Una corona es hurtada por el Capitán Adam, un Fey Pirata. Con la ayuda de Jena, una joven arcángel, encarnación de la oscuridad.
Ese mismo robo regresa años más tarde con las consecuencias, para empujar a Eva, una Reina Elfo, a buscar una de las coronas del fin del mundo con ayuda de Jena, Len, uno de los cinco héroes elementales; Vin Ryder, una diosa de la Guerra; y Adam, el caótico Capitán de Pandora.
¿Eva podrá conseguir la corona? ¿La tripulación del barco Pandora podrá sobrevivir al viaje al fin del mundo?
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Capitulo #1: La Princesa y el Héroe del Escudo
...Hace más de 6 mil años, antes de la Era de Infernus…...
...El primer Rey Oscuro había despertado para enfrentar a la heroína de la luna y a los otros héroes en una épica batalla que hizo temblar los nueve mundos del Yggdrasil....
—Se terminó, Rey Titan… —dijo la heroína de la luna sosteniendo el arma más poderosa de todas, “el rayo” o la Luz primordial—.
—¡¡No voy a perder!! —rugió el Rey Titan tratando de contraatacar el poder de un rayo que cargaba con la fuerza de todos los seres vivientes del mundo—.
Esa batalla fue conocida más tarde por los sobrevivientes como la “Titanomaquia” o también conocida como la batalla que hizo nacer el Olimpo de los dioses o la corte celestial.
Por milenios se creyó que el primer Rey de la oscuridad había sido asesinado, sin embargo, estuvieron equivocados… las cenizas de la oscuridad primordial del mundo viajaron por el mundo, esperando miles de años un huésped digno de tener ese poder, ese huésped fue…
—Felicidades, Reina Lilith, es un niño, un arcángel sano —le dijo un médico a la matriarca de los arcángeles, mientras sostenía a su bebé en brazos—.
—Bienvenido, mi pequeño Hunter Kai…
—¡Su majestad! Espere… hay una niña, parece que tuvo mellizos.
—¿Qué? ¿Mellizos?
La oscuridad primordial iba a regresar en dos mitades, dos mellizos tan opuestos que era casi imposible que ambos no se enfrentaran en la sangrienta batalla interna ordenada por la reina arcángel. Dicha batalla fue ordenada para que pudieran resurgir los más fuertes de los más débiles.
—Hun… Hunter —jadeó una pequeña arcángel viendo como su hermano estaba armándose con una espada—.
—¿Qué están esperando? —les gritó su madre, una arcángel vestida con prendas de lino tanto elegantes como intimidantes y con una corona hecha de oro—.
—¡Hunter! —chilló retrocediendo de su hermano, sus manos estaban extendidas en el aire y su respiración estaba cada vez más acelerada—
—¡¡Libra!! ¡¡Hunter!! ¡¡Acaben con el otro ahora mismo!!
—Hun… Hun… por… ¡¡Por favor!!
Sin embargo, la oscuridad no iba a ser lo único que iba a nacer una vez más en el mundo Infernus.
—Len Maxwell. Felicidades, parece que Gorgon te ha elegido como uno de los cinco portadores de la esperanza del mundo.
—¿Qué? —jadeó un chico rubio viendo el tatuaje de una gota de agua apareciendo en su brazo—. Esto significa que soy…
—Así es. ¡Eres el Héroe del Escudo!
Cinco héroes nacieron para empuñar las armas que controlaban los elementos y pelear contra la mitad de la oscuridad primordial que estaba a manos de los Arcángeles.
Y respecto a la otra mitad de la oscuridad que parecía haber sido consumida por su hermano mellizo, ella había logrado escapar a la masacre de su propio pueblo, llegando así a su nuevo hogar.
Una humilde Granja de Dragones, que estaba ubicada en una pequeña región rodeada por bosques, montañas y que tenía el inmenso cadáver de un dragón limitando la zona, sirviendo como una muralla de hueso.
En esa región cada año se festejaba una fiesta para que los jóvenes pudieran encontrar un prometido o una prometida. Esa noche las personas llevaban antifaz y esperaban hasta la medianoche para quitársela frente a la pareja con la que habían bailado.
Como si fuera una jugada del propio destino, las miradas de dos jóvenes con una naturaleza contraria se encontraron; una era una joven de cabello castaño, vestida con un largo vestido blanco que combinaba con sus mangas y su antifaz que cubría la mitad de su rostro. Otro era un joven rubio, vestido con una radiante armadura de metal, con un sobresaliente tatuaje de una gota y un antifaz negro que parecía mezclarse con la noche.
Ambos caminaron hacia el otro con pasos torpes, sus manos pasaban de su cabello a su ropa de un momento a otro, sus pechos subían y bajaban más rápido con cada paso que daban. Su corazón parecía detenerse en el mismo momento en el que los dos se detuvieron frente al otro.
—Ah… eh… Soy… Qui…
—Quieres…
—¡¡Soy un portador de las cinco armas elementales!!
—¿Qué? —jadeó retrocediendo por la revelación inesperada—.
—¡Ay, mierda! ¡Revelé mi identidad! ¡Lo-lo siento! —se disculpó el joven héroe, cubriendo su rostro sonrojado con sus manos—.
—So-Soy Jena Oragon —se presentó, riéndose por la torpeza del chico—. Soy una jinete de dragones. O-O bueno… eso es lo que quiero ser… c-cuando vaya a la academia en unos días, claro.
—L-Len Max Harper.
—¿Harper? Espera… ¿Eres hijo del héroe que derrotó al Rey Arcangel?
—S-si, soy hijo de Red Harper y de Linky Shang, igual que… que Rinko y Hoshi Harper, tal vez las conozcas por… por…
—He escuchado de ellas, más cuando una de ellas le dio una cachetada a la reina de Almecna frente a todos por defender a la princesa Mochi.
—J-Jen, tú… —el muchacho respiró hondo para ganar valor y agarrar su mano con firmeza—. ¡¿Tú quieres bailar conmigo?!
—Me… me… ¡M-Me encantaría!
Con una sonrisa tímida compartida, los dos bailaron toda la noche con pasos tan lentos que parecían tener miedo de pisar del otro, sus manos no dejaban de soltarse por lo temblorosas que se encontraban.
Aún con sus nervios, sus manos seguían encontrándose para seguir juntas sin importar lo que pasara esa noche. Llegando a la medianoche con sus zapatos llenos de marcas del pie del otro, sus frentes empapadas y un jadeo que intentaban ocultar para no preocupar al otro.
—C-Creo que ya es… ya es hora —susurró el héroe a punto de quitarse el antifaz frente a ella.
—¡Espera! —le pidió, agarrando su mano para que no lo hiciera—. Aún hay una cosa que quiero hacer antes… antes de… eso.
La joven arcángel, sin pensárselo, se inclinó al héroe del escudo para entregarle su primer beso en los labios. Él se quedó con los brazos extendidos en el aire, con los ojos abiertos, pero solo fue cuestión de unos momentos para que sus ojos se cerraran y le diera también su primer beso.
—A-Ahora… ahora… ¿S-Somos novios?
—To-Tonto —volvió a reírse, esta vez mientras se quitaba su antifaz para revelarle su rostro al chico del que se había enamorado esa noche—.
—¿E-Eso es un sí? —le respondió riendo, quitándose también el antifaz—.
—Eso depende. ¿Qué tanto vendrás a verme y cuántas citas tendremos al día?
—N-no lo sé. ¿Cuatro?