Después de años de dedicación a su carrera como modelos en París, Louise y Elodie Venâncio regresan a Brasil para Navidad, ansiosas por reencontrar a la familia y a sus antiguos amores: Romeo y Bernardo. Sin embargo, lo que debió ser un dulce reencuentro se convierte en un juego de miradas, provocaciones y sentimientos sin resolver: los hombres están comprometidos, pero la atracción entre ellos y las hermanas sigue siendo intensa.
Entre fiestas familiares, cuidados a los sobrinos y planes para abrir su propia agencia de modelos, Louise y Elodie descubren que el corazón no se controla. Cartas antiguas, encuentros inesperados y coqueteos peligrosos revelan deseos secretos, pasiones guardadas y conflictos entre amor, celos y madurez. Ahora tendrán que decidir hasta dónde están dispuestas a llegar para conquistar a quienes siempre amaron, mientras equilibran carrera, familia y emociones a flor de piel.
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Capítulo 2
estábamos viviendo una historia de amor apasionada, llena de encuentros secretos y promesas rotas, en la cual no pertenecía bien a mí ni a Louise.
Era imposible tener el amor de Romeo, y sería imposible que Louise amara a Bernardo. Habían traído a las novias a nuestra cena de Navidad, y probablemente estarían en Año Nuevo también.
Ellos se acercan y nos dan las manos, las mismas que nos pasaron una corriente, haciendo que nuestros cuerpos se estremecieran. Quitamos las manos corriendo, nuestro rostro se ruborizó de inmediato, colocamos las manos en las mejillas con torpeza.
Bernardo - Ustedes crecieron.
Louise - Pues sí, novias.
Bernardo - Sí, ella es Isabele, linda, ella es la hermana de Betina.
Isabele - Mucho gusto, pensé que eran niñas.
Bernardo - Ellas crecieron, linda, ahora tienen veinte años.
Aprieto la mano de la novia del hombre que amo.
Romeo - Tú creciste, cambiaste mucho.
Elodie - Y tú no has cambiado nada, ¿tu novia?
Él me presenta a la novia.
Romeo - Cris, ella es Elodie, hermana de Betina, y Louise.
Cris - Ah, sí, me acuerdo de ellas, ustedes cambiaron mucho, soy la médica de tu hermana.
Elodie - Pues sí, nos acordamos de ti del hospital, mundo pequeño, noviaste a un colega de trabajo, felicitaciones.
Cris - Gracias.
Unos intercambios de miradas, fue lo que nos quedó hasta la cena, las novias, vamos a rotularlas así, se sientan con ellos, pero ellos parecen bien incómodos después que llegamos. Después de la cena fuimos a abrir los regalos, yo y Louise damos nuestras bolsas a cada uno, y a la hora del amigo secreto, yo y Louise sacamos a Bernardo y Romeo.
Louise - Mi amigo secreto, es un tipo, que tuve odio, cuando era una niña de catorce años, él es un policía sheriff mediocre, y mejor amigo de mi cuñado.
Llevé mi regalo hasta Bernardo y se lo di.
Bernardo - Gracias.
Él abre, y había un collar de oro macizo, yo y Elodie compramos juntas las mismas cosas.
Bernardo - Esto es oro puro.
Louise - Sí, espero que te guste.
Bernardo - Nuestra, amé.
Él me abraza, y siento nuestros corazones latir tan fuerte, que el mío casi sale por la boca. Me alejo y él carraspea.
Bernardo - No soy bueno con las palabras, pero te saqué también.
Sonreí, no lo creo, él me entrega una caja con un par de aretes y la novia habla.
Isabele - Qué dar a una persona que tiene todo, ¿verdad, amor?, compré en la feria un par de aretes, no tiene valor alguno, pero fue de corazón.
Louise - No me importa eso.
Bernardo miró a la novia, y era lógico que fueron ellas las que eligieron nuestros regalos, Elodie, ganó una pulsera infantil, o tobillera, la tonta sonrió dejando a Romeo bien avergonzado.
Nuestra Navidad siguió con uno en cada esquina, abrazamos a cada niño, los hijos de Thomas eran lindos, Manu, estaba quedando una bella jovencita.
Elodie - Ya pensaste en poner a Manu a desfilar, Claudia.
Claudia - No sé si aguanto estar tanto tiempo lejos de ellas.
Thomas - Creo que vamos a dejar que ella elija, ¿verdad, amor?
Louise - Está bien, cuando quieran una ayuda, nos llamen, vamos a estar aquí.
Claudia - ¿Van a vivir aquí?
Elodie - Por ahora, São Paulo tiene grandes agencias de modelos, estamos queriendo abrir una aquí, ahora que somos dueñas de nosotras mismas.
Thomas - Puedo ayudar, los padres de Bernardo son grandes corredores.
Thomas grita a Bernardo, y él viene con la novia a cuestas.
Thomas - Las chicas están buscando una tienda, para hacer la agencia de ellas.
Isabele - ¿Van a vivir aquí?
Louise - Sí, por ahora, hasta establecer nuestros negocios.
Elodie - Tus padres son corredores, Bernardo.
Bernardo - Voy a ver lo que ellos tienen, puedo marcar un encuentro entre ustedes.
Elodie - Sería óptimo.
Isabele - Amor, pasa el teléfono, así no queda de mensajero.
Bernardo - Yo aviso a las dos, así que hable con mis padres.
Bernardo está arrastrando a la tontorrona.
Las horas volaron, Betina y Edu, subieron con los niños, y Bernardo y Romeo se fueron con las novias. Fuimos a dormir tarde en la noche, y mal conseguí pegar los ojos.
Siempre pensé que encontrarme con Romeo, iba a ser maravilloso, iba a decir que lo amo desde siempre, imaginé varias declaraciones con tantas letras románticas, en mi cabeza.
Louise - Tal vez ellos no son para nosotras dos.
Me llevo un susto con Louise.
Yo y ella siempre tuvimos el don de sentir lo que la otra sentía, o pensaba, era como hablar de frente al espejo, éramos idénticas hasta en los pensamientos, y parecía errado amar a los amigos de Carlos Eduardo.
Tal vez si nosotras dos hubiéramos vivido el amor antes, pero somos dos tontas enamoradas guardándonos para dos hombres comprometidos.
Elodie - Fueron seis años, Lou, ¿pensaste mismo que ellos nos amaban?
Louise - Sí, Elô, ellos nos miraban diferente.
Elodie - Éramos niños, Lou.
Louise - Pero...
Elodie - Por lo visto estábamos engañadas, Lou.
En la mañana siguiente, encontramos a todos alrededor de la mesa, yo y Louise ya estábamos listas para la caza de nuestra tienda, besamos a nuestros sobrinos, nuestros padres y mi hermana.
Betina es una mujer vibrante, con cabellos castaños ondulados, ojos verdes brillantes y una energía contagiosa. La misma que conocemos, a pesar de que ella ha dado una remozada, ella estaba en su mejor fase.
Estaba dedicándose al cuidado de los hijos, y amaba a Edu, el amor de ellos se sentía en el aire, daba para palpar, y era lindo, también anhelábamos sentir eso un día.
Terminamos el café, y entramos en el coche, cuando recibí el mensaje de Bernardo, quién pasó mi número para él, Bernardo marcó con los padres en un restaurante al mediodía, entonces necesitamos enfocar en todo rápido.
Louise - ¿Crees que él va a estar en el almuerzo con los padres?
Elodie - Creo que no.
Seguimos para el restaurante, damos las manos a los padres de Bernardo, ellos nos mostraron varias tiendas a la venta, como queríamos, y luego quién aparece.
Elodie abrió los ojos, y me encaró, ajustamos las posturas, y Romeo y Bernardo se sientan de nuestros lados.
Bernardo - Una pausa para almorzar con viejos amigos.
Tragamos seco, pues ellos estaban muy cerca de nosotras dos, los padres de Bernardo, luego metieron el pie dejándonos en el covil de los lobos, Romeo saca del abrigo una carta, y luego reconozco, yo mandé para él, a los diecisiete años.
Mi cara quemó de vergüenza, y Louise también había escrito una, pero Bernardo no mostró.
Romeo - Son cartas de amor, sabían.
Bernardo - ¿De quién?
Romeo - De una niña, llamada Elodie.