Una epidemia mortífera provocada por un fármaco que corrompió la sangre humana, extermina por completo a todos los vampiros del mundo. Tan solo sobrevive una mujer, Claudia Dumitrache, debido a que ella fue engendrada antes que estallara la fatídica pandemia. Claudia descubrirá que es una mujer vampiro por sus incontrolables deseos de beber sangre y hacer el amor sin contenerse. Así se inicia toda suerte de riesgos, aventuras, romances y peligros para Claudia en su afán de encontrar a otros vampiros, como ella, recuperar el abolengo y ser feliz con los suyos. Claudia, en efecto, buscará prolongar la estirpe y a la especie engendrando otros vampiros, empero debido a la sangre corrompida de los humanos, ya no surtirá efecto, no solo en sus deseos de embarazarse ni tampoco habrá transformación al morderles el cuello y beberle la sangre a sus víctimas. Claudia es capitana de policía y deberá evitar ser descubierta aunque su naturaleza de mujer vampiro la hará buscar, en forma vehemente y febril, la sangre humana por la ciudad, provocando todo tipo de situaciones y enredos que harán las delicias de los lectores. Claudia buscará igualmente el verdadero amor y en esos afanes, conocerá a muchas personas tratando de hallar la felicidad.
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Capítulo 20
En la casa de Peralt encontré mucha información valiosa sobre lo que realmente era ese tipo, qué es lo que quería conmigo, por qué se hacía pasar por periodista y que en efecto era un cazador de vampiros que quería atraparme y hundirme una estaca en el corazón.
Comprobé también que existía una cofradía de cazadores de vampiros que estaba arraigada en Europa y que se dedicaba a perseguirnos con la intención de exterminarnos. El tipo ese había vivido muchos años en Bulgaria y se contactó con un sujeto, Dimitar Yakimov, que era el líder de ese culto satánico. La secta en realidad era hereditaria y venía de siglos atrás. Los parientes de Yakimov habían dirigido siempre ese grupo de exterminio de vampiros. Esos sujetos nos odiaban mucho y se habían propuesto exterminarnos y desaparecernos de la faz de la Tierra. La guerra entre ellos y nosotros fue prolongada, cruel, ruin y miserable en ambos bandos. Los vampiros hacían jirones y trizas a los cazadores y ellos se vengaban matándonos cruelmente.
Fue entonces que la pandemia provocada por los fármacos sintéticos exterminó a los vampiros y eso significó también una terrible catástrofe para la cofradía porque a ellos les apasionaba la guerra contra nosotros. Ya no tenían qué perseguir ni matar. Ya no quedaban vampiros en el mundo.
Pese a la extinción de los vampiros, la cofradía existía aún y se alimentaba de esperanzas de que podamos resurgir y poblar nuevamente el planeta, sin embargo la pandemia había sido tan contundente que tan solo quedaba yo de mi estirpe. Nací después de la pandemia cuando estaba siendo engendrada por mi madre.
-¿Peralt sabe, entonces, que yo existo?-, me rasqué los pelos desconcertada. No podría saberlo a menos que hablara con ese sujeto que me perseguía y que ahora roncaba como un paquidermo en su dormitorio.
Tampoco podía detenerlo y llevarlo a la comandancia para interrogarlo porque Peralt podría afirmar que yo era una mujer vampiro y entonces todo mi mundo se vendría abajo. ¿Se imaginan? Yo sería la portada en todos los diarios de edición impresa, en la televisión y en los portales de internet, me perseguirían como un bicho raro, me encerrarían en un manicomio, quizás en un zoológico y me expongan ante el resto del universo como un fenómeno, mi madre vería derrumbarse su corporación y Tatiana se hundiría en la depresión. Yo no me casaría jamás ni tendría hijos y pasaría el resto de mis días metida en un sanatorio o un zoo o posiblemente desterrada en una isla solitaria, alimentándome de coco y de la sangre de avechuchos escuálidos. Tampoco podía matar a Peralt. Yo no soy una asesina.
Asustada por todas esas posibilidades en torno a mi futuro, decidí irme de la casa, de la misma forma como había entrado, o sea por una pequeña rendija, sin hacer bulla, escondiéndome entre los plásticos y las tablas amontonadas en la azotea.
Peralt se levantó y vio las luces del desván encendidas. Sonrió malévolo. -La mujer vampiro-, adivinó de inmediato.
Debí enfrentar a Peralt pero tuve miedo y ahora no sabía qué hacer porque además me atemorizaba la cofradía de Yakimov. Esos tipos, ya les digo eran crueles, déspotas, malvados y odiaban a los vampiros.
Mi amiga Marcia se dio cuenta de que estaba sumida en la preocupación después de la práctica de karate en el club "Patada letal". -¿Por qué tan desconcertada, Claudia? ¿Acaso te plantaron?-, me preguntó irónica cuando nos sentamos en el piso agotadas y sudorosas, tomando abundante agua mineral.
-Problemillas en al comandancia-, le mentí. No quería delatarme que los caza vampiros estaban tras mis pasos.
-Los hombres, son un gran problema, pues, amiga-, quiso adivinar Marcia.
-Algo así-, recién le fui sincera. Ese tema de los hombres también era algo que me tenía en la inercia, extraviada en el limbo, deseando ir a la cama con alguien y quedar embarazada.
-Ya te he dicho que te enamoras muy fácil-, pensó Marcia en nuevo galán por el que estaban alteradas mis hormonas.
No quise responderle. Justo Fausto, el enamorado de ella, se nos acercó también cansado y muy golpeado. Se había caído mil veces a la tarima porque ya les dije, es un chico bastante torpe y atolondrado y no sabe coordinar sus movimientos.
-¿Hablando de romances, chicas?-, besó él en la boca de Marcia. Mis fuegos se alzaron de pronto en mis entrañas. Ya saben que Fausto me gustaba mucho y quería hincarle los colmillos en su cuello. Me fascina su enorme pescuezo, je je je. Se me hace agua la boca.
-Claudia está otra vez enamorada-, me fastidió Marcia.
-Deberías salir con Willy, él te solucionaría todas tus angustias en un santiamén ja ja ja-, hizo una broma muy estúpida Fausto, de que yo estuviera necesitada de amor (que era cierto). Willy era el mejor amigo de Fausto, un borrachín empedernido y que fuma demasiado y gusta de las mujerzuelas. ¡¡¡Yo lo detestaba!!!
-Estoy saliendo con el capitán Richards-, volví a mentir porque no me gusta ser la comidilla entre mis amigos. Me disculpé y me fui a duchar. Marcia y Fausto se quedaron cuchicheando, seguramente diciendo que yo era una mentirosa, lo que era cierto también, je je je.
Mi vida sentimental seguía en pleno naufragio sin saber realmente qué es lo que deseaba para mi futuro romántico y lo peor era que ahora estaba siendo perseguida por caza vampiros.