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Un Amor A Lo Mafia Italiana.

Un Amor A Lo Mafia Italiana.

Status: En proceso
Genre:Mafia / Apocalipsis
Popularitas:4.6k
Nilai: 5
nombre de autor: Ybet Renú

Yo solo iba a entregar flores a la iglesia de San Gennaro.
No sabía que el ramo escondía un micrófono.
Ni que el hombre que me sonrió desde el altar era el Capo de Nápoles.
Ni que esa sonrisa sería lo último inocente que vería en mi vida.

NovelToon tiene autorización de Ybet Renú para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Pólvora, limón y un "te quiero" que suena a amenaza.

No la sacó para pasear. La sacó para que viera.

Para que viera que todo esto —la tierra, las balas, — era suyo.

Y que anoche, delante de Sofia, delante de Sicilia, la había puesto a ella en medio.

—Sofia va a volver —dijo Vittoria. No era pregunta.

—Con su padre. Con Marco, creo que se llama. Con todos —Enzo se encogió de hombros—. Van a venir por ti. Porque ahora saben que eres mi punto débil.

Silencio.

Vittoria miró abajo. Al pueblo. A los limoneros. A la tina que él le llenó.

> Vittoria. ¿Y si no quiero ser tu punto débil? —preguntó.

Enzo espoleó a Diavolo, poniéndose a su altura. Tan cerca que sus rodillas casi se tocaban.

> Enzo. Entonces aprende a disparar —dijo. Y no era amenaza. Era promesa—. Porque no pienso dejar de ser tuyo, Vittoria.

Usó su nombre. Por primera vez.

No Caruzzo.

El la llamó Vittoria.

Y ella, con resaca, con miedo, y la bata de él había dejado su perfume oliendo en su piel, entendió que acababa de bajarse de un caballo para meterse en una guerra.

—Enséñame —dijo.

Enzo asintió. Una vez.

Y tiró de las riendas, volviendo a casa.

...Porque los Rinaldi no regalan flores.

Regalan balas.

Y caballos para llegar a tiempo a usarlas.

---

En la Villa él es Don. Aquí es Enzo. Un chico que aprendió a montar antes que a matar. Le enseña su tierra porque ya no puede sacarla de ella.

Enzo Rinaldi.

No dice "eres mía". Dice "soy tuyo". Le da el poder. Le confiesa que la resaca, Sofia, Marco... todo da igual. Él ya cayó.

La convertirá en una chica de balas y dejará de ser la chica de las flores.

No la va a encerrar para protegerla. La va a armar. Porque respeta la valentía que la muerte le dejó. No quiere una flor en una jaula. Quiere una socia que no tiemble completamente.

En el campo de tiro de la Villa.

Enzo detrás de ella, ajustándole la postura. Sus manos en su cintura. Su voz en su oído.

> Enzo. No cierres los ojos, Vittoria. Los Rinaldi no disparan con miedo.

Y cuando ella aprieta el gatillo y le da al centro...

Él no la felicita.

Solo dice: "Otra vez. Hasta que seas tú la que me cubra a mí."

Después de caballos, resacas y guerras a punto de estallar...

Les toca un respiro. Solo ellos dos. Sin Capos, sin Sofia, sin Sicilia mirando.

Solo un Lobo y su florista. Y por fin, las palabras.

Campo de tiro privado. Noche.

Solo la luna, el olor a pólvora y los limoneros que plantó ayer marcando el perímetro.

Vittoria disparó.

Falló. Otra vez.

>Vittoria. Mierda.

Dijo bajando el arma. Le dolían los brazos. Le dolía el orgullo. No sirvo para esto, Rinaldi.

Enzo estaba detrás, apoyado en un pilar. Sin traje. Sin armas. Solo él.

> Enzo. Nadie nace sabiendo matar, Vittoria —dijo. Su nombre otra vez. Ya no dolía. Quemaba—. Se aprende. Como a plantar.

Se acercó. Despacio. Esta vez no le ajustó la postura. Le quitó el arma de las manos y la dejó en la mesa.

—Suficiente por hoy —su voz era distinta. Sin filo. Sin orden—. Si los Greco vienen, me tendrán a mí.

—¿Y si vienen por mí cuando no estés? —Vittoria se giró, desafiante—. ¿Qué hago? ¿Les tiro limones?

Enzo no se rió. Dio un paso más. Quedaron a nada.

> Eno. Haces lo que hiciste en mi cumpleaños —dijo—. Te mantienes en pie. Con la cabeza alta. Con tierra en las manos.

La miró. De verdad. No como a una Caruzzo. No como a una debilidad. Como a la chica que le deseó feliz cumpleaños mientras vomitaba.

> Enzo. Yo no sé querer, Vittoria —soltó de golpe. Brutal. Honesto. Como todo en él—.

Los Rinaldi no queremos. Poseemos. Tomamos. Enterramos.

Levantó una mano. Le apartó un mechón de pelo de la cara. Le rozó la mejilla con los nudillos. Un gesto que para cualquier otro sería nada. Para Il Lupo era entregarle un reino.

—Pero contigo... —tragó, y el gesto le costó como una bala— contigo no quiero poseer. No quiero que seas mía porque te encerré.

Apoyó su frente contra la de ella. Respiraban el mismo aire. Pólvora y limón.

> Eno. Quiero que seas mía porque ayer te fuiste a dormir con mi bata y hoy te levantaste y volviste a bajar —susurró—. Porque me plantaste árboles sabiendo que quizá no estarías para verlos dar fruto. Porque le dijiste "signorina" a Sofia en mi mesa.

--Vittoria cerró los ojos. Le temblaban las piernas. No de miedo.

> Vittoria. Enzo... yo no soy de nadie —susurró de vuelta—. Enterré a toda mi familia, Rinaldi. No me queda nadie a quien pertenecer.

Él sonrió contra su piel. Triste. Real.

> Enzo. Bien —dijo—. Entonces no me pertenezcas.

Le agarró la cara con las dos manos. Obligándola a mirarlo.

> Enzo. Pertenece conmigo, Vittoria Caruzzo. Quédate. Planta tus putos limoneros. Grítame. Dispárame si hace falta. Pero quédate.

Hubo un silencio. Solo las cigarras y dos corazones que no deberían latir al mismo ritmo.

> Vittoria. Eso no suena a declaración de amor —dijo ella, con la voz rota—. Suena a declaración de guerra.

> Enzo. Es lo mismo —Enzo le rozó los labios con el pulgar. No la besó. Aún no—.

En mi mundo, es lo mismo.

Vittoria se puso de puntillas. No fue delicada. No fue florista. Fue Caruzzo. Fue suya.

Lo agarró de la camisa y tiró de él.

> Vittoria. Entonces guerra —dijo contra su boca. Pero si vamos a morir, Rinaldi, que sea después de probar los limones.

Y lo besó.

No fue dulce. Fue hambre. Fue dos meses de miradas y vasos rotos y tinas con limón.

Fue un Capo dejando de ser Lobo por un segundo. Fue una florista dejando de tener miedo a las espinas.

Cuando se separaron, Enzo la abrazó. Entero. Como si pudiera meterla dentro del pecho y ahí sí protegerla de Sofia, de Marco, de Sicilia entera.

> Enzo. No te voy a prometer que no te hagan daño —dijo contra su pecho —. Sería mentirte. Y a ti no te miento.

> Vittoria. Lo sé.

Vittoria se aferró a su espalda—. Solo prométeme que si me caigo, me levantas.

Enzo la cargó en brazos. Como la noche anterior. Pero esta vez ella le rodeó el cuello sin protestar.

> Enzo. Te levanto, Vittoria —prometió, caminando hacia la casa—. Y si no puedo, me siento en la tierra contigo.

> Enzo. Porque los Rinaldi no dicen "te amo".

Dicen "quédate".

Dicen "dispara conmigo".

Dicen tu nombre como si fuera una oración.

Y eso, en su mundo, vale más que mil te quiero.

No hay "te amo"

Il Lupo no sabe decirlo. Dice "pertenece conmigo". Dice "quédate". Dice "me siento en la tierra contigo". Es más bruto. Más real. Más él.

Vittoria Caruzzo. No dice "sí". Dice "entonces guerra". Acepta el caos. Acepta que amarlo es peligroso. Y lo elige igual. Eso es poder.

Sin sexo, pura intimidad.

El beso llega después de la verdad. Después de vomitar, después de disparar mal, después de oler a limón. Eso lo hace eterno, los limones como promesa

"Que sea después de probar los limones", Pidiendo futuro. Dame años. Dame algo por lo que valga la pena pelear. Y él acepta.

Esa noche durmieron en su cama. La cama de Enzo

Por primera vez en años, Enzo Rinaldi no durmió con un arma bajo la almohada.

Durmió con la mano de una Caruzzo en el pecho, tapándole la cicatriz.

Y soñó con limoneros.

Ahora sí. Que vengan Sofia, Marco, y Sicilia entera.

Il Lupo ya no pelea solo.

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Emely Rumion
más suspenso así no bustarme uno queda cn ganas de mad
Veronica Albarracin
Muy buena tu novela autora empese a leerla y no e parado 👏👏👏👏👏👏🇺🇾🌺
Emely Rumion
está buena la cosa. pero le falta cm más acción autora pero muy buena 🥰
Tere Jimenez
gracias por compartir tu novela
Ybet Renú.
🥰🥰🥰
Mis queridos lectores les traigo un nueva novela, donde el amor pasa por muchos estados, y la mafia siempre quiere imponer, les agradezco de antemano, sus me gusta, sus regalos, sus comentarios, que otra mi es importante. 🥰
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