Alice miro por la ventana y se percató que ya había oscurecido, para cambiar el tema de conversación le dijo:
– ¿Dónde vas a dormir? Ya está oscureciendo.
– ¿¡Qué!? ¡Este es mi camarote! ¿¡Tú dónde vas a dormir!?
Alice regresó a su falsa cara triste.
– Solo soy una niña, si me lanzas de este lugar me enviarás hacía muchos peligros, ¿acaso es lo qué quieres? ¿qué me pase algo?
Robert nuevamente trono la boca y penso "Tsk, esta maldita tipa realmente es una manipuladora"
Robert abrió su maleta y saco algunos artículos personales, por su parte Alice vió con mucho cuidado cual era su clave sin que él se diera cuenta.
– Voy a ver si mi amigo Cristopher me recibe en su camarote, le diré que hay un ratón o algo así. No le abras a nadie, mañana regresaré y tocaré tres veces, si no escuchas esas tres veces no abras.
Alice espero alrededor de 20 minutos, después corrió a la valija de Robert, la abrió y reviso con cuidado: encontró ropa y sus tarjetas de identificación, también un poco de dinero.
Vió un estuche al fondo de la maleta y entonces tuvo curiosidad, cuando lo abrió comenzo a morir de la risa, tanto que le dolía el estómago.
Nunca penso que ese chico a su edad siguiera creyendo en magos y magia.
También vió algo que le gusto, era una bufanda con franjas plateadas y verdes intercaladas, pensó que a Robert no le molestaría así que se la coloco.
Encontró un paquete de ropa interior nueva, saco una de las prendas y entro al baño para tomar una ducha.
Cuando estaba por salir escucho un ruido, solamente se puso la toalla alrededor del cuerpo y con sumo cuidado abrió la puerta corrediza.
Estaba a punto de saltar frente al intruso cuando vió la cara enojada de Robert.
– ¿Quién te dio permiso de hurgar mis cosas? Aún más importante, ¿cómo supiste la contraseña?
– Tengo muy buen oído.
– Eres una mentirosa, esta contraseña no emite ningún sonido.
– Esta bien, lo confieso, te espíe.
– ¿Qué es lo que querías? Estás colmando mi paciencia.
– Solamente tenía curiosidad, no me haz dicho nada de tí, no se tú nombre ni quién eres.
– Mi nombre es Robert Smith.
– Ya lo sabía.
– ... ¿Entonces por qué hurgaste mis cosas si ya sabes quién soy?
– Me enteré por hurgar tus cosas, me encontré tú pasaporte. Pero no hay que discutir, ya hay que dormirnos, anda.
Al decir ello Alice empujó a Robert hasta afuera del camarote.
– Y te dije que cerraras la puerta, ni siquiera estaba bien cerrada cualquiera pudo haber entrado. Ten más cuidado.
Alice de forma apresurada le dijo que sí, en cuanto lo echó y cerró la puerta se escuchó cuando puso el pasador desde el interior del camarote.
En cuanto estuvo a solas comenzó a ponerse la ropa del chico y una camiseta cómoda. Se tiró sobre la cama con la laptop de Robert que para su fortuna no tenía contraseña y comenzo a buscar información de la familia Smith.
Mientras la información se descargaba, Alice entro a la galería y comenzó a ver las fotografías, encontró fotos de Robert con su familia: quién parecía ser su madre, su padre, sus abuelos, unos mellizos, un niño pequeño y una adolescente que parecía payaso debido al maquillaje cargado.
A Alice le pareció que Robert tenía una familia muy bonita, sintió algo de envidia pues ella siempre quiso tener hermanos pero sus padres se negaron.
Todos eran muy parecidos a su padre, un hombre muy elegante y atractivo, sin embargo su madre también era muy bonita peor parecía muy joven para ser su verdadera madre, lo que despertó aún más su curiosidad.
Cuando por fin la información se descargo, se entero que en realidad el padre de Robert había fallecido años atrás y la mujer que aparecía en las fotos no era su madre biológica aunque en algunas fotos que vio se veía el afecto verdadero que sentía por él, pues en más de una fotografía la mujer le daba una cálida sonrisa a Robert.
No se especificaba de que había muerto Alexander Smith o su verdadera madre, creyó realmente triste ser huérfano como él.
Minutos antes había pensado había pensado que era muy afortunado y ahora cree que Robert es infeliz por lo que ha tenido que pasar, se prometió a sí misma tratarlo mejor en cuanto lo viera. Tal vez ambos estaban compartiendo la misma tristeza de haber perdido a su padre aunque ella tenía la esperanza de encontrarlo.
...****...
Al día siguiente Alice estaba tumbada en la cama aún durmiendo con las mantas en el piso, escucho que tocaban la puerta, al principio fue como si fuera muy lejos y balbuceo.
– Hoy no hay clases, déjenme dormir.
El sonido en la puerta se seguía escuchando, enojada grito:
– ¡Maldición! ¡Que hoy no hay clases, déjenme!
Desde afuera de la puerta se escucho una voz femenina.
– ¿Robert, estás con alguien?
Cuando escucho el nombre de Robert, Alice despertó y dio un salto de la cama, ya cometió un error pues no debía hablar con nadie.
Trató de hacer su voz lo más ronca que pudo y se acercó a la puerta.
– ¿Quién eres? Me duele la garganta.
Del otro lado se escucho la misma voz femenina.
– Robert, si quieres te traigo al médico del tren o algún medicamento.
– No es nada, sólo necesito descansar. Por cierto, ¿quién eres?
– Soy yo, Antonella.
Alice susurro para su misma, "Maldición, la enamorada"
– Cierto, cierto. Eres Antonella, perdón aún no despierto bien.
– Te veo más tarde en el comedor.
La chica detrás de la puerta dio un suspiro, pensó que era muy raro que la voz de Robert sonará como una voz femenina pero sí era realmente una enfermedad de la garganta tendría las cuerdas vocales lastimadas así que no le dio mucha importancia y se fue del lugar.
Alice regresó a la cama, quería seguir durmiendo pues toda la noche se paso investigando al dueño del camarote.
Después de unos minutos volvieron a tocar la puerta, está vez tenía que ser más precavida así que se levantó y se acercó a la puerta.
Con voz ronca preguntó quién era.
– Soy yo, Robert. ¿Quién más quieres qué venga aquí?
En cuanto se abrió la puerta Robert entró rápidamente, no quería ser visto en el pasillo.
Alice tenía la hermosa cabellera rubia hecha un nido de pájaros, llevaba una playera como pijama y en se alcanzaban a ver sus piernas y para la sorpresa de Robert vio su ropa interior en el trasero de esa niña.
En cuanto Alice vio el rostro enojado de Robert corrió nuevamente a la cama y se cubrió la parte baja del cuerpo.
– ¿Qué te tapas? Ya vi que estas ocupando mis calzoncillos.
– Cuando los míos estén limpios y secos, lavaré los tuyos y te los devolveré. No tienes que ser tan egoísta.
– Que asco, te los puedes quedar solo no me los devuelvas por favor. No podría usarlos.
Alice dio un suspiro de alivio y recordó la promesa que se había hecho a sí misma.
Robert también recordó que mientras estaba con Cristipher en su camarote habían visto el rostro de Alice en un noticiero, se estaba buscando el paradero de la hija de una importante coronel, entonces Robert entendió lo que quiso decir, estaba huyendo pero no de la policía sino de casa.
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Comments
Mildred Álvarez
jajaja jajaja jajajaja 🤣🤣 se puso sus interiores y aún así pretende devolverselos cuando los lave.y el que le da' asco ya terminará. juntos y el asco que siente será dulce a su paladar.
2024-10-15
0
Omirsa Benites
Alice si es tremenda y Robert que es cascarrabias van a terminar dándose de puños🤣🤣🤣🤣🤣
2024-02-06
0
Lidia Sánchez
jajajajaja jajajajaja
2023-01-19
1