trata de Lukas un líder de una pandilla el cuál es hermano mayor de takimechi claro los dos tenían sus diferencias y Lukas tiempo Después conoció a Leonardo que con el pasar de los día se empezó a enamorar de el hasta que ahora estaban a nada de casarse pero acurrucó algo inesperado Lukas fue plantado en el altar
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el día en el que se supone que se casarian
Lukas siempre había sido distinto.
Hermano mayor de Takemichi Hanagaki, pero completamente opuesto. Donde Takemichi dudaba, Lukas imponía respeto. Donde otros temblaban, él lideraba.
Cabello negro, mirada fría, mente brillante… y una fuerza que pocos podían igualar.
Era el líder de su propia pandilla. No necesitaba gritar para que lo obedecieran. Su sola presencia bastaba.
Pero había algo que nadie entendía de él.
Leonardo.
Un chico que apareció en su vida cuando menos lo esperaba. Sonrisa tranquila, mirada sincera… alguien completamente ajeno al mundo de peleas y sangre.
Y aun así, Lukas se enamoró.
Lo que empezó como encuentros casuales terminó en promesas… y luego en algo más serio. Tan serio que estaban a punto de casarse.
El día de la boda llegó.
El traje de Lukas era impecable, elegante, oscuro… como el de la imagen que imaginas: sobrio, poderoso, perfectamente ajustado a alguien que parecía nacido para mandar.
Todo estaba listo.
Pero Leonardo no apareció.
Un susurro recorrió el lugar.
—Se fue…
—¿Con quién?
—Con una chica…
El silencio se volvió pesado.
Lukas no gritó.
No lloró.
Solo se quedó quieto unos segundos… procesando.
Y luego, sin decir nada, se dio la vuelta.
Salió del lugar con la misma elegancia con la que había entrado. Pero esta vez, sus ojos ya no eran los mismos.
Minutos después…
Aún con el traje puesto, Lukas agarró un bate.
No por rabia…
Sino porque necesitaba algo en qué descargar todo.
Esa misma noche había una reunión de pandillas.
Cuando llegó, todos se quedaron en silencio.
—¿Ese… es Lukas?
—¿Con traje?
—¿Qué pasó…?
Él caminó directo al centro.
El bate descansaba sobre su hombro.
Su mirada era más fría que nunca.
—Empezamos —dijo, sin emoción.
Pero quienes lo conocían sabían…
Algo en él se había roto.
Y ahora… era mucho más peligroso.
La reunión estaba tensa.
Las pandillas discutían, se lanzaban amenazas, el ambiente estaba cargado… pero nadie se atrevía a provocar directamente a Lukas.
No esa noche.
No cuando tenía esa mirada.
El bate golpeó suavemente el suelo.
Tac.
Silencio.
—Hablen —ordenó Lukas.
Uno de los líderes empezó a discutir sobre territorio… pero Lukas ni siquiera lo estaba escuchando.
Su mente seguía en el altar vacío.
En la promesa rota.
En Leonardo.
Apretó el bate con más fuerza.
—Lukas.
Esa voz.
Familiar.
Molesta… pero cálida.
Giró lentamente.
Ahí estaba él.
Takemichi Hanagaki.
Despeinado como siempre, respirando agitado, como si hubiera corrido por toda la ciudad para encontrarlo.
—¿Qué haces aquí? —preguntó Lukas, frío.
Takemichi lo miró fijamente.
No con miedo.
No como los demás.
Sino como alguien que lo conocía de verdad.
—Vine por ti.
Las otras pandillas empezaron a murmurar.
Nadie entendía cómo alguien podía hablarle así al líder más peligroso del lugar.
Lukas soltó una pequeña risa seca.
—¿Por mí? —alzó el bate y lo apoyó en su hombro—. Llegas tarde.
Takemichi avanzó un paso.
—No. Llegué justo cuando ibas a perderte.
Silencio otra vez.
Las palabras quedaron flotando en el aire.
Lukas entrecerró los ojos.
—Cuidado con lo que dices.
Pero Takemichi no retrocedió.
—No me importa Leonardo —dijo de golpe—. Me importas tú.
Eso sí lo sorprendió.
Apenas.
—Estás actuando como si nada te importara —continuó Takemichi—. Pero te conozco. Estás herido.
El agarre de Lukas sobre el bate tembló apenas.
Un detalle mínimo.
Pero real.
—Vete —dijo Lukas, más bajo.
—No.
Un paso más cerca.
—No te voy a dejar convertirte en alguien que no eres.
La tensión subió de golpe.
Uno de los líderes de otra pandilla susurró:
—¿Ese tipo quiere morir…?
Pero Lukas… no atacó.
No gritó.
Solo se quedó mirando a su hermano.
Y por primera vez en toda la noche…
Su expresión cambió.
Apenas.
—Entonces dime —murmuró—… ¿qué se supone que haga?
Takemichi no dudó.
—No huyas hacia la violencia —respondió—. Si estás enojado… si estás triste… enfréntalo. Pero no te destruyas.
Silencio.
Lukas bajó lentamente el bate.
El sonido de la madera tocando el suelo fue seco.
Tac.
Y en ese momento…
Todos entendieron algo.
El único que podía detener a Lukas…
era su hermano.
Pero justo cuando la tensión empezaba a bajar…
Un chico de otra pandilla sonrió.
—Qué patético… el gran líder necesitando a su hermanito para no romperse.
Error.
Grave error.
Los ojos de Lukas volvieron a oscurecerse.
Y esta vez…
Takemichi estaba demasiado cerca.