capitulo 17

Adrián no podía creerlo. Había logrado escapar, aunque fuera por un momento. Cada latido de su corazón resonaba como un tambor mientras corría por las calles oscuras, alejándose de la mansión donde Estefano lo retenía. Sus pies descalzos dolían con cada paso, pero no se detuvo. Llegó a una carretera, jadeando por el esfuerzo, y levantó la mano para detener un auto que se acercaba.

El conductor, un hombre mayor con rostro preocupado, frenó al instante.

—¿Estás bien, hijo?—preguntó, notando la desesperación en sus ojos.

—Por favor, lléveme a la estación de policía. Necesito ayuda—respondió Adrián, con la voz quebrada.

El hombre lo ayudó a subir al auto y, en cuestión de minutos, estaban frente a la comisaría. Adrián bajó apresuradamente, sintiendo que finalmente estaba a salvo.

En la estación de policía…

Adrián relató todo lo sucedido: cómo lo habían llevado contra su voluntad, la constante vigilancia y las amenazas de Estefano. Los oficiales lo escucharon en silencio, pero su reacción no fue la que él esperaba.

—¿Estás seguro de lo que dices? Estefano es hijo de un político muy respetado. Estas son acusaciones serias—dijo uno de los oficiales, con tono escéptico.

Adrián sintió un nudo en el estómago.

—¡No estoy mintiendo! Por favor, solo llámenlo y confirmen dónde estoy—suplicó, pero sus palabras parecían rebotar en un muro invisible.

Entonces, la puerta de la sala se abrió y dos hombres entraron. Adrián reconoció a uno de ellos como un guardaespaldas de Estefano.

—Señor Adrián, lo hemos estado buscando. Su pareja está muy preocupado—dijo el guardaespaldas con voz calmada.

—¡No es mi pareja! ¡Esto es un secuestro!—gritó Adrián, pero los oficiales no reaccionaron.

El guardaespaldas se acercó, extendiendo una mano hacia él.

—Por favor, acompáñenos. Estará más seguro en casa.

Adrián retrocedió, buscando ayuda en las miradas de los oficiales, pero ninguno hizo nada. Antes de poder protestar más, el guardaespaldas lo tomó del brazo con firmeza, llevándolo hacia la salida.

De regreso con Estefano…

Adrián fue escoltado de regreso a la mansión, donde Estefano lo esperaba en el salón principal. Había un silencio pesado en la habitación mientras Adrián era conducido frente a él.

—Adrián, querido—dijo Estefano, con un tono que pretendía ser amable pero que estaba cargado de una fría autoridad—. Estoy decepcionado. Pensé que habíamos llegado a un entendimiento.

Adrián bajó la mirada, sintiendo una mezcla de miedo y frustración.

—Yo… solo quería ayuda—murmuró.

Estefano lo observó por un momento antes de acercarse, inclinándose lo suficiente para que sus ojos estuvieran al nivel de los de Adrián.

—No necesitas ayuda, Adrián. Yo soy todo lo que necesitas. Nadie más puede cuidarte como yo lo hago—dijo con suavidad.

— me obligas hacer lo que no quiero— dijo levantando su mano y dándole una bofetada,

Adrián llora en el suelo, triste porque ahora se sentía sin esperanzas, se dio cuenta de que no sería tan fácil escapar de la locura de Estéfano el solo quería amor pero esa necesidad lo llevo a lugares tan oscuros

Adrián sintió un escalofrío recorrer su cuerpo. Sabía que cualquier intento de resistirse solo empeoraría las cosas, pero cada palabra de Estefano era un recordatorio de lo atrapado que estaba.

Mientras tanto, con Zero…

Zero estaba en el punto de quiebre. Había rastreado varias pistas con ayuda del mayordomo de su familia, pero Estefano siempre parecía estar un paso adelante.

—Es como si supiera exactamente qué estoy planeando—gruñó Zero, frustrado, mientras revisaba un mapa con las posibles ubicaciones.

Iliana, que había estado observándolo en silencio, se acercó con cautela.

—Zero, entiendo que estés preocupado, pero necesitas descansar. No puedes ayudarlo si no estás en condiciones—dijo, colocando una mano en su hombro.

Zero apartó su mano con suavidad pero firmeza.

—No entiendes. Adrián no tiene a nadie más. Si no lo encuentro, nadie lo hará—respondió, con la mirada fija en el mapa.

Iliana suspiró, dándose cuenta de que sus palabras no llegarían a él.

—Siempre has sido terco, pero esta vez parece que es algo más. ¿Es él tan importante para ti?—preguntó, con un tono que intentaba ser casual.

Zero la miró de reojo, notando el brillo de celos en sus ojos.

—Iliana, esto no tiene nada que ver contigo. Por favor, déjame trabajar—respondió, volviendo su atención al mapa.

Pero Iliana no estaba dispuesta a rendirse.

—Zero, siempre he sabido lo que quería, y eso eres tú. No voy a renunciar a ti tan fácilmente—dijo con determinación.

Zero apretó los dientes, sintiendo cómo su paciencia se desmoronaba.

—Deja de llamarme así—dijo, su voz baja pero cargada de enojo.

Iliana lo miró con sorpresa.

—¿Por qué? Es tu nombre—replicó, tratando de entender su reacción.

Zero se giró hacia ella, su mirada fría como el hielo.

—Porque no soy esa persona. Ese nombre representa todo lo que dejé atrás. Ahora solo soy Zero, y no me importa lo que pienses—dijo, dejando claro que su pasado era un tema cerrado.

Iliana retrocedió, herida por su respuesta, pero aún más decidida a ganar su atención.

De vuelta con Adrián…

Adrián estaba sentado junto a una ventana, mirando el cielo oscuro mientras intentaba encontrar una salida. Había perdido la fe en la justicia y en las personas que deberían haberlo protegido, pero aún no podía rendirse del todo.

—Zero… espero que no te hayas rendido conmigo—susurró, permitiéndose una chispa de esperanza mientras el peso de su situación lo aplastaba.

En el fondo, sabía que Zero lo buscaría, aunque las probabilidades estuvieran en su contra.

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