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Dueño De Todas, Esclavo De Una

Dueño De Todas, Esclavo De Una

Status: En proceso
Genre:Romance
Popularitas:3.8k
Nilai: 5
nombre de autor: liligacaño

A sus 36 años, Alessandro De Luca es el heredero del imperio de moda más importante de Italia. Dueño de una prestigiosa agencia de modelos con sedes en Milán y Colombia, vive rodeado de lujo, poder y mujeres. Es un hombre frío, arrogante y mujeriego. Ninguna mujer ha logrado conquistar su corazón.
Desde niño, su padre decidió su futuro. Lo comprometió con Bianca Conti, una reconocida modelo italiana e hija de su mejor amigo y socio de la empresa. Para Alessandro, Bianca nunca ha sido el amor de su vida, solo la mujer perfecta para mantener la imagen de la familia ante la alta sociedad.
Antes de entregarle el control absoluto del imperio familiar, su padre le impone una última condición:
—Si quieres convertirte en el único dueño del Grupo De Luca, tendrás que casarte con Bianca. De lo contrario, jamás recibirás la presidencia ni la totalidad de la herencia.
Lo que Alessandro desconoce es que Bianca nunca ha permanecido a su lado por amor. La fortuna de su familia ha desaparecido y están

NovelToon tiene autorización de liligacaño para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 1 – Dos mundos, un mismo destino

Milán nunca dejaba de moverse.

Incluso a las ocho de la mañana, sus calles respiraban elegancia. Los tranvías recorrían el centro histórico mientras ejecutivos impecablemente vestidos caminaban con prisa y los escaparates de las grandes casas de moda brillaban bajo la luz del sol.

En el corazón del distrito financiero se alzaba la imponente torre del Grupo De Luca, un edificio de cristal y acero que simbolizaba el poder de una de las familias más influyentes de Italia.

Reconocida internacionalmente por descubrir a las modelos más cotizadas del mundo y representar a las firmas de alta costura más prestigiosas de Europa, la empresa contaba con sedes en Italia, Colombia, Francia y España. El Grupo De Luca era mucho más que una agencia de modelos: era un imperio construido durante décadas.

A las ocho en punto, un Ferrari negro se detuvo frente a la entrada principal.

El conductor descendió de inmediato para abrir la puerta trasera.

Un hombre alto, de cabello castaño claro perfectamente peinado y ojos grises bajó del vehículo con la seguridad de quien estaba acostumbrado a que el mundo se apartara a su paso.

Vestía un traje italiano hecho a la medida y un exclusivo reloj adornaba su muñeca izquierda. Su sola presencia imponía respeto.

—Buenos días, señor De Luca.

—Buenos días, señor.

Los saludos se repetían mientras atravesaba el elegante vestíbulo.

Ese hombre era Alessandro De Luca.

A sus treinta y seis años, era considerado uno de los empresarios más codiciados de Europa. Las revistas hablaban de su fortuna, las redes sociales seguían cada una de sus apariciones públicas y muchas mujeres soñaban con conquistar su corazón.

Sin embargo, ninguna lo conocía realmente.

Detrás de aquella mirada fría existía un hombre que había dejado de creer en el amor.

Para Alessandro, las relaciones no eran más que distracciones pasajeras.

Mientras caminaba hacia el ascensor, varias modelos lo saludaron con sonrisas demasiado familiares.

Él respondió con un leve gesto de cortesía, sin detener su paso.

Conocía perfectamente el efecto que provocaba en las mujeres y no le interesaba cambiarlo.

Cada conquista tenía fecha de vencimiento.

Nada más.

La reunión con los diseñadores italianos se extendió durante casi tres horas.

Alessandro revisó contratos, aprobó campañas publicitarias y analizó los resultados económicos de cada sede internacional.

Era un empresario brillante.

Su padre le había enseñado que el éxito no se heredaba; debía ganarse cada día.

Cuando la reunión terminó, una joven modelo rubia se acercó con una sonrisa seductora.

—¿Le gustaría acompañarme esta noche a la gala?

Alessandro sonrió apenas.

—¿Es una invitación profesional o personal?

Ella soltó una pequeña risa.

—Las dos.

—Entonces aceptaré la segunda.

Los empleados fingieron no escuchar.

Todos conocían su reputación.

Siempre había una mujer distinta.

Ninguna permanecía el tiempo suficiente para ocupar un lugar importante en su vida.

Esa misma noche, el gran salón del Hotel De Luca reunió a empresarios, diseñadores, periodistas y modelos de toda Europa.

Los flashes seguían cada movimiento del heredero del imperio.

Pocos minutos después apareció una mujer de cabello castaño, ojos claros y un elegante vestido blanco que atrajo todas las miradas.

Era Bianca Conti.

La prometida de Alessandro.

Él caminó hasta ella y besó suavemente su mejilla.

—Llegaste tarde.

—Los fotógrafos no querían dejarme entrar.

Alessandro sonrió con discreción.

—Siempre encuentran la forma de seguirte.

Desde el exterior parecían la pareja perfecta.

Jóvenes.

Elegantes.

Millonarios.

Destinados a estar juntos.

Pero solo ellos conocían la verdad.

Bianca acomodó con delicadeza la corbata de Alessandro mientras lo observaba en silencio.

Llevaba enamorada de él desde los dieciocho años.

Jamás había escuchado un "te amo".

Nunca había recibido un abrazo lleno de amor.

Sin embargo, él tampoco había roto el compromiso.

Y para ella, por ahora, eso era suficiente.

Alessandro no la amaba.

Su compromiso existía únicamente porque ambas familias lo habían acordado muchos años atrás.

Bianca, en cambio, confundía su obsesión con amor.

Soñaba con convertirse en la esposa de Alessandro y esperaba que algún día él llegara a amarla de verdad.

Mientras tanto, se conformaba con ser la mujer oficial del hombre más deseado de Italia.

Sabía que las demás solo eran aventuras pasajeras.

Por eso nunca las enfrentaba.

Durante la gala observó cómo una joven modelo rubia no dejaba de mirar a Alessandro.

No necesitaba preguntar qué ocurriría cuando terminara la noche.

Lo sabía perfectamente.

Y aun así permaneció en silencio.

Necesitaba ese matrimonio mucho más de lo que Alessandro podía imaginar.

Mientras sostenía una copa de vino, pensó para sí:

"Algún día dejarás de buscar a otras mujeres. Cuando seas mi esposo, todo lo que eres también será mío."

Las horas transcurrieron entre música, fotografías y brindis.

Cerca de las once de la noche, Alessandro se acercó a Bianca.

—Es hora de irnos. Te llevaré a casa.

Durante el trayecto, Bianca reunió el valor para hablar.

—¿Por qué no vamos a tu departamento? Hace días que casi no pasamos tiempo juntos.

Alessandro desvió la mirada hacia la carretera.

—No puedo. Mañana tengo una reunión muy temprano.

Ella sonrió con aparente tranquilidad, aunque por dentro sintió un vacío.

Conocía demasiado bien esa excusa.

Significaba una sola cosa.

Otra mujer lo estaba esperando.

Después de dejarla en su casa, Alessandro condujo hasta el exclusivo hotel donde la hermosa rubia con la que había coqueteado durante la gala ya lo esperaba.

...----------------...

A la mañana siguiente, Alessandro fue llamado al despacho de su padre.

Vittorio De Luca permanecía de pie frente a los enormes ventanales que dominaban la ciudad.

A sus sesenta y dos años seguía siendo un hombre cuya autoridad nadie se atrevía a cuestionar.

—Siéntate.

Alessandro obedeció.

—La boda será dentro de cuatro meses.

—Lo recuerdo.

—No quiero escándalos. No quiero rumores. Y mucho menos que canceles el compromiso.

Alessandro dejó escapar una leve sonrisa.

—Nunca dije que lo haría.

Vittorio sostuvo su mirada.

—Escúchame bien. El Grupo De Luca será completamente tuyo únicamente cuando te cases con Bianca. Hasta entonces, seguiré siendo el presidente.

Alessandro guardó silencio.

Conocía aquella condición desde hacía años.

Era el precio que debía pagar para heredar el imperio familiar.

...----------------...

Mientras tanto, a más de nueve mil kilómetros de distancia, en Bogotá, Colombia, otra historia comenzaba.

En la sede colombiana del Grupo De Luca, Marco Bellini, vicepresidente de la empresa y mejor amigo de Alessandro, revisaba los expedientes de las nuevas modelos que participarían en el próximo proceso de selección.

Frente a él se encontraba Juliana Rojas, una de las modelos más reconocidas de la agencia y una de las pocas personas cuya opinión Marco valoraba de verdad.

—La próxima semana llegarán quince chicas nuevas —comentó Juliana mientras dejaba una carpeta sobre el escritorio.

Marco levantó la vista.

—¿Crees que alguna realmente destaque?

Juliana sonrió con seguridad.

—Hay una.

—¿Ah, sí? ¿Cómo se llama?

—Valentina Benítez.

Marco hojeó rápidamente el expediente.

—Es muy bonita...

Juliana lo interrumpió.

—No solo es hermosa. Tiene actitud, disciplina y mucho carácter. Llevo tiempo observándola y estoy segura de que puede llegar muy lejos.

Marco continuó revisando las fotografías.

—Lo que me preocupa es su estatura.

Juliana soltó una pequeña risa.

—No te preocupes. No hay nada que unos buenos tacones y una buena pasarela no puedan solucionar. Además, hoy en día muchas marcas buscan modelos con perfiles diferentes.

Marco la miró con una sonrisa.

—Eso espero. Porque, si no resulta como dices, me va a dar mucha pena contigo, pero tendré que decirle que no.

Juliana cruzó los brazos, completamente segura de sí misma.

—No te vas a arrepentir. Te lo garantizo.

Marco cerró la carpeta.

—Ya veremos cuando Alessandro llegue. Como todos los años, vendrá unos días a revisar la agencia antes de regresar a Milán. Nunca cambia sus planes.

Juliana sonrió.

—Entonces será él quien termine de comprobar que tengo razón.

En Medellín, una joven caminaba por las calles con una carpeta llena de fotografías bajo el brazo.

Era Valentina Benítez, una modelo de apenas veintidós años que soñaba con abrirse camino en el mundo de la moda sin perder la sencillez y la humildad que siempre la habían caracterizado.

Aunque ya trabajaba con algunas marcas locales y había participado en varias campañas publicitarias, su mayor sueño era desfilar en las grandes pasarelas internacionales.

Meses atrás le había pedido ayuda a su amiga Juliana Rojas, quien ya era una modelo profesional del Grupo De Luca. Juliana le había prometido que, en cuanto la agencia necesitara nuevas modelos, la recomendaría.

Y cumplió su palabra.

Hacía apenas unos días le pidió que enviara su hoja de vida, su portafolio y sus fotografías para presentarlas ante la agencia, que estaba buscando nuevos talentos.

Valentina sabía que era una gran oportunidad, pero nunca imaginó que la respuesta llegaría tan pronto.

De repente, su teléfono sonó.

—¿Señorita Valentina Benítez?

—Sí, soy yo.

—La llamamos del Grupo De Luca para informarle que ha sido seleccionada para formar parte de nuestra sede en Bogotá. En las próximas horas recibirá toda la información sobre su ingreso.

Durante unos segundos, el mundo pareció detenerse.

Valentina llevó una mano a su boca mientras las lágrimas comenzaban a correr por sus mejillas.

No podía creerlo.

Después de tantos años de esfuerzo, sacrificios y rechazos, por fin había llegado la oportunidad con la que siempre había soñado.

Lo que aún no imaginaba era que aquella llamada no solo cambiaría su carrera como modelo.

También cambiaría su destino para siempre.

1
Genesis Paez
Que historia tan mala, pura habladera de paja
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