Yuri Romanov está acostumbrado a defender su libertad a toda costa Sin embargo, una trampa legal lo acorrala y lo obliga a tomar la única salida posible mudarse al penthouse de Dmitry Sokolov, el magnate más frío, metódico e implacable del mundo corporativo dmitry no tolera el desorden y pretende controlar cada segundo de la vida de Yuri bajo un contrato con reglas estrictas lo que no sabe es que Yuri no piensa ceder sin luchar entre provocaciones, miradas cargadas de tensión y un choque de egos imparable, la convivencia forzada amenaza con cruzar una línea de la que ninguno podrá regresar
Nota para el lector: Esta obra contiene una relación de rivales a amantes (enemies to lovers) con dinámicas de poder estrictas, choque de personalidades y desacuerdos constantes antes de llegar al desarrollo afectivo si disfrutas de las historias con alta tensión, sarcasmo y secretos por descubrir, ¡bienvenido a Bajo las Reglas!
18+, ⚠️No denunciar. espero les guste 💝
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Líneas cruzadas
El sonido estridente de una alarma despertó a Yuri a las cinco y media de la mañana
Se cubrió el rostro con la almohada, soltando un gemido de frustración el colchón de la habitación de huéspedes era demasiado firme, el edredón olía a tintorería cara y el silencio del Penthouse continuaba resultando aplastante
Se levantó a regañadientes, vistió unos pantalones negros holgados, una sudadera gris desgastada y caminó descalzo hacia la cocina
Para su sorpresa, Dmitri ya estaba allí
Se encontraba de pie frente a la cafetera integrada en la pared, vistiendo pantalones de vestir impecables y una camisa blanca con las mangas enrolladas hasta los antebrazos
Sobre la barra de mármol reposaban su tableta corporativa, un periódico impreso en inglés y un espresso humeante Yuri se detuvo en el umbral, apoyando el hombro contra el marco de la puerta
—¿Siempre te despiertas antes de que salga el sol o solo es para vigilar que no me robe los cubiertos de plata?—preguntó Yuri, arrastrando las palabras con somnolencia
Dmitri ni siquiera se giró para mirarlo
Tomó un sorbo de su café con parsimonia antes de responder —Se llama disciplina, Romanov
Una cualidad de la que evidentemente careces
—dijo Dmitri con tono seco—Veo que tu desorden sigue en la barra
Yuri dirigió la vista hacia la isla de la cocina
El cuaderno de bocetos, los lápices desparramados y la taza sucia de la noche anterior seguían exactamente donde los había dejado
—Te dije que no soy tu empleado no voy a salir corriendo a limpiar solo porque le tengas fobia al desorden
Dmitri dejó la taza sobre el plato de porcelana con un chasquido metálico se giró despacio, fijando sus ojos oscuros en Yuri
—No se trata de fobia se trata de respeto por el espacio ajeno —expresó Dmitri, avanzando dos pasos hacia él —Firmaste un contrato donde te comprometes a cumplir las normas de esta casa tu falta de cooperación solo demuestra inmadurez
—¿Inmadurez? —Yuri soltó una carcajada amarga y dio un paso al frente, acortando la distancia
—Inmadurez es redactar diez páginas de reglas absurdas porque no puedes soportar que alguien no viva bajo tu control absoluto me obligaste a venir aquí con tus artimañas legales, Sokolov
No pidas que encima esté feliz de complacerte
Dmitry lo observó en silencio durante un par de segundos su rostro era una máscara impenetrable, pero la vena que palpitaba sutilmente en su cuello delataba que la actitud de Yuri lograba alterarlo —Tus emociones me tienen sin cuidado, Romanov —sentenció Dmitry—Si no limpias la barra antes de que el chofer llegue a las seis y media, Borís tirará todo a la basura Incluidos tus dibujos
—Prueba a tocar mis cuadernos y te juro que...
—¿Que qué?—interrumpió Dmitry, bajando la voz hasta convertirla en un murmullo peligroso
—¿Vas a romper otra regla? ¿Vas a irte? Adelante
La puerta está abierta sabes perfectamente lo que le pasará al taller de tu familia si rompes la cláusula de permanencia
Yuri apretó los dientes con tal fuerza que le dolió la mandíbula quería golpearlo quería borrale esa expresión calculadora de un puñetazo, pero sabía que Dmitry tenía la sartén por el mango Cada palabra del ejecutivo era una recordatorio cruel de por qué estaba atrapado en esa jaula de cristal
—Eres un miserable —siseó Yuri, clavándole la mirada
—Soy un hombre de negocios—corrigió Dmitry de inmediato—Y sugiero que empieces a recoger
Te quedan cuarenta minutos
Dmitry tomó su tableta, le dio un último trago a su espresso y caminó hacia el pasillo sin dedicarle una sola mirada más
Yuri se quedó solo en la cocina, respirando agitadamente miró sus bocetos sobre la barra y luego la figura de Dmitry alejándose Guardó sus cosas a trompicones, maldiciendo en voz baja cada letra del apellido Sokolov
A las ocho de la mañana, la casa volvió a quedar en completo silencio Dmitry se había ido a la oficina y Yuri se encontraba solo en el enorme penthouse Caminó por el pasillo central, explorando las puertas cerradas con cierta curiosidad rebelde se detuvo frente al estudio principal de Dmitry La puerta de madera oscura estaba entreabierta apenas un par de centímetros Yuri empujó la madera con la yema del dedo y echó un vistazo al interior
El despacho era monumental muebles de caoba, libreros que llegaban hasta el techo llenos de tomos de derecho y finanzas, y un escritorio de cristal con tres monitores encendidos sin embargo, lo que llamó la atención de Yuri no fue el lujo, sino el desorden que había sobre la mesa de trabajo decenas de carpetas rojas abiertas, documentos marcados en fluorescente y un frasco de pastillas para el dolor de cabeza destapado junto a una botella de agua a medio consumir
—Así que el gran Dmitry Sokolov tampoco es tan perfecto —murmuró Yuri para sí mismo, cruzando el umbral
Se acercó al escritorio y echó un vistazo a los documentos eran informes financieros de la reestructuración de la empresa familiar de Yuri mientras leía las cifras y los análisis de riesgo redactados de puño y letra por Dmitry, se dio cuenta de algo que no había notado antes Dmitry había pasado horas trabajando en la viabilidad del proyecto, buscando formas de salvar la empresa de la quiebra que ni los propios abogados de Yuri habían considerado el descubrimiento le cayó como un balde de agua fría ¿Por qué un hombre tan frío y calculador se tomaría la molestia de revisar cada detalle técnico en lugar de simplemente embargar los bienes?
Antes de que pudiera procesar la información, el sonido de la puerta principal abriéndose lo hizo dar un brinco Yuri salió apresuradamente del estudio, pero no fue lo suficientemente rápido
En el pasillo se topó de frente con Dmitry, quien había olvidado unos documentos para su reunión de las nueve Dmitry se detuvo al verlo salir de su despacho mirada se volvió helada al instante
—¿Qué hacías en mi estudio?—preguntó Dmitry, con un tono amenazante
—Yo... solo estaba mirando—respondió Yuri, tratando de mantener la postura erguida, aunque su pulso se había acelerado
—Regla número cuatro: prohibido el ingreso a las áreas de trabajo privadas sin autorización expresa—recitó Dmitry, dando pasos lentos y pesados hacia él — Te lo advertí anoche, Romanov no voy a tolerar invasiones a mi privacidad
—La puerta estaba abierta—se justificó Yuri, alzando el mentón—además, vi los papeles sobre mi taller ¿Por qué estás revisando las cuentas tú mismo?
Dmitry se detuvo a pocos centímetros de él
La cercanía entre ambos volvió a encender la chispa de tensión que parecía flotar constantemente en el aire cuando estaban en la misma habitación
—Eso no es de tu incumbencia —respondió Dmitry con voz seca—Mi trabajo es asegurar que la inversión no sea un desperdicio tu trabajo es no estorbar
—¿No es de mi incumbencia?¡es la empresa de mi familia!—exclamó Yuri, perdiendo la paciencia—No entiendo qué pretendes, Sokolov un minuto me tratas como si fuera una molestia y al siguiente estás trabajando hasta tarde para rescatar el taller
Dmitry inclinó levemente la cabeza, observando el tono carmesí que subía por el cuello de Yuri debido al enojo
...—Hago mi trabajo para proteger mi capital, no para hacerte un favor—dijo Dmitry con frialdad y —si vuelves a poner un pie dentro de mi oficina sin mi permiso, cambiaré la cerradura de tu habitación y te confinaré a las áreas comunes bajo supervisión de Borís ...
...¿Quedó claro?...
Yuri apretó las manos en puños a los costados de su cuerpo la prepotencia de Dmitry lo volvía loco, pero la proximidad entre ambos, el olor a perfume amaderado de Dmitry y la intensidad de sus ojos oscuros hicieron que un escalofrío extraño le recorriera la espalda
—Quedó claro—susurró Yuri, sosteniendo la mirada con firmeza—Pero esto no se ha acabado, Dmitry
—Para mí nunca empezó —contestó Dmitry, dándole la espalda para entrar al despacho y tomar las carpetas rojas
Salió del apartamento tres minutos después, dejando a Yuri con el corazón latiendo a mil por hora en medio del pasillo la convivencia apenas comenzaba, y el límite entre el odio y la obsesión empezaba a volverse dangerously difuso