El sonido de la lluvia golpeando las ventanas de la mansión de Estefano parecía acompañar los pensamientos sombríos de Adrián. Cada día que pasaba en ese lugar se sentía como un interminable túnel sin salida, y lo peor era que las paredes parecían cerrarse más y más con el paso del tiempo. Estefano tenía control sobre todo, sobre él, y esa sensación de impotencia era lo que más lo devastaba.
Mientras se preparaba para otra cena con los invitados de Estefano, el brillo metálico del reloj que Estefano le había dado como regalo le recordaba que la opresión estaba en cada rincón. Se miró al espejo, tratando de no ver el reflejo de la sombra que había dejado su sufrimiento. Sin embargo, en lo más profundo de su corazón, la pequeña chispa de esperanza seguía viva. Zero seguía buscando.
Estefano entró sin previo aviso, su presencia lo llenó todo. Adrián se giró lentamente, sin mostrar sorpresa.
—Hoy, más que nunca, quiero que todo sea perfecto, ¿me entiendes?—dijo Estefano con una sonrisa fría.
Adrián asintió, sin atreverse a abrir la boca.
—Perfecto...—murmuró, apenas audible, mientras bajaba la mirada.
Mientras tanto, en el club exclusivo...
Zero estaba impaciente. Había pasado horas buscando a Nicolás, pero éste parecía haberse esfumado después de su breve encuentro. Sabía que estaba cerca, y su determinación no lo dejaba descansar. Al salir del club, decidió tomar un nuevo enfoque: si Nicolás no estaba dispuesto a hablar, tendría que presionar donde más le dolía.
En su celular, la imagen de Adrián aparecía constantemente, como un recordatorio de lo que estaba perdiendo. Estaba seguro de que su amigo lo necesitaba más que nunca, y aunque las pistas se desvanecían, el vínculo que compartían era más fuerte que cualquier obstáculo.
De repente, un mensaje interrumpió sus pensamientos. Era de Iliana.
“Zero, lo encontré. Nicolás está con Estefano. Ellos están en un lugar apartado en las afueras de la ciudad. Sé dónde están, pero tendrás que ir rápido. Te estaré esperando.”
Zero sintió una oleada de alivio mezclada con ansiedad. Finalmente, tenía una pista real, algo concreto.
—Es ahora o nunca—dijo en voz baja, mientras subía al auto y se dirigía al destino señalado.
En la mansión de Estefano…
Adrián estaba solo en su habitación, buscando cualquier oportunidad para escapar, aunque sabía que no sería fácil. Había intentado muchas veces antes, pero Estefano siempre lo encontraba. Sin embargo, esa noche algo era diferente. La puerta de su habitación estaba entreabierta, y fuera de ella no se escuchaba nada.
Aprovechó la oportunidad. En silencio, caminó hacia la puerta y la abrió con cuidado. Sus pasos eran ligeros, como si temiera que el simple sonido de sus pisadas pudiera alertar a Estefano. Pero antes de que pudiera avanzar más, escuchó una voz.
—Pensé que me habías olvidado, Adrián.
La voz de Estefano lo hizo detenerse en seco.
—No… no es lo que piensas—dijo Adrián, con el miedo apoderándose de su garganta.
Estefano apareció de la oscuridad, tan tranquilo como siempre.
—¿Qué intentas hacer? ¿Escapar otra vez?—dijo, con una sonrisa cargada de malicia.
Adrián tragó saliva, sin saber qué responder. Se dio cuenta de que había sido descubierto.
—No... no fue mi intención—mintió, sin poder ocultar el temblor en su voz.
Estefano se acercó lentamente.
—Lo sé, Adrián. Lo sé perfectamente. Pero... no vuelvas a intentarlo. Créeme, te arrepentirás de lo que me hagas. Ya basta de juegos.
La angustia se apoderó de Adrián al ver la furia reflejada en los ojos de Estefano. Cada intento de escapar solo lo hundía más en la desesperación.
Zero se acercaba a su destino…
Zero llegó a las afueras de la ciudad, donde la mansión de Estefano se encontraba. Sabía que el tiempo corría en su contra, pero el miedo de no llegar a tiempo lo impulsaba a moverse más rápido.
La mansión estaba protegida por altos muros y cámaras de seguridad, lo que lo hizo aún más cauteloso. Necesitaba encontrar una forma de entrar sin ser detectado. Su mente no paraba de analizar posibles rutas, cada rincón se volvía esencial.
De repente, el sonido de un auto que se acercaba hizo que se ocultara en la sombra. Miró desde su escondite y vio a una figura salir del coche. Iliana.
—Zero—susurró ella, acercándose.
—¿Lo tienes?—preguntó Zero, con urgencia.
Iliana asintió, mostrando una pequeña tarjeta que contenía la dirección exacta de la habitación de Estefano.
—Este es el acceso. Pero ten cuidado, está mucho más vigilado de lo que pensaba—advirtió Iliana.
Zero asintió, tomando la tarjeta. Sabía que este era su único intento. Si fallaba, las consecuencias serían devastadoras.
—Gracias, Iliana—dijo, mientras comenzaba a caminar hacia el acceso, decidido a no dejar que Adrián sufriera más.
En la mansión de Estefano…
Adrián estaba acostado en la cama, mirando el techo. Sentía el peso de la desesperación aplastándolo, pero en algún rincón de su alma, aún mantenía la esperanza. Sabía que Zero no lo abandonaría. Su amigo no lo dejaría en manos de un monstruo como Estefano.
De repente, escuchó un ruido proveniente de la puerta. El sonido de una cerradura girando. Se sentó en la cama, nervioso, pero con el corazón latiendo con fuerza. La puerta se abrió lentamente, y una figura oscura apareció en el umbral.
—Zero—susurró Adrián, sin poder creerlo.
Zero estaba ahí, frente a él, con una determinación en sus ojos que Adrián nunca había visto antes.
—Vamos, Adrián. Es hora de irnos.
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