*Ella solo quería pagar sus cuentas. Él solo quería mantener su imperio.*
Sofía no buscaba problemas, solo un buen turno de noche. Pero cuando sus ojos se cruzan con los de Alessandro, el hombre que controla la noche y el peligro, su vida sencilla se hace añicos. Ella es testigo de algo que no debió ver, y ahora, en lugar de ser eliminada, se convierte en su posesión más preciada y peligrosa.
Alessandro es un depredador, un jefe de la mafia cuya palabra es ley y cuyo corazón se creía muerto. Pero Sofía, con su inocencia indomable y su inesperada resistencia, desentierra una vulnerabilidad que él juró enterrar bajo capas de poder.
Atrapados en una mansión dorada que es también su jaula, la tensión entre ellos se vuelve insoportable. ¿Podrá Sofía amar a un hombre cuyo mundo se construye sobre secretos y violencia? y estará Alejandro dispuesto a quemar su imperio hasta los cimientos para mantenerla a salvo?
prepárate para una historia donde la obsesión es la única regla.
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capitulo 2
entró un hombre corpulento al bar y todo sucedió tan rápido su mente solo podía recordar una y otra vez esa escena
Lo que había visto no era un arma, sino un silenciador que enroscó en la boca de una pistola con una eficiencia aterradora.
El sonido fue un *thump* sordo, ahogado, casi insignificante en el bullicio del bar. Sofía ni siquiera vio el destello. Solo vio al hombre corpulento desplomarse hacia adelante, su cabeza golpeando la mesa de caoba con un golpe seco y húmedo. La copa de vino tinto que ella acababa de servir se volcó, derramando un charco escarlata que se mezcló con la sangre que comenzaba a brotar de la herida en su frente.
El tiempo se detuvo.
Para Sofía, el mundo se redujo a esa mancha roja expandiéndose sobre la madera pulida. El murmullo del bar, la música suave, las risas... todo se desvaneció en un zumbido agudo en sus oídos. Su bandeja se inclinó peligrosamente, y las copas de cristal tintinearon, un sonido frágil en medio de la muerte súbita.
Nadie más pareció notarlo. O, más probablemente, todos los que importaban sabían que no debían notarlo. Los dos hombres que acompañaban a Alessandro se levantaron con una calma inhumana. Uno de ellos agarró al hombre muerto por debajo de los brazos, mientras el otro abría una puerta lateral discreta que Sofía nunca había sabido que existía. En menos de diez segundos, el cuerpo había desaparecido.
Pero la mancha seguía allí. Y Sofía seguía allí, congelada, con los ojos fijos en la mezcla de vino y sangre.
"Se te van a caer las copas."
La voz de Alessandro la sacó del trance. No era una amenaza, era una simple observación. Levantó la vista y sus ojos se encontraron con los de él. Por primera vez, lo miró directamente. No había ira en su rostro, ni placer, ni remordimiento. Solo una calma profunda, casi aburrida. Era esa indiferencia lo que la aterrorizó más que el asesinato mismo.
Con un esfuerzo sobrehumano, Sofía enderezó la bandeja. Sus manos temblaban tan violentamente que el tintineo de las copas era ahora innegable.
"Limpia eso," ordenó Alessandro, señalando la mancha en la mesa con un movimiento perezoso de su dedo índice.
Sofía parpadeó. ¿Limpiar? ¿Se suponía que debía limpiar... eso? ¿Como si fuera un simple derrame de café? Buscó con la mirada a Elena, a cualquier otro empleado, pero todos parecían haber desarrollado un repentino e intenso interés en el lado opuesto del salón. Estaba sola. Completamente sola con el hombre que acababa de ordenar una ejecución a tres metros de ella.
Asintió, un movimiento rígido y espasmódico. Dejó la bandeja en una mesa cercana, sus piernas moviéndose como si estuvieran sumergidas en melaza. Fue al área de servicio, agarró un paño y un cubo pequeño, su mente en blanco. Cada fibra de su ser le gritaba que corriera. Que saliera por la puerta principal y no mirara atrás. Pero sus pies la llevaron de vuelta a la Mesa Uno.
Se arrodilló. El olor metálico de la sangre se mezcló con el aroma afrutado del vino. Era nauseabundo. Con el paño tembloroso, comenzó a limpiar la superficie de caoba. Frotó con demasiada fuerza, sus nudillos blancos. Podía sentir la mirada de Alessandro sobre ella, pesada como una capa de plomo. No la observaba como a una empleada. La observaba como un biólogo examinaría a un espécimen curioso bajo un microscopio.
"Tu nombre es Sofía," dijo él, no como una pregunta. "Estudias contabilidad por las noches. Vives en el apartamento 3B en la calle D'Aza, encima de la panadería que siempre huele a pan quemado. Tu madre necesita un medicamento caro para su artritis."
Sofía se detuvo en seco, el paño empapado en su mano. El frío del terror se deslizó por su columna vertebral, mucho más helado que el miedo que había sentido antes. Una cosa era presenciar un asesinato. Otra muy distinta era darse cuenta de que el asesino sabía cada detalle íntimo de tu vida.
Levantó la cabeza lentamente, el miedo dando paso a una chispa de desafío. "¿Cómo...?"
"Sé todo lo que necesito saber," la interrumpió él, su voz suave pero inflexible. "La pregunta no es cómo lo sé. La pregunta es qué vas a hacer ahora que sabes lo que sabes."
Se inclinó ligeramente hacia adelante, y por primera vez, Sofía pudo ver algo más en sus ojos oscuros. No era aburrimiento. Era una intensidad depredadora, una curiosidad afilada.
"Tienes dos opciones, Sofía," continuó, su voz bajando a un murmullo conspirador. "Puedes salir por esa puerta, intentar olvidar lo que viste, y yo tendré que asegurarme de que lo olvides permanentemente. O..." Hizo una pausa, dejando que el peso de sus palabras la aplastara. "...puedes terminar de limpiar mi mesa, traerme un espresso doble y presentarte aquí mañana a las nueve de la noche. No como camarera."
El ultimátum quedó flotando en el aire denso. No era una oferta de trabajo. Era una sentencia. Podía elegir la muerte, rápida e invisible, o podía elegir la jaula dorada.
Sofía miró el paño en su mano, ahora teñido de un rojo oscuro y sucio. Miró la madera pulida, que ya casi no mostraba rastro del horror que había ocurrido. Luego, volvió a mirarlo a él.
A Alessandro. El hombre que la había arrastrado a su oscuridad con una sola orden.
Su instinto de supervivencia, el mismo que la hacía trabajar noches interminables y estudiar hasta el amanecer, tomó el control. Con una calma que no sentía, escurrió el paño en el cubo, dobló una esquina limpia y dio un último pulido a la superficie de la mesa hasta que brilló bajo la luz tenue.
Se levantó, sus movimientos ahora firmes y deliberados.
"¿Doble, sin azúcar?" preguntó, su voz apenas un susurro, pero clara.
Una sonrisa casi imperceptible tiró de la comisura de los labios de Alessandro. Era una sonrisa de victoria. De posesión.
"Exacto," dijo él, recostándose de nuevo en su asiento, como un rey reclamando su trono. "Sabía que eras inteligente."
Sofía se dio la vuelta y caminó hacia la máquina de café, sintiendo cada uno de sus pasos. No se dirigía a preparar un espresso. Se dirigía hacia el resto de su vida.
escrituras , al parecer 2 versiones de una misma historia
🤔
qué se cree ????/Smug/