Sydney Brown, una joven asocial desafortunada se ve forzada a trabajar en los baños de un templo.
Unos baños que cargan con una maldición que acecha desde los rincones en una espiral de rencor y odio que parece no terminar jamás.
Donde deberá elegir si...
¿Ser una heroína?
¿Ayudar a la maldición?
¿O no hacer nada y observar como el rencor destruye a las personas de su alrededor?
NovelToon tiene autorización de Powder34 para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.
Capitulo #1: Sydney Brown Watson
...----------------...
...PARTE I:...
...MALDICIÓN...
...----------------...
Después de un largo día trabajando y jugando videojuegos en mis directos, me levanté de mi silla para salir a comprarme algo de comer.
Salir de casa no me gustaba, menos cuando mis padres no estaban. Era común que no estuvieran en casa, debido a sus trabajos súper importantes. A decir verdad, que no estuvieran me ponía demasiado nerviosa, no aguantaba estar sola.
Siempre me había sentido sola, a pesar de estar acompañada ese sentimiento nunca se desvaneció, lo sé es contradictorio pero creo que lo que más dolía no era la soledad, sino el hecho de preocupar a mi padres por mi miedo a salir al mundo exterior.
Al salir, el viento siempre me golpeaba en la cara, el sol me quemaba tanto que me mareaba, mis manos no dejaban de temblar por el miedo. El terror por lo que pensaban los demás, era inevitable, lo único que podía hacer era ponerme mi música favorita y cantar en voz baja para no pensar en sus frías miradas que se clavaban en mi espalda.
Aunque llevara conmigo mi celular, estaba rodeada de completos extraños, en un lugar en donde si muriese nadie me tomaría en cuenta, ni siquiera mi mamá...
A pesar del miedo, que hacía a mi corazón latir a una gran velocidad, que me hacía sudar más de lo normal y que me causaba náuseas debido a la ansiedad.
Caminé hasta una tienda, para comprar una sopa instantánea, oliendo en el camino un horripilante olor a perro muerto que provenía de una casa clausurada por cinta amarilla, que usaban los guardias para alejar a las personas de las escenas del crimen. También pude observar múltiples carteles de búsqueda, de una persona llamada “Sadako”.
Creía que ese infierno de mañana solo iba a durar unos pocos minutos hasta que de pronto mientras buscaba la sopa, fui interceptada por un viejo compañero de mi antiguo trabajo como cajera de una tienda.
Él era un hombre fornido, con cabello negro como el carbón y con ojos azules claros como el mar, su voz era bastante seductora, y tranquilizante.
Verlo me hizo soltar un chillido parecido al que emiten las cobayas, su sola presencia hizo burbujear mi estómago, no era por amor, ni por nada similar. Es solo que… los chicos me daban mucho pavor, más que las mujeres, ambos eran seres que no entendía en lo absoluto.
—Se-Sebastián, ¡Di-Días buenos!
—¿May? ¿Verdad? —sabía que ese no era mi nombre pero… ¡No podía aguantar más socializando! ¡No podía! Así que asentí para que solo se callara y se fuera de la tienda cuanto antes—. Ahm… me preguntaba si tú quisieras ayudarme, prometo pagarte y ayudarte en lo que necesites, solo ayúdame a atender a las personas en los baños termales del templo Shirakawa
Me quedé paralizada con la mano en mi boca debido a las náuseas que sentía, mi rostro se tornó pálido. Intenté decir una palabra pero no me salía la voz, todo a mi alrededor comenzó a tornarse borroso.
—Ahm… ¿Te encuentras bien?
—Es-¡Está bien!, ¡Yo te ayudaré! —grité sintiendo un caldito subiendo por mi garganta—.
Antes de que pudiera escuchar su respuesta a toda velocidad corrí hacia mi casa para encerrarme, y beber una taza de té, eso siempre me relajaba.
Cuando mi corazón volvió a estar estable, volví a salir para comprar mi sopa instantánea, solo que a diferencia de antes me moví con más cuidado para que nadie conocido volviera a interceptarme.
Gracias a Dios, no volví a encontrarme con Sebastián y pude comprar mi sopa sin más problemas. La verdad fue entretenido ver a mi compañero de nuevo, la verdad me hubiera gustado saber más de él, de su esposa e hijo.
Pero supongo que aunque quisiera no podía, al menos no sin parecer una rara o sin vomitar en el proceso.
Esa misma tarde, después de comerme mi sopa mientras veía una película de superhéroes, me metí a bañar debido a que como se podrán imaginar mi olor no era el más agradable de todos.
Lo importante es que mientras me tomaba un baño en la regadera de la casa de mis padres, escuché como alguien abría la puerta principal. No le di mucha importancia, ya que creía que eran mis padres, ellos siempre llegaban a esas horas de la tarde.
Seguido de oírse la puerta se escucharon pasos acercándose al baño, los pasos eran distintos, por el sonido de las pisadas notabas al momento que no llevaban zapatos.
Seguí sin darle importancia, incluso cuando tocaron de forma brusca el baño. El sonido brusco del golpe sin duda me hizo dar un salto del susto.
—¡¡Mujer!! ¡Estoy bañándome! —dije molesta pensando que era mi madre—.
No fue hasta que sentí que alguien me respiraba en la nuca y un cabello rasposo en mi hombro. Como se podrán imaginar me quedé paralizada de miedo, sentí como todo se detuvo, al igual que sentía mi corazón latiendo con fuerza en mi pecho.
Temblando intenté ignorar lo que pasaba creyendo que así se iría, mientras más pasaban los segundos la respiración se hacía más y más notable, el cabello seguía cayendo en mis hombros.
Sabía que eran cabellos no por la sensación, sino porque mientras me bañaba, pude ver el cabello negro cayendo por mis hombros y rozando por mi pecho casi plano.
No quería voltear, ¡No quería! ¡Simplemente no quería! Tampoco podía huir solo podía seguir fingiendo que no pasaba nada, que todo estaba bien.
—Akachan… —susurró algo en mi nuca—
Casi al borde de las lágrimas y con la respiración agitada seguí lavando mi cuerpo con la esperanza de que mis padres llegaran, siempre que ellos estaban… me sentía bien… me sentía tan fuerte y valiente… ¡Sabía que con ellos podía hacer lo que sea!
Como si fuera un rayo de esperanza el sonido de la puerta abriéndose junto a la risa de mi madre se escuchó. Al escuchar a mi madre, respiré hondo y volteé para enfrentar lo que había detrás de mí.
Llevándome un inmenso alivio al ver que no había nadie, con un suspiro —cargado de un alivio tan grande que incluso me salieron lágrimas de felicidad— cerré la llave de la regadera y agarré mi toalla para secarme.
—¡Syd! ¡Amor! May y yo te trajimos pizza
—También te trajimos un folleto de apartamentos —se burló mi hermana mayor desde la sala principal—.
—¡May, no seas grosera! —me defendió mi madre—.