos.
Silencio.
Completo silencio.
Creo que incluso mi corazón dejó de funcionar durante unos segundos.
—¿Trillizos?
Susurré.
—Exactamente.
Tres bebés.
Tres.
Uno.
Dos.
Tres.
Mi cerebro era incapaz de procesarlo.
Había entrado al hospital pensando que tal vez tendría un hijo.
Y ahora me estaban diciendo que tendría tres.
Tres bebés.
Tres cunas.
Tres biberones.
Tres pequeños seres dependiendo completamente de mí.
Las lágrimas comenzaron a llenar mis ojos.
No sabía si lloraba de felicidad.
De miedo.
O de ambas cosas al mismo tiempo.
Lentamente llevé una mano a mi vientre.
Y por primera vez comprendí que mi vida acababa de cambiar para siempre.
Ya no estaba sola.
Nunca volvería a estar sola.
Porque dentro de mí crecían tres pequeños milagros.
Tres vidas.
Tres corazones.
Y aunque todavía no los conocía...
ya los amaba.
Lo que no sabía...
era que el destino todavía tenía preparada otra sorpresa.
Porque unas horas después, al salir del hospital con las ecografías en mis manos...
chocaría accidentalmente con un hombre.
Un hombre de ojos grises.
Un hombre al que jamás pensé volver a ver.
Y ese encuentro cambiaría nuestras vidas para siempre.
Continuará...