Ella solo quería olvidar aquella noche.
Él jamás dejó de buscarla.
Dos gemelos, un secreto guardado durante cinco años y un reencuentro que no estaba en los planes de nadie.
El amor, el pasado y la verdad chocarán cuando el destino decida intervenir.
NovelToon tiene autorización de aylustar para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.
ྀིDos Rayas ྀི
Ariana, princesa, ¿por qué no bajas a desayunar? —preguntó una voz masculina al otro lado de la puerta, tocando con suavidad.
—Tío… Adrián —la voz de Ariana tembló apenas abrió.
Adrián Miller no necesitó escuchar más. Al verla, con los ojos hinchados y enrojecidos, corrió a abrazarla. Ariana se aferró a él con fuerza, escondiendo el rostro en su pecho, como cuando era niña.
—¿Qué pasó, Ariana? —le preguntó mientras le acariciaba el cabello y le secaba las lágrimas—. ¿Quién te hizo daño? ¿Por qué tienes los ojos así?
Ariana no respondió. Con manos temblorosas, sacó algo del cajón de su mesa de noche y se lo mostró.
Era un test de embarazo.
Dos líneas.
El mundo de Adrián se detuvo.
—Ariana… no me digas que estás embarazada —susurró, pálido—. ¿Cómo… cómo pasó esto?
Ella jugó nerviosamente con sus dedos. Las palabras no salían. Adrián, inquieto, la tomó con cuidado de los brazos y la miró fijamente.
—Mírame —pidió—. ¿Tienes novio? Sabes que tu madre no te lo permite, por eso te metió en una academia solo para chicas.
Ariana bajó la mirada.
—Tío… ¿recuerdas cuando fui con la hijastra de mi padre, Lucía, a una comida en un hotel de lujo? —murmuró.
Adrián frunció el ceño.
—Claro que lo recuerdo. Te dije claramente que no fueras. Pero fuiste por capricho, solo para molestar a tu madre.
—Ese día… —Ariana levantó la vista— estuve con un hombre.
Semanas antes.
Ariana y Bianca estaban juntas en el salón del hotel. La música era fuerte, el ambiente pesado. Algo no se sentía bien.
—Bianca… no me siento bien —se quejó Ariana, llevándose una mano al pecho.
—¿Ah, sí? —respondió Bianca con una sonrisa torcida mientras tomaba una copa—. Por eso dije que no debías venir.
—Tengo calor… y este vestido no me gusta, es muy ajustado —dejó la copa sobre la mesa—. ¿Me acompañas al baño?
—Claro, hermana —dijo Bianca, alzando la voz—. Chicas, ya volvemos, a la bebé se le siente mal.
Rió.
Ariana sintió un ambiente extraño, pero no le dio importancia.
—Es broma, hermanita —susurró Bianca—. Solo estoy jugando. Aún no entiendes nada… perdonen, apenas tiene dieciocho años recién cumplidos.
La tomó del brazo y se la llevó.
Los pasillos parecían borrosos. Ariana estaba mareada; la voz de Lucía se escuchaba distante.
—¿Bianca… estás segura de que aquí es el baño?
—Sí, sí, entra —dijo empujándola dentro—. Idiota. Ahora ya no serás la favorita de papá.
Cuando Ariana volvió en sí, se dio cuenta de que no estaba en un baño, sino en una habitación.
—Bianca, esto no es un baño… —intentó abrir la puerta.
Estaba con llave.
De pronto, una mano grande la tomó y la giró bruscamente.
—¿Qué hace? ¡Déjeme! —gritó asustada.
—Necesito tu ayuda… —dijo el hombre, jadeando, cubierto de sudor.
—¿Qué tipo de ayuda? ¿Llamo al 911? —preguntó ella, nerviosa.
—Necesito tu cuerpo.
El hombre comenzó a besarle el cuello. Ariana quedó paralizada.
—¡Duele! Señor, por favor, déjeme —intentó soltarse.
Pero él era más fuerte. Ella cayó sobre la cama y lo miró.
Era un hombre hermoso.
—No… yo no puedo —susurró, resistiéndose.
—Te cuidaré… solo déjate llevar —murmuró él en su oído.
Adrián quedó en silencio al escuchar la historia.
—No… no… si tu madre se entera de esto, nos mata —susurró—. ¿Sabes quién es él?
—No… —Ariana negó—. Era un hotel de fiesta, supongo que algún joven de la noche… no lo sé.
—No puede ser… embarazada de un extraño —dijo Adrián, alzando la voz.
—Tío, shhh —lo calló—. Sabes lo tradicionalista que es mamá. Desde que papá la engañó con la señora Choi, quedó peor.
—Lo sé… pero ¿qué vamos a hacer?
En ese momento, una sombra apareció en la puerta.
Era Renata Miller.
Una mujer de cuarenta y cinco años, elegante, firme, con una presencia que imponía silencio.
—¿Qué hacen ustedes aquí? —preguntó con frialdad—. ¿Por qué no bajan a desayunar?
—Nada, hermana —respondió Adrián, levantándose rápido—. Solo extrañaba a mi sobrina. No es fácil venir desde Estados Unidos.
Renata los miró con desconfianza.
—Vamos —ordenó.
Ariana se dejó caer en la cama cuando se quedaron solos. Puso una mano sobre su vientre.
—Mejor iré al doctor… estas cosas se equivocan —susurró, mirando el test.
Soy Ariana Lee.
Mi padre es coreano, diseñador de joyas. Mi madre, Renata Miller, es una magnate estadounidense del mundo de los bolsos. Se divorciaron cuando yo tenía quince años.
Tengo dieciocho. Tengo una hermanastra de veinte, Bianca, hija de la esposa de mi padre, la señora Choi.
Me gusta la moda. Soñaba con ir a la universidad y convertirme en una gran diseñadora.
Eso era lo que creía.
—Felicidades, señorita Lee —sonrió el doctor—. Está embarazada de varias semanas.
—¿Qué? —rió nerviosa—. Doctor, debe ser un error. Tengo dieciocho años… tengo que ir a la universidad.
El doctor la miró serio.
—Eso debió pensarlo antes —escribió algo—. Felicidades.
Ariana sintió náuseas.
—Cosas de madres primerizas —comentó él.
Mientras anotaba, una mujer elegante entró.
—Hola, doctor —dijo tímidamente—. ¿Qué tiene la chica que salió corriendo?
—Ah… —sonrió—. Está embarazada.
—Oh… —extendió la mano—. Soy Bianca Choi, su hermana mayor.
Ariana salió del hospital confundida, triste… pero extrañamente optimista.
—Mamá… suena raro decir eso —murmuró mirando el cielo.
Al pasar por una panadería, un pastel le llamó la atención. Entró y lo compró.
En casa, Adrián y Renata hablaban cuando tocaron la puerta.
Bianca apareció con una sonrisa falsa.
—Vine a traerle un regalo a Ariana —dijo—. Ya me voy.
Renata entró justo a tiempo.
—¿Qué hacen tantos gritos? —preguntó—. ¿Y qué hace aquí la hija de la mujer que destruyó mi matrimonio?
—Disculpe, señora Miller —dijo Bianca con dulzura venenosa—. Me preocupé por Ariana… está embarazada.
Bianca se fue.
Minutos después, Ariana entró.
—¿Por qué Lucía estaba aquí…?
No terminó la frase.
El golpe resonó en la habitación.
—¿ESTÁS EMBARAZADA A LOS DIECIOCHO AÑOS? —gritó Renata—. ¿QUIÉN ES EL PADRE?
—No lo sé… mamá, perdón —suplicó—. No les hagas daño a los bebés.
—Mañana iremos al hospital —dijo Renata—. Interrumpirás el embarazo y luego irás a un internado.
Esa noche, Ariana lloró abrazando su peluche.
—Tío… —susurró—. Por favor, dile que me deje a mis bebés.
—¿De verdad los quieres?
—Sí.
Mientras tanto, en la universidad más prestigiosa de Corea.
—Señor Kang Taehyun, no encontramos a la mujer de esa noche —informó un asistente.
Taehyun cerró el libro con fuerza.
—Búsquenla. Cueste lo que cueste.