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Susanne confió en quien no debía, lo entregó todo y descubrió muy tarde que un falso juramento puede llevarte al infierno.
Sin nada más que perder, que una vida que la axficia, tomará un camino de venganza lento y hasta humillante, pero si quiere ver a su enemigo caer de la cima al fango, ella tendrá que meterse hasta en su cama, con una nueva identidad y destruir lo que ese hombre atesora
Lo que Susanne no sabe es que en medio de su venganza, su corazón vuelva a amar y que eso pueda ser más peligroso que cumplir con su venganza.
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2. Engaño consumado
Aquella noche, el conde y sus hijas salieron a un banquete organizado por un Lord vecino, supuestamente August había partido antes, pero cuando nadie de la familia noble estaba en casa, él regresó y entró por la puerta de la cocina; buscando por fin obtener lo que tanto deseaba; sin importarle la juventud e inocencia de la muchacha, y que con lo que iba hacer le iba a destruir la vida; en un mundo que a la mujer se le exigía la pureza absoluta y al hombre se le permitía absolutamente todo.
Susanne se estaba dirigiendo al cuarto de la servidumbre. Era la única criada que permanecía en la casa, pues las demás habían sido enviadas a ayudar en el banquete. De pronto sintió unos brazos rodeándola por la espalda, se sobresaltó y estuvo a punto de gritar.
- "Soy yo", susurró August en el oído; ella no pudo evitar estremecerse.
- "August, creí que estabas en el banquete", dijo Susanne tratando de recomponerse.
- "Estaba yendo, pero no podía dejar de pensar en ti, se iba a sentir tan vacío sin tu sonrisa, sin tenerte a mi lado para contemplarte, eres la mujer más hermosa del mundo", comentó August, acariciando la mejilla de Susanne.
Ella se sonrojó, y sonrió tímidamente, mientras una corriente de electricidad, le recorrió el cuerpo, cuando él le dio un beso inesperado, y la acercó hacia él de un solo movimiento.
- "Te amo tanto, que me cuesta respirar si no te tengo cerca; solo quiero saber si me amas tanto como yo", dijo August, levantando su mentón para que no pueda evitar que observe, mientras le mostraba una mirada de supuesto enamoramiento.
- "Es que August, no estamos casa...", comentó Susanne.
- "Pero juramos amarnos en la iglesia, delante del crucifijo, es como si estuviéramos casados, solo que aún nadie lo sabe", interrumpió August.
- "Yo te amo, de verdad, solo que... Tengo miedo, debemos casarnos", dijo Susanne.
- "¿En verdad me amas?, cuando hable con mi padre para casarnos de seguro me va a desheredar y perderé toda mi posición, pero no me importa, porque te amo a ti; pero tú parece.que no me amas, porque me niegas la más grande demostración de amor que puedas darme, siendo completamente mía", expresó August con cara de tristeza y decepción.
Susanne estaba ya profundamente enamorada. Las palabras de August, su tono herido y sus gestos de aparente sacrificio la llenaron de culpa y confusión, haciéndola sentir egoísta e injusta, como si fuera ella quien estuviera fallándole.
Aún no estando muy segura, Susanne terminó en la habitación de August, él la notó bastante nerviosa y no quería que se arrepintiera, así que la acercó a la ventana, para que viera la luna.
- "Te aseguro, te juro ante la luna que es mi mayor testigo de todo el amor que tengo por ti, porque ha sido mi confidente de que no hay noche que no piense en ti, mi dulce Susanne", dijo August con estudiada ternura.
Susanne sonrió y se perdió en la mirada de August, No podía saber los pensamientos de ese hombre, que la habla envuelto perfectamente en su engaño.
August tomó el rostro de Susanne con sus manos y usó uno de sus dedos para acariciar los rosados labios de la joven, ella lo quedó mirando, las sensaciones que provocaban en ella las acciones de él eran todas nuevas, de pronto él la acerca con un solo movimiento, quedando sus cuerpos pegados el uno al otro.
- “Eres muy hermosa, y tu cabello rojo me enloquece”, dijo August con las únicas palabras sinceras que salieron de su boca, para luego besarla apasionadamente, y desataba las cintas del vestido.
El corazón de Susanne parecía latir a toda velocidad, aunque se sentía algo avergonzada, se dejaba llevar por el hombre que amaba, y parecía disfrutar todo lo que estaba sintiendo en ese momento, el vestido cayó al suelo y él la hacía retroceder hasta la cama, mientras seguía acariciando el cuerpo de la joven, ella trataba de responder también con caricias, aunque algo torpe por su inexperiencia.
Susanne aunque nerviosa había estado disfrutando las caricias y besos que estaba recibiendo su cuerpo virgen; él sabía que ella se estaba entregando con amor, entre algunos gemidos que se le escapaban.
Había ternura en la entrega de Susanne y una fe absoluta en los juramentos que había escuchado. Incluso cuando el dolor inicial la sorprendió, logró aferrarse a la idea de que aquel sacrificio era una prueba de amor.
Cuando todo terminó, August besó su frente con un gesto casi distraído. No dijo palabra. Y fue entonces cuando Susanne, aún tendida junto a él, percibió algo que no supo nombrar, por primera vez, él la miraba de un modo distinto; algo que ella aún no sabía,y qué él ya había alcanzado lograr que era el deseo satisfecho y la ausencia de necesitar seguir fingiendo amor.
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