Aitana es mujer joven orgullosa de sus logros, ya que logro por mérito propio convertirse en la vicepresidente de Marketing de la empresa familiar, eso le permite vivir cómodamente fuera de la casa familiar.
todo esto cambia cuando comienzan a acosarla, cuando la situación escala un poco su padre la obliga a tener un guardaespaldas, para no perder parte de su libertad ella acepta, y ahí su dinámica de trabajo y su vida cambian por completo.
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capitulo 2
Una semana después Aitana Valverde estaba harta de su guardaespaldas, pues no solo no la dejaba ni a sol, ni a sombra, además todas las mujeres de su oficina estaban enamoradas de él, incluida Lucy, Aitana no negaba que fuera guapo, pero lo encontraba insoportable.
-señora, no olvide que tenemos una reunión fuera hoy – le dijo Lucy entrando a la oficina
-dile a Morgan que se prepare – le respondió Aitana, su asistente asintió y se salió de la oficina
Cuando Aitana salió de su oficina, lo vio estaba sentado en uno de los sofás que había ahí, en la sala de espera para visitas, tomando café tranquilamente.
-¿Qué acaso no te dijo Lucy que vamos a salir? – le pregunto Aitana
-lo hizo, pero como usted tarda mucho en salir de su oficina, pues no creí que fuera urgente salir a buscar el auto – Morgan se puso de pie, y se dirigió a la salida, mientras Aitana esperaba a Lucy
-es tan arrogante, no lo soporto – se quejó la mujer con su asistente - si no fuera porque mi padre lo contrato, ya lo habría despedido – Aitana siguió con sus quejas, mientras iban hacia el elevador
Cuando llegaron a la entrada Morgan ya estaba ahí con el auto – no entiendo como llego tan rápido abajo, veníamos tras él – comento Lucy, asombrada.
Este les abrió la puerta para que subieran al auto, antes de subirse él -¿a dónde vamos? – pregunto, y Lucy le indico el lugar.
Aitana estaba segura de que si Estéfano Morgan no fuera tan bueno en su trabajo, ella ya habría hecho que su padre lo despidiera, y contratara a alguien más, el hombre podrías ser un sínico en la oficina, pero cuando salían, era la persona más profesional.
-genial – dijo Aitana cuando se bajó del auto – Lucy ¿Por qué no me dijiste que veníamos a este lugar?, odio este estacionamiento –
El suelo del estacionamiento era de piedra de granito, Aitana detestaba ese tipo de estacionamientos, porque sus tacones se clavaban entre las piedritas, y además se le ensuciaban, iba caminando con cuidado, pero de repente se le hundió e hizo que se le doblara un poco el pie, cuando estaba segura de que se caería, alguien la sujeto por la cintura.
-debería tener más cuidado – le dijo Morgan, ella se apartó, y se enderezó
-por eso no me gustan estos lugares, el suelo es muy irregular – dijo ella un poco apenada, pero él no le respondió, ni siquiera la estaba mirando, tenía la mirada fija en el otro lado del estacionamiento.
-entren ustedes aquí la espero – dijo y se fue dejándolas, ahí paradas
-¿a este que le pasa? – pregunto Aitana, y Lucy solo se encogió de hombros
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A Morgan no le gustaba mucho su nuevo trabajo, por lo general, él solo trabaja con personas VIP, así que solo tenía que estar uno o dos días con ellos, nunca era algo 24/7 ni siquiera sabía por qué su jefe lo envió, siendo que tenía muchos compañeros que podían hacer su trabajo.
No le agradaba la actitud de su nueva jefa, y tampoco había visto ni una sola vez a la persona que se supone la acosaba.
No hasta ese día, lo vio mientras evitaba que su jefa se cayera, así que la dejo a un lado, y fue a averiguar, solo que lo perdió de vista, así que se puso a platicar con el guardia que cuidaba ahí, esperando verlo regresar, porque estaba seguro de que lo haría.
Estar en una oficina todo el día también le parecía aburrido, así que solía aprovechaba cada que salía para conversar con otras personas, pues más que un guardaespaldas, en este momento se sentía un chofer, pero Estéfano Morgan tenía una poderosa razón para seguir en ese trabajo.
-¿quieres un cigarro? – le ofreció el guardia
-no gracias, no fumo – respondió saliendo de la caseta, donde el hombre estaba sentado mirando una pequeña televisión
Ahí fue cuando lo vio otra vez, estaba un chico vestido de negro usando la capucha de la sudadera, y aparte de una gorra, así que no podía verle la cara, estaba sentado en cuclillas aun lado del auto.
Se acerco con sigilo sin hacer mucho ruido, y lo tomo por la sudadera para levantarlo - ¿Qué crees que haces? – le dijo
El chico intento zafarse, pero al ver el tamaño de la persona que los sostenía, se dio por vencido.
Cuando Aitana y Lucy salieron de la oficina vieron a Morgan discutiendo al parecer con un adolescente.
-¿Qué estás haciendo con ese mocoso? Suéltalo – le ordeno Aitana
-¿está seguro, señora? Estaba sacándole el aire a las llantas, y dice que alguien se lo ordeno –
-sostenlo, voy a golpearlo hasta que me diga quien lo hizo –
Aitana casi se cae por caminar deprisa por el estacionamiento, pero estaba furiosa y no le importo.
Pero lo Morgan lo jalo poniéndolo detrás de él – no puede golpearlo –
-¿Por qué no? Quítate –
-es menor de edad, si lo golpea tendremos problemas –
-señora, tranquila, no nos conviene un escándalo –
-¿niño, quien te pidió que lo hicieras? – pregunto Aitana
-no lo sé, no pude verlo, estaba muy cubierto, me pago, necesito dinero, así que acepte –
-te voy a dar el doble, si recuerdas algo –
-era un hombre, de cabello negro, le vi un poco que no le cubría la gorra, era algo robusto, más bajo que él – dijo el chico señalando a Morgan, debía llegarle al hombro, olía a aromatizante para autos, o algo por el estilo, es todo lo que recuerdo, lo juro, ¿ya me puedo ir? –
Aitana sacó dinero de su billetera y se lo dio - ¿esto es suficiente? – pregunto, el chico solo asintió, y salió corriendo
-¿podemos irnos ya? – dijo yendo hacia el auto
-señora, ¿no vamos a ir a la comisaria? – pregunto Lucy
-no, vamos a la oficina, llama al oficial que lleva mi caso, que vaya ahí, quiero que entreviste a la recepcionista, tal vez esta persona es la misma que le daba las flores –
-por si le sirve algo grave lo que le dijo el chico – le dijo Morgan una vez en el auto
-vaya, hasta que haces algo bueno – Morgan no respondió, pero Aitana pudo ver por el espejo retrovisor la cara que él puso. Y no pudo evitar sonreír, pues era un descarado que no disimulaba ni un poquito.