Me llamo Araceli Durango, y toda mi vida me han señalado como la mala del cuento.
La manipuladora.
La egoísta.
La que destruye todo lo que toca.
Y quizá tengan razón.
No nací siendo un monstruo…
Pero cuando te enseñan desde pequeña que el mundo solo respeta a los fuertes, aprendes rápido a ocultar tus heridas detrás de una sonrisa afilada. A empujar primero antes de que te empujen. A tomar lo que quieres, incluso cuando no deberías.
Durante años construí mi reputación:
la mujer que nadie podía engañar, la que siempre ganaba, la que controlaba cada pieza del tablero.
Todo iba bien… hasta que Yubitza Sandoval regresó a mi vida.
La chica que una vez llamé amiga.
La única que vio mi vulnerabilidad.
La que, sin saberlo, presenció el día en que dejé de ser víctima y me convertí en la villana que todos temen.
Ahora, Yubitza aparece con una sonrisa que me hiere más que cualquier golpe del pasado, dispuesta a demostrar que no soy tan invencible como aparento. Su regreso reabre las puertas
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la noche del plan
Narrado por Araceli Durango.
No planee que mi reputación temblara tanto...
No planee que mis manos sudaran...
Y tampoco planee que al verlo entrar en la fiesta, mi corazon reaccionara como bestia.
Elías Montenegro, el único hombre capaz de sacarme de mi eje... y el único que jamás me elegiría.
Por eso esta noche no era de elecciones, era de decisiones.
La música vibraba en las paredes como un pulso animal, luces cálidas, sombras que se movían entre copas, risas superficiales, secretos disfrazados de glamour, la mansión Durango brillaba como si fuera el corazon del mundo, pero yo sabia la verdad, estaba podrida por dentro como yo.
Lo observe desde la escalera, alto, con esa postura recta que parecía un desafío al universo, el traje oscuro, le quedaba demasiado bien y sus ojos siempre tan serios, tan enfocados, tan llenos de un futuro que no incluía a una mujer como yo.
Y sin embargo, esta noche el seria mío, del modo que yo necesitaba que lo fuera, baje las escaleras con pasos lentos, calculados, mi vestido rojo se abría en la pierna con cada movimiento. El me vio acercarme y frunció el ceño, como siempre, esa pequeña reacción fue suficiente para encender algo en mi pecho, algo que me dio valor.
--- Montenegro, ¿que milagro que viniste?,--- salude rosando su brazo con la punta de mis dedos.
--- Tu padre insistió y, yo cumplo mis promesas,--- respondió el, con una frialdad irritante.
--- Que honorable, ¿brindamos?,--- sonreí
La copa que le ofrecí tenia lo justo, no para dañarlo, solo para nublar su juicio, solo para crear una duda, una escena imposible de explicar... una escena útil.
El bebió sin sospechar... y entonces lentamente su seguridad comenzó a resquebrajarse, sus parpados pesaron, su gesto se volvió confuso, se paso una mano por la frente, intentando aclarar su visión.
--- Araceli... esto,---
--- Shh, yo te ayudo,--- susurre
Lo tome del brazo, sus músculos estaban tensos, pero su cuerpo obedecía al mío, nadie nos detuvo, nadie cuestiona a una Durango, llevando a un invitado mareado por los pasillos.
Y mientras avanzábamos, algo extraño sucedió, Elías me miro... y sus labios murmuraron un nombre que me rompió un pedazo del alma.
--- Yubitza...---
Sentí una punzada...
No era sorpresa...
Era el tipo de dolor que nace de una herida insistente, saber que el ya tenia a alguien en su corazon y que no era yo.
--- Claro... soy yo,--- respondí
Ese auto engaño fue mi pecado mas intimo... llegamos a la habitación, cerré la puerta tras nosotros.
Elías apoyo su frente en mi hombro, buscando equilibrio, su respiración cálida rozo mi cuello y un temblor involuntario recorrió mi piel, no había intención en su gesto, solo confusión, solo somnolencia, solo la percepción alterada de un hombre que no sabia donde estaba.
Pero para mi... para mi fue una caricia que jamás tendría en circunstancias sanas.
--- Yubitza...--- volvió a murmurar, casi con devoción.
Mi corazon se apretó... no quise sentir lo que sentí pero lo sentí igual.
Lo ayude a recostarse en la cama, al hacerlo sus manos rozaron mi cintura, torpes, buscando a alguien que no era yo, sus dedos se aferraron a mi vestido como si temiera perderme.
El calor de su cuerpo envolvió el mío, su aliento choco con mi clavícula, y por un instante, uno solo, me permití cerrar los ojos y pretender.
Pretender que el me buscaba, que sus manos me reconocían, que ese susurro no era el nombre de otra mujer.
--- No soy ella, pero necesito que parezca que si,--- susurre sabiendo que no podía oírme
El intento incorporarse y yo impulsada por la desesperación, por la rabia, por años de sentirme invisible, me incline sobre el para detenerlo.
Su rostro quedo a centímetros del mío, su respiración era cálida, y por un segundo, su confusión lo hizo sonreír con ternura.
Una ternura que jamás me hubiera regalado estando sobrio, me temblaron las manos, el contacto fue inevitable, mi mejilla rozo la suya, mi pecho choco con su torso, era demasiado para alguien que llevaba años fantaseando con un toque que nunca llegaba.
El deslizo una mano por mi brazo, buscando a Yubitza... creyendo que yo era ella, su voz ronca me estremeció de un modo que no quise admitir.
--- Te extrañe..--- dijo Elías
--- Yo también,--- mentí, tragando la culpa.
La escena se volvió cargada de tensión, respiraciones mezcladas, movimientos torpes, palabras incompletas, no me importo cruzar la linea, Elías seria mío, no me importaba que Yubitza esa traidora sufriera se lo merecía.
El estaba medio dormido cuando sus manos dejaron mi cuerpo, y yo me deje caer a su lado, exhausta por el peso de mis pecados.
La culpa quiso llegar a mi...
El deseo me punzo...
La necesidad me adormeció...
Termine durmiendo junto a el, todavía con el eco de un nombre que no era el mío, en mis oídos...
El grito fue lo que me despertó...
---¡Dios santo!---
Me incorpore desorientada, la habitación estaba llena, mi madre, los padres de Elías, mi propio padre, y....
Y Yubitaza Sandoval, en su rostro reflejaba tristeza, con sus ojos abiertos como si hubiera presenciado su peor pesadilla.
Elías seguía durmiendo ajeno al infierno que estaba por desatarse.
Mi madre soltó una exclamación ahogada y cubrió su boca...
Mi padre grito deshonra...
El padre de Elías se puso rojo de furia...
Yubitza me miro como si yo fuera un monstruo recién salido del infierno, tal vez lo era..
Yo solo respire hondo baje la mirada fingiendo vergüenza, fingiendo vulnerabilidad, fingiendo lo que el mundo quería ver.
La trampa había funcionado y por primera vez en mi vida comprendí lo que significaba ser la villana.
Elías despertó con un gemido bajo, la cabeza pesada y el cuerpo torpe, abrió los ojos y me encontró a su lado. Luego vio a todos, a mis padres, a los suyos y a Yubitza, rígida en la puerta, con el rostro devastado, se incorporó de golpe.
—Yo… Yubitza, déjame explic—balbuceó, intentando levantarse.
Se detuvo...
Todos lo hicieron...
La sábana blanca, arrugada entre nosotros, estaba manchada de sangre.
Un silencio espeso cayó sobre la habitación. Elías palideció, miró la cama, luego a Yubitza, y comprendió demasiado tarde que no había palabras capaces de salvarlo.
sería increíble que Araceli le dijera y le entregará al Elías sin reclamos comí siempre eso la aria arder más a la Yubitza 😂
le dije les dije desde el primer capítulo la autora quiso o hizo que odiaríamos a la equivocada🤭🤭🤭
y yo estoy en esas por que en el primer capítulo como le eche más a Araceli pero ahora amo su frialdad
ojalá también sepa que tiene a una empleada traidora en su casa 😡