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​Luz En El Cristal

​Luz En El Cristal

Status: En proceso
Genre:Dominación / Amor-odio
Popularitas:42k
Nilai: 5
nombre de autor: EJ CB

​Él es cristal: frío, poderoso e inquebrantable. Ella es la luz que amenaza con romperlo.
​Alistair Vance, un CEO implacable que lo toma todo por la fuerza, encuentra su obsesión en la dulce Evie Morales. Pero cuando una traición cruel destruye su confianza, ella desaparece, dejando al hombre más poderoso del mundo de rodillas.
​Él está dispuesto a quemar el mundo para encontrarla. Ella solo quiere olvidar que alguna vez lo amó.

NovelToon tiene autorización de EJ CB para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

El intruso de luz

El piso 40 de la corporación Alistair & Co. era, en esencia, un mausoleo dedicado al éxito. El diseño era una oda al cristal y al acero quirúrgico; no había alfombras que amortiguaran los pasos, ni cuadros que no fueran abstractos y fríos. Todo allí estaba diseñado para recordar a los empleados que el tiempo era dinero y que las emociones eran una variable ineficiente.

Alistair caminaba por el pasillo principal con la zancada de un hombre que nunca ha tenido que pedir permiso para existir. A sus veintiséis años, su presencia era imponente, una mezcla de herencia aristocrática y una ferocidad moderna que le había ganado el apodo de "El Ejecutor" en los círculos financieros. Su traje, una pieza de sastrería italiana en azul medianoche, se ajustaba a sus hombros anchos con una precisión que rozaba la perfección. No había ni una arruga en su ropa, ni una duda en su mirada.

—Diles que si no presentan el balance de riesgos antes de las seis, pueden empezar a vaciar sus escritorios —dijo Alistair, sin girarse hacia el asistente que lo seguía a duras penas, cargando una tablet y dos carpetas de cuero.

—Pero, señor, el equipo de riesgo dice que los datos de la sucursal de Londres aún no...

Alistair se detuvo en seco. El asistente casi choca contra su espalda. Cuando Alistair se giró, su rostro era una máscara de mármol. Sus ojos, de un negro tormentoso, se clavaron en el joven empleado con una frialdad que parecía descender la temperatura del pasillo varios grados.

—No me interesan los "peros", Marcus. Me interesan los resultados. Londres tiene cinco horas. Tú tienes cuatro para hacerme llegar ese informe. ¿Fui claro?

El asistente tragó saliva y asintió frenéticamente antes de dar media vuelta y desaparecer por el pasillo. Alistair suspiró, un sonido sordo que denotaba un cansancio que se negaba a admitir. Estaba harto de la incompetencia, harto de la previsibilidad de su vida.

Se dirigió a su oficina privada, el santuario donde nadie entraba sin una cita previa de tres semanas. Sin embargo, al acercarse a la gran puerta de doble hoja, notó algo que hizo que sus sentidos se pusieran en alerta. El aire en el pasillo, normalmente aséptico y con un ligero rastro a productos de limpieza caros, se había transformado. Había una nota dulce, orgánica... un aroma a vainilla y margaritas frescas que no pertenecía a ese edificio de metal.

Frunció el ceño. Alistair era un hombre de orden, y aquel aroma era una anomalía. Empujó las puertas con más fuerza de la necesaria.

Lo que vio dentro lo dejó sin habla por un segundo que le pareció una eternidad.

Su escritorio de caoba negra, una pieza de diseño único que costaba más que un coche de lujo, estaba cubierto de planos, bocetos a carboncillo y una mochila de tela desgastada que desentonaba horriblemente con la estética del lugar. Pero lo más impactante no era el desorden, sino la ocupante de su silla.

Una chica, que no parecía tener más de veinticuatro años, estaba sentada allí con absoluta comodidad. Llevaba un vestido de lino amarillo, un color que Alistair consideraba ofensivo para una oficina, y tenía una coleta alta de la que escapaban varios mechones negros. Tenía unos auriculares puestos y tarareaba una canción alegre, moviendo los pies descalzos —sus sandalias estaban tiradas en la alfombra— al ritmo de la música mientras revisaba un visor de diapositivas.

Alistair sintió una chispa de irritación, pero también algo más. Algo que no lograba identificar.

—¿Quién es usted y qué demonios hace sentada en mi escritorio? —Su voz retumbó en las paredes de cristal, cargada de una autoridad que solía hacer que la gente se pusiera a temblar.

La chica dio un pequeño salto, sorprendida, y se quitó los auriculares dejándolos caer sobre su cuello. Cuando levantó la vista, Alistair se encontró con unos ojos de un café oscuro, llenos de una vitalidad que nunca había visto en ese edificio. No había miedo en ellos. Había curiosidad.

—¡Oh! —exclamó ella, soltando una risita que sonó como campanillas en medio de un funeral—. Tú debes de ser el ogro. O el señor Alistair. Depende de a quién le preguntes en el vestíbulo.

Alistair cerró la puerta tras de sí con un golpe seco. Caminó hacia el escritorio, rodeándolo como un depredador que encuentra a un intruso en su cubil.

—Soy el dueño de esta empresa. Y usted está invadiendo mi propiedad privada.

—Soy Evie —respondió ella, ignorando su tono amenazante y extendiendo una mano pequeña y manchada de grafito—. La nueva consultora visual y fotógrafa para el proyecto de remodelación del ala este. Tu secretaria me dijo que tu oficina era la que tenía la mejor luz natural a esta hora para estudiar los ángulos del edificio. Y no mentía, la luz es... exquisita. Como tú, supongo.

Alistair se quedó mudo. "¿Exquisita?". ¿Se estaba refiriendo a la luz o a él? La audacia de la chica era desconcertante. Se negó a estrechar su mano, en lugar de eso, apoyó ambas manos sobre el escritorio, inclinándose hacia ella para imponer su estatura.

—Evie —pronunció, y el nombre se sintió peligrosamente suave en su lengua—. Tienes exactamente sesenta segundos para recoger este... caos, y salir de mi vista. El proyecto de diseño no comienza hasta mañana. Mis horarios no son sugerencias, son leyes.

Evie no se movió. Al contrario, se reclinó en la silla de cuero de Alistair, observándolo con una sonrisa traviesa que hizo que el pulso de él diera un salto involuntario. Ella lo analizó de arriba abajo, deteniéndose en el nudo perfecto de su corbata y luego en sus ojos tensos.

—Mañana es muy tarde, Alistair —dijo ella, usando su nombre de pila sin el menor rastro de duda—. La luz de las cuatro de la tarde es la que define la estructura del cristal. Si quiero que el nuevo diseño refleje quién eres tú, necesito verte aquí, ahora, con este sol. Aunque, por lo que veo, eres un hombre que prefiere las sombras y el aire acondicionado.

Ella se puso en pie. Era mucho más baja que él, llegando apenas a la altura de su pecho, lo que obligaba a Alistair a mirar hacia abajo. La cercanía permitió que el aroma a vainilla lo envolviera por completo. Era un olor cálido, honesto, que chocaba violentamente con la frialdad de su entorno.

—Relájate un poco —continuó Evie, dando un paso hacia él, invadiendo ese espacio personal que nadie se atrevía a cruzar—. He oído que no sonríes desde que se inventó el interés compuesto. ¿Es verdad?

Evie extendió una mano y, antes de que Alistair pudiera reaccionar, rozó con la punta de sus dedos la tela de su manga. Fue un contacto fugaz, apenas un segundo de piel contra lana fina, pero para Alistair fue como si hubiera tocado un cable de alta tensión. Una descarga eléctrica le recorrió el brazo, instalándose directamente en la base de su columna.

Él retrocedió medio paso, sorprendido por su propia reacción física. Su mente, siempre lógica y fría, no lograba procesar por qué el roce de una extraña lo había afectado más que cualquier negocio de millones de dólares.

—Eres una molestia —murmuró él, su voz perdiendo un poco de su filo cortante, volviéndose más baja, más densa.

—Y tú eres un aburrido —replicó Evie, guiñándole un ojo mientras empezaba a recoger sus planos con una parsimonia desesperante—. Pero no te preocupes, Alistair. Estoy aquí para arreglar eso. Voy a enseñarte que hay vida fuera de tus hojas de cálculo.

Alistair la observó mientras ella se ponía las sandalias, tarareando de nuevo. Había algo en su alegría que le resultaba irritante, pero a la vez, fascinante. Era como si ella fuera de otro mundo, un mundo donde el sol siempre brillaba y la gente decía lo que pensaba sin miedo a las consecuencias.

—Mañana —dijo Alistair, recuperando su compostura mientras ella se colgaba la mochila al hombro—. A las ocho en punto. Ni un minuto más.

Evie se detuvo en la puerta, se giró y le lanzó una sonrisa que iluminó la habitación más que el sol de la tarde.

—A las ocho estaré aquí. Traeré café. Del de verdad, no esa agua sucia que bebes tú. ¡Hasta mañana, Alistair!

Cuando la puerta se cerró, el silencio regresó a la oficina, pero ya no era el mismo silencio de antes. El aroma a vainilla seguía flotando en el aire, y Alistair se encontró mirando el lugar donde ella había estado sentada. Se tocó el brazo, justo donde ella lo había rozado, y sintió que su piel aún hormigueaba.

Se sentó en su silla, notando que aún conservaba un poco del calor corporal de Evie. Por primera vez en veintiséis años, Alistair sintió que el cristal de su mundo empezaba a mostrar una pequeña, pero irreversible, grieta.

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B💫🤍Tasharen ^_^
quiero más capítulo ☺️
Isabella Medina🌹
obsesionado 🤭
Isabella Medina🌹
🥺😕🤷♥️
Camila Rojas🌹
Cada vez más bueno este libro🌹
Camila Rojas🌹
/Heart//Heart/
Marisel Rio
💕💕💕💕💕 Me encantan los protagonistas solo espero que cuando lleguen los problemas los afronten juntos y no se dejen engañar 💕💕💕💕
🦋 ⃝⃕✨åÐåï✨ ⃝⃕🦋
😞😞😔😔😔
🦋 ⃝⃕✨åÐåï✨ ⃝⃕🦋
ay noooo 😱😱😱😱
🦋 ⃝⃕✨åÐåï✨ ⃝⃕🦋
😒😒😒😒😒 rata callejera
Alejandra Mendoza🌹
más, más 🥰🌹
Angela Zambrano. J
❣️
Fatima Suárez🌹
Me encanta demasiado 🥰❤️‍🔥🤩
Fatima Suárez🌹
Uhm,ujhum🥰
Fatima Suárez🌹
me encanta esto
𝙅𝙖𝙣𝙚𝙩𝙝 ♥💫
Bello capítulo
𝙅𝙖𝙣𝙚𝙩𝙝 ♥💫
❣️
Anyi Teran🌹
más por favor
Lulu García Verde
Esa mujer es tonta el no la hecho nada se cree una mártir que asco
Ley Rui2
más capitulo 🤭
Camila Torres🌹
te puedes esconder debajo de las piedras, pero el te encontrará ☺️
Sara Gómez🌹: total 🤫
total 1 replies
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