Un compromiso a ciegas, muchos secretos y mentiras, que harán de la vida de Sophie un caos. Mientras que Sophie busca la felicidad y lucha por su libertad, no todos están de acuerdo con eso.
Sin nadie en quien confiar, saliendo de un infierno y entrando a otro, sin esperanzas de escapar de ese demonio que la persigue, ¿Qué futuro le puede esperar? ¿En quién podrá confiar ahora? ¿Será que Sophie pueda encontrar la verdadera felicidad?
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11
—Estoy consciente de que acabas de atravesar una situación muy lamentable y traumante, pero el morir no es una solución y jamás lo será. La razón por la cual me cuesta mirarte no es porque me disguste hacerlo, es que sé que debo traerte malos recuerdos, y más al ser hermano de la persona que te hizo esto. Escucha, voy a ayudarte a que te recuperes, así que te pido que no pienses en mí como el hermano de Damián, piensa en mí como un apoyo y amigo. Quiero también aprovechar el momento para disculparme por lo te hice antes. Me dejé llevar por mis impulsos la noche que nos conocimos, y debido a eso, también debes sentirte incómoda estando conmigo. No voy a tratar de molestarte más, ¿De acuerdo? — me extendió su mano y me miró fijamente. Aún sentía un poco de desconfianza, pero sus palabras se escucharon algo sinceras.
Miré su mano y luego de unos instantes, me vi en la obligación de extenderle la mía y darnos un apretón de manos.
—Gracias. De ahora en adelante me tendrás a mi. Sabes que puedes contarme todo lo que suceda, lo que sientas, y lo que desees. ¿Entendido? — asentí con mi cabeza, y él sonrió—. Bien, aquí te había traído unas frutas. No sé cuál sea tu preferida, pero necesito que tengas una dieta alta en fibra. Por lo tanto, todas las frutas que traje fueron escogidas especialmente para ti— caminó hacia la mesa de noche, donde había un florero con varios girasoles y una canasta de frutas. Luego de abrirla escogió una manzana roja y buscó en su pantalón hasta sacar una navaja. Me invadió un temblor y escalofríos por todo el cuerpo, al recordar cuando Damián acercó el filo de ella y sentí la frialdad directamente en mi ****.
Traté de levantarme y por el desespero, casi me caigo de la ****, pero Heydri me sujetó.
—¿Qué tienes? No puedes levantarte así. Aún debes estar mareada y tus piernas deben estar dormidas, puedes caerte— al ver que la navaja aún continuaba en su mano, quise empujarlo, y forcejear para lograr levantarme. Quería salir de ahí. Estaba casi convencido de que ese hombre lo envió aquí a matarme.
—¡Aleja eso de mi, por favor!— cerré los ojos del pánico, y escuché cuando la tiró.
—No sabía que él había...— hizo una pausa—, lo siento. Perdona mi descuido. Esto no volverá a ocurrir, lo prometo. No iba a hacerte nada con ella, solo quería cortar la manzana para que pudieras comerla. Puedes estar tranquila, no voy a hacerte nada malo— lo miré con desconfianza, y se me quedó viendo por unos instantes y desvió la mirada—. Iré a preparar el baño y así puedes relajarte, mientras que voy a la cocina y te traigo varias frutas ya cortadas. Debes alimentarte bien para que ganes algo de peso y también te recuperes pronto, ¿Está bien?
Me ayudó a levantar y a mantenerme de pie. Mis piernas estaban adormecidas y con calambre, pero logré caminar despacio y con su ayuda al baño. Llenó la tina con agua caliente y echó algunas plantas que ya estaban colocadas cerca de la tina, más varios líquidos extraños. El agua se veía extraña, pero un olor agradable y relajante emergía de ella.
—Esto te ayudará a recuperarte también. Debes quedarte por lo menos quince minutos en ella. Sentirás mucha mejoría, créeme.
—Gracias— bajé la cabeza.
—De nada. Te dejaré sola para que tengas privacidad. No sé si esta ropa te quede, pero de no hacerlo, enviaré a alguien para que compre ropa de tu talla. Puedes avisarme cualquier cosa, estaré pendiente. Ah, y algo muy importante, ten cuidado con el suero que no vayas a removerlo sin querer— salió del baño, y suspiré.
Me acerqué al espejo y acaricié mi mejilla. Esos labios que siempre habían tenido color o brillo, lo habían perdido. Mis ojos se veían rojos, mi pelo estaba despeinado, lucía irreconocible delante del espejo; no podía reconocerme a mí misma. Este despreciable y asqueroso cuerpo, se ha vuelto una maldición. Tanto que me dijeron que teniendo un cuerpo de ensueño como este y bien cuidado, me traería la felicidad y todo fue una vil mentira. Fui un idiota que creyó en esas estúpidas y ridículas palabras. ¿Qué felicidad me puede traer un sucio cuerpo como este? Me sentía incompleto, roto, vacío, y muy solo. En realidad, ¿Qué fue lo que hice para merecer esto? ¿Acaso anhelar encontrar la felicidad, es un pecado? Yo no quería mentirle a nadie, no deseaba ser lastimado de esta manera, ni ser abandonado a mi suerte, yo solo tenía ese deseo egoísta de ser libre; de conocer la felicidad que mi madre me juró que tendría luego del cambio y de mi matrimonio. ¿Acaso fue mucho pedir?
Miré el envase de cristal y lo tiré contra el suelo. Caminé encima de ellos, pero no podía sentir más dolor, que el que se concentraba en mi pecho, haciendo que a su vez, un nudo apareciera en mi garganta. Traté de sonreír frente al espejo, esperando que al menos una falsa sonrisa pudiera llenar ese vacío que en mi corazón sentía, pero ni siquiera esa horrorosa sonrisa podía hacerlo. Me tiré de rodillas en el suelo y sujeté un pedazo de vidrio en mis manos. Lo observé como si fuera la última y única esperanza de poder ser libre. Lo acerqué a mi muñeca, pero mis manos estaban temblorosas. Solo necesitaba tener la valentía y sacar fuerzas de donde nunca las he tenido, para hacer algo bien por primera vez en mi vida. Yo no quiero estar más aquí.
Bajo el trance que me encontraba, no logré escuchar cuando la puerta se abrió, pero sentí unos cálidos brazos alrededor de mi cuerpo. Mi mano había sido sujetada por Heydri, evitando que pudiera llegar más allá.
—¡Está no es una solución, Sophie! No te hagas más daño a ti misma, por favor. Escucha, vamos a salir de esta, ¿De acuerdo? Es normal que no quieras confiar en nadie, que te sientas sola, devastada, destruida, pero quiero que sepas que cuentas conmigo. Yo no te dejaré sola, pero te pido que no vuelvas a intentar algo así, por favor— presionó mi cabeza contra su pecho, y pude escuchar su corazón latiendo apresuradamente. ¿Acaso él está asustado?
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