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Conoce más de ellos en el primer libro. Titulado: La esposa del duque.
Tras la muerte de Karelin, el emperador Will se convirtió en un hombre deseado.
Tras pasar un tiempo prudente, la corte solicitó nuevamente que el emperador contrajera matrimonio. Un emperador no debe gobernar solo, por lo tanto deberá contraer nupcias.
Pero eso no es todo. Tras una aventura con la duquesa Eliza, Will comenzó a sentir algo por ella, pero "por el que dirán" decidieron alejarse. Pero su atracción no terminó; tras la muerte de Karelin, Will y Eliza se volvieron a unir, pero esta vez el hijo de Eliza no acepta esa relación. Por amor a su hijo Eliza decide ponerle fin.
¿Podrán estar juntos o simplemente tendrán encuentros? ¿El emperador elegirá a la dama correcta para casarse? ¿Qué hará Eliza? ¿Reconocerá sus sentimientos o simplemente dejara ir a Will para siempre?
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Capítulo 1 Encuentro
Once meses después de la muerte de Karelin
Will
Estoy más que furioso. Ayer fue la presentación de mi nieto y era inevitable ver a Eliza. Se veía hermosa con ese vestido verde esmeralda; lucía un escote bastante provocador. Me la comía con los ojos, la deseaba, la necesitaba, así que planeé buscarla esa noche, pero para mi desgracia... la muy cobarde se fue. Sabía que la iba a buscar, así que se fue. Frustrado, me fui a dormir y, al despertar, lo primero que hice fue regresar.
Eliza ya dejó todo claro y sé que la última vez que nos acostamos lo dijo, pero yo deseo tenerla a mi lado. Ella realmente me gusta; la condenada me tiene mal. Paso la tarde pensando en ella y sintiéndome solo, así que tomo mis cosas y, decidido a buscarla, salgo de mi palacio y le pido al chofer de mi carruaje que me lleve a la casa de la duquesa.
Al llegar, me bajo y toco la puerta con sumo desespero. Estoy enojado, con ganas y frustrado. Vuelvo a tocar con fuerza.
—¡Pero quién toca así! —habla fuerte la voz de la servidumbre.
Al poco tiempo abren la puerta.
—¡Eliza, busco a Eliza! —hablo sin preámbulos.
—¡La duquesa no se encuentra y...! —No termina de hablar cuando escucho esa bella voz.
—¡Rosita! ¿Quién toca de esa mane...? —No termina la frase cuando me observa.
—¡Conque no estaba! —le hablo a la servidumbre.
—¿Qué desea, emperador? —Me habla como si nunca nos hubiéramos acostado.
—¡No me hables como si no me conocieras! —respondo cruzándome de brazos.
—¡Rosita, prepárame un té y súbelo a mi despacho cuando toque la campana!
—¡Como ordene, duquesa! —responde la empleada y se marcha.
—¡No puedes venir a mi casa y tocar como loco! —habla Eliza.
—¡Y tú no puedes estar huyendo de mí todo el tiempo! Aparte, ¿por qué haces que mientan tus empleados?
Se pone roja rápidamente.
—¡Porque nadie sabe lo que pasó entre nosotros y dije que, por ser el padre de mi nuera, querías hablar temas políticos! —Se encoge de hombros.
—¡Sí, porque sabes que podemos hablar de todo, menos de temas políticos!
—Pero en fin, ¿qué quieres?
—¡Te deseo, Eliza!
Se queda de piedra.
—¡Solo fue un acostón!
—¡No fue solo eso, fueron demasiados, diría yo, y estoy seguro de que te gustaron!
Ella se pone roja nuevamente.
—¡Solo caímos y ya, así que puedes irte!
—¿Es por Ciro, cierto?
Respira profundo.
—¡Will, tú y yo no podemos estar juntos! Y aparte, ni yo siento nada por ti, ni tú sientes nada por mí.
Golpe bajo, porque yo...
—¡No sientes nada, pero sí que te gusta cómo te hago gritar mi nombre! —digo sujetándola de la cintura—. Llevo meses sin volver a tocarte, déjame entrar en ti.
Un jadeo sale de sus labios.
—¡Will!
No dejo que termine de hablar cuando me apodero de sus labios. Cierro la puerta y sé dónde queda su despacho. La cargo entre mis brazos y me la llevo hasta allí, subiendo las gradas sin dejar de besarla. Ingresamos y cierro la puerta.
—¿Lo has hecho sobre una mesa?
—¡Will, no podemos y...!
—¡Te dejaste traer hasta acá, no me digas que no me deseas!
Me apodero de sus labios nuevamente y le arranco el vestido; prácticamente se lo rasgué del hombro. Un jadeo sale de sus labios mientras beso, lamo y muerdo su cuello. Destrozo el vestido y libero sus senos, los cuales presiono y lamo.
—¡Oh, Will! —habla Eliza con la cabeza hacia atrás.
—¿Dime Eliza, quieres que baje? —pregunto bajando lentamente mi mano.
—¡Ahh! —jadea.
—¡Dime! ¿Quieres?
—¡Sí! —habla agitada.
Sonrió con total descaro, me desea tanto como yo a ella. Otro día será que vayamos lento, ahora mismo estoy desesperado.
Me coloco entre sus piernas, lamiendo y succionando su botón rosa. Está a la deriva y lo puedo sentir. Beso sus piernas, me despojo de mi ropa y la beso con frenesí. Sujeto mi hombría y la paseo por su entrada.
—¡Ambos nos necesitamos! —digo besándola y hundiéndome de una sola estocada.
—¡Ahhh! ¡Will, más!
—¡Así! —le hablo mientras voy más rápido.
—¡Sí, así! —responde con el rostro rojo.
La abrazo y ella rodea sus piernas en mi cintura; yo me dedico a contemplarla. Nuestras miradas se encuentran y ninguno de los dos es capaz de apartarla.
—¡Eliza, eres muy hermosa!
La beso y ella me recibe gustosa, me aprisiona más a ella. Voy más rápido y sujeto su cintura; observo cómo brincan sus hermosos y firmes senos. Aún están redondos.
—¡Lo haré adentro! —le informo y ella simplemente asiente.
—¡Tomaré el té!
Beso sus labios nuevamente y aumento el ritmo más y más. La observo. Marco su cuerpo para que no olvide lo que acabamos de hacer; que mañana, cuando se levante, vea mis mordidas y no me olvide, porque ya sé cuál será su reacción después de esto.
—¡Mía, mía aunque no lo aceptes! —le digo aumentando el ritmo y siento cómo ella me aprisiona; me abraza fuerte mientras termina.
Me separo un poco, succiono sus senos y los vuelvo a marcar. Doy dos movimientos certeros y termino dentro. Nuestras frentes se unen; beso sus labios y sujeto su barbilla.
—¡Eliza, me gustas!
—¡Te gusta cómo lo hacemos! —Separa mis manos de su rostro.
Respiro profundo. Cualquiera moriría por mí, pero ella... ella no acepta que ya no es solo atracción.
—¡No, me gustas!
—¡Will, lo nuestro inició como un error y terminó como uno!
Molesto, me separo de ella y acomodo mi ropa. Ella no sabe ni cómo cubrirse; el vestido se lo hice trizas.
—¡Es por Ciro, lo sé!
—¡No, simplemente fuimos amantes! Estuvo mal y sabes que hubo rumores de que tuviste una amante.
—¡Sí, pero nadie supo que fuiste tú!
—¡Sí, pero lo nuestro simplemente no puede ser!
—¿Por qué no?
—¡Porque yo no siento nada por ti! Solo es atracción; me gusta cómo me haces mujer y no lo puedo negar.
Tenso la mandíbula.
—¡Por eso huyes de mí! Ahora entiendo todo.
—¡No huyo de ti!
—¡Claro que lo haces! —le alzo la voz.
—¡Porque no quiero que me busques! Es cierto que Ciro no quiere que estemos juntos, pero ¿ahora que Karelin está muerta sí me buscas? ¡Cuando nos "despedimos" ahí terminó todo! Te revolcaste con Karelin y ahí murió todo.
—¡Pues sí me acosté con Karelin unas cuantas veces, no te lo negaré!
Me voltea a ver y siento que me fulmina con su mirada.
—¡Pero entiende, tú me dijiste que no te buscara! Luego pasó lo de Ciro y viviste con mi hija, y te agradezco todo tu apoyo... pero te busqué y ¿qué hiciste? Rechazarme.
—¡Era obvio, Will! ¿Qué querías que te dijera? "Sí, Will, sigamos siendo amantes" —esto me lo dice gritando.
—¡Pues... te extrañaba!
—¡No, Will, extrañabas acostarte conmigo! Como siempre, mira este claro ejemplo: vienes, nos acostamos y te largas.
—¡No, no hay nada que nos impida esta vez estar...!
—¡Ya nos dimos placer, ya se terminó!
—¡Eres una terca que no quiere aceptar que también te gusto!
—¡No, me gusta cómo me lo haces, es totalmente diferente!
Respiro con frustración y sumo enojo.
—¡Bien! —digo a secas.
Me ve y se cruza de brazos; observo todas las marcas que le hice.
—¡Bien! —responde tajante.
—¡Duquesa Eliza, fue un gusto compartir su cama y hacerle el amor de todas las formas posibles! Y, por cierto, amo el lunar que adorna su hermoso trasero, ¡lo tiene al lado derecho!
Eliza cambia de colores y se recompone.
—¡Fue un gusto darle placer y que usted me diera a mí! Y como bien lo dijo usted: "solo me gustó el buen placer", "no me gusta usted" —todo lo habló señalando con sus dedos entre comillas cada palabra.
—¡Gracias, emperador, por todo el placer! Ahora ya se puede marchar y otra cosa: no me vuelva a buscar más.
—¡Ahora que Karelin está muerta y nadie puede hablar mal de ti, ahora que podría hacerte mi esposa, te comportas así!
—¡Will!
—¡Bien, Eliza, muy bien! Prometo no volver a buscarte. Perdóname por interrumpir tu hogar.
Recojo mi abrigo de mala gana.
—¡Will, solo no quiero que quedemos como enemigos! Tenemos hijos que están casados y nietos en común; nos veremos aunque no queramos.
—¡Claro, habla por ti!
—¡Will, solo no quiero que me odies!
—¡Tranquila, duquesa, no la odio! Tengo un nuevo acuerdo —me acerco a donde ella se encuentra—. ¡No la volveré a buscar y haremos como si nunca nos hubiéramos acostado! ¿Le parece? —le hablo cerca de los labios, recorriendo con descaro su busto marcado y descubierto.
Ella, como puede, se sujeta el vestido roto para cubrirse.
—¡Yo... ahh, está bien! —habla tartamudeando.
—¡Bien! —respondo a secas—. Perdón por interrumpir su valioso tiempo y recuerde: usted me rechazó.
Intenta hablar, pero salgo de su despacho cerrando de un portazo.
Sin duda estás dejando todo claro con Diana si ella ilusiona es xq quiere
Will aquí hay muchas lectoras que quieren estar en el lugar de Eliza
No quiero ni imaginar que si como la piensa podría tomar pensar en tomar malas decisiones x despecho
Y usted solita está arrojando a Will a brazos de Diana
Que es multifuncional
Nadie sabe lo que tiene hasta que lo ve perdido.Pars poner en claro tus sentimientos no era necesario viajar con Fernando suerte x que la vas a necesitar
Es injusto que el padre de ella utilice cuentos viejos para darle más a 🪽 a don tonto que ya le dijieron que lo ven como amigo
El que no escucha consejos no llega a ser sabio después no te lamentes Eliza x no tomar buenas decisiones
gracias por el capítulo me gusta el personaje de la duquesa obvio de la madre muy centrada no tiene pelos en la 😛
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