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Genety 2 Redention

Genety 2 Redention

Status: Terminada
Genre:Acción / Aventura / Fantasía épica / Completas
Popularitas:31
Nilai: 5
nombre de autor: Au-angell

Después de sobrevivir a la masacre de Buena Suerte, Lía y Dikeet intentan encontrar un lugar en un mundo que las teme y las necesita al mismo tiempo. Pero cuando una nueva amenaza surge de las sombras de BioKal —más antigua, más poderosa y capaz de desafiar al cielo mismo—, las hermanas se ven obligadas a salir de las sombras.

Junto a antiguas enemigas y aliados inesperados, deberán enfrentar una fuerza que no solo quiere destruirlas, sino reescribir lo que significa ser humana… o algo más.

En una carrera contra el tiempo, entre selvas que devoran y ciudades que se apagan, descubrirán que la verdadera batalla no es contra una empresa cruel, sino contra lo que el poder hace con quienes lo persiguen… y con quienes lo rechazan.

Una historia de hermanas, traiciones, rabia y la pregunta que nunca desaparece:
¿Hasta dónde estás dispuesto a llegar para proteger lo que cres que es tuyo?

NovelToon tiene autorización de Au-angell para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 1. Las llamas cuesta arriba

La noche era un mar de fuego incontrolable que devoraba las calles de Blue City. Los bomberos luchaban contra las llamas sin tregua, mojando con desesperación cada rincón en un intento por salvar lo que quedaba. La multitud se agolpaba a la distancia, sus rostros bañados por el resplandor infernal, mientras pocos lograban escapar con vida.

De repente, un estruendo rompió el aire: un vidrio explotó violentamente, haciendo que todos contuvieran el aliento. Nadie pudo distinguir qué criatura o fuerza había irrumpido, solo un movimiento oscuro y sigiloso que parecía moverse por el mismo fuego.

El calor se intensificó con una voracidad inhumana cuando la pared trasera del edificio fue derribada por un impacto brutal. En ese momento, cuatro figuras fueron arrastradas fuera del incendio, salvadas por un rescate inesperado. La sombra, ágil y felina, desapareció saltando de tejado en tejado, como un espectro entre la oscuridad.

En un edificio abandonado, con Lía alado hablando por un parlante y una computadora, con una voz familiar resonó a través de un parlante. “Bien hecho, hermana. Lograste salvar muchas vidas.”

Dikeet sonrió débilmente, aunque sus ojos cargaban el peso de una verdad más dura: en sus manos había más vidas arrebatadas que salvadas. Con un gesto cansado, se quitó el transmisor que descansaba en su oreja de gato.

“Tranquila,” dijo Lía con firmeza, colocando su mano en su hombro “haces lo que puedes, por ahora. Pero sé que la sangre que llevas en tus manos no se olvida tan fácilmente.”

Ambas emprendieron el camino a casa. Lía ayudó a Dikeet a ocultarse dentro del auto, cubriéndola con una manta mientras la gata mantenía las orejas bajas, observando en silencio cómo la vida normal continuaba sin ella. En su mente, solo quedaba la visión de la sangre, la caza y el instinto de depredador que intentaba reprimir.

Al llegar a su refugio, una pequeña cabaña inconclusa en las afueras de Blue City, las hermanas se resguardaron del frío y la incertidumbre. Con las provisiones limitadas que pudieron conseguir, comenzaron a preparar la cena mientras Dikeet se encargaba de traer alimento desde el bosque cercano.

En esa quietud tensa, bajo el cielo estrellado, ambas sabían que la tarea de salvar vidas apenas comenzaba, y que cada vida salvada sería una carga que pesarían con fuerza.

La merienda había terminado, y el silencio entre las dos hermanas era sereno pero denso, como si cada bocado de galleta intentara suavizar el sabor amargo del pasado.

Lía observó a Dikeet con ternura, y le habló con la voz suave pero firme que solo una hermana menor puede usar con autenticidad.

—Los héroes… a veces tienen orígenes oscuros —dijo mientras tomaba su mano cubierta de vendas—. Pero lo que de verdad los define no es el inicio… sino lo que hacen después.

Dikeet no respondió de inmediato. Solo miró las estrellas a través del agujero en el techo improvisado de la cabaña, sintiendo la brisa fría deslizarse entre sus orejas caídas.

—No soy un héroe, Lía —susurró con pesar—. No después de todo lo que hice.

Lía se acercó sin dudarlo y la abrazó con fuerza por la espalda, hundiendo su rostro en su cabello despeinado, sintiendo el temblor de su hermana en el pecho.

—Tal vez ahora todo esté gris, Dikeet… —susurró—. Pero el color volverá. Te lo prometo. Solo tenemos que resistir un poco más.

Dikeet cerró los ojos, aferrándose a ese momento como si fuera la única luz en su mundo de sombras.

Mientras tanto, en un lugar muy lejano...

Un helicóptero negro descendía sobre una isla envuelta en espesa niebla, escondida incluso de los satélites más potentes. El zumbido de las hélices era ahogado por la bruma, y los faros apenas atravesaban la oscuridad.

Un hombre descendió del helicóptero con paso seguro. Traje negro, gafas oscuras, rostro inescrutable. A su lado, caminaba una mujer de presencia imponente: cabello largo azabache con rayas verde esmeralda desde la raíz, fluyendo como venas que narraban su propia historia.

Ambos se detuvieron frente a una compuerta de metal blindado, que se abrió tras un escaneo biométrico. El pasillo iluminado con luces rojas los recibió como una garganta mecánica tragándose sus figuras.

A medida que avanzaban, el sonido de botas militares se escuchaba en cada esquina. Soldados con rifles experimentales, cámaras girando, científicos tras cristales y puertas selladas. La instalación parecía más una prisión que un laboratorio.

—Ya están circulando las imágenes de Kambrio —dijo la mujer mientras caminaban—. El gobierno puso los ojos sobre nosotros. Estados Unidos. Japón. Asta Francia. No podemos cubrir esto por mucho tiempo.

—Ya solicité evacuar las instalaciones vulnerables —respondió el hombre sin mirar atrás—. Pero no necesitamos cubrirnos... solo necesitamos contraatacar.

Se detuvieron frente a una puerta doble de acero. El hombre colocó su mano, revelando una prisión de acero tras un cristal grueso. En su interior, una figura femenina permanecía de pie, encadenada desde los brazos y piernas. Su cuerpo imponente mezclaba lo humano y lo salvaje: cabello violeta oscuro, orejas de lobo, garras como cuchillas y una cola peluda golpeando con fuerza la pared metálica.

Sus ojos, dos faroles lila cargados de furia, brillaban con la intensidad de una tormenta contenida.

—¿Por qué ella? —preguntó la mujer.

—Porque este producto no es uno cualquiera —dijo el hombre mientras apoyaba la mano en el vidrio—. La llaman Sabueso de Caza… Y necesito algo que rastree lo que buscamos en la oscuridad. Que lo persiga. Y que lo destruya si hace falta.

Una sonrisa fría cruzó su rostro.

—Porque si vamos a jugar con monstruos… quiero usar uno peor.

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