capítulo 9

El sol ya había comenzado a caer cuando Adrián salió de la tienda de comestibles, cargando unas bolsas con lo necesario para la cena. Zero había decidido quedarse en su casa esa noche, como ya era habitual. Pero algo estaba en el aire, algo no estaba bien. De repente, sintió una mirada fija en él. Su corazón latió con fuerza, y al mirar hacia atrás, lo vio: Estefano. Estaba ahí, a lo lejos, observando cada uno de sus movimientos con esa intensidad aterradora que lo perseguía desde hacía semanas.

Adrián trató de ignorarlo y apuró el paso. Sabía que, si no hacía nada, Estefano seguiría siguiéndolo, como lo había hecho muchas veces antes. Pero lo que no sabía era que Estefano ya había planeado todo. Cuando Adrián se distrajo un momento al cruzar una calle, un par de manos fuertes lo sujetaron por detrás, cubriéndole la boca. No pudo gritar, ni moverse. Su visión se nubló, y un escalofrío recorrió su cuerpo.

La última imagen que vio antes de perder la conciencia fue la sonrisa satisfecha de Estefano.

Cuando Zero salió de la tienda minutos después, pensó que Adrián ya estaría en su casa. Sin embargo, al llegar y no encontrarlo, una sensación extraña comenzó a recorrer su cuerpo. Había algo terriblemente mal. Miró su teléfono, pero no había mensajes ni llamadas perdidas. Fue entonces cuando el miedo comenzó a consumirlo. Salió disparado en busca de Adrián, sabiendo que algo grave había sucedido. Las calles estaban vacías, pero en su interior sentía una presión creciente.

Al llegar a la casa de Adrián y no encontrarlo, el miedo se convirtió en pavor. Había recorrido varias calles cercanas, preguntado a la gente, pero nadie había visto nada. La angustia lo hizo sentir que el mundo se derrumbaba a su alrededor. No podía perder a Adrián, no ahora que había comenzado a comprender cuánto significaba para él.

Fue entonces cuando recordó algo: Adrián había mirado detrás de él antes de desaparecer. Estefano. Zero lo sabía. Algo más oscuro se estaba gestando. No solo había un simple acoso, Estefano lo quería para él, a cualquier precio. Y ahora, parecía que ya había dado el primer paso.

Cuando Adrián despertó, estaba en un lugar oscuro, frío y cerrado. No podía ver nada. Su cabeza dolía. Al intentar moverse, se dio cuenta de que sus muñecas estaban atadas con algo muy fuerte. Respiró hondo y trató de calmarse, pero la sensación de pánico le apretaba el pecho. Lo que más le aterraba no era el lugar, sino el hecho de que Estefano estaba allí, observándolo desde la sombra. La respiración de Adrián se aceleró. Estaba completamente a merced de aquel chico. ¿Cómo había llegado a esto? ¿Por qué?

De repente, escuchó la voz de Estefano, que parecía más calmada de lo que Adrián habría imaginado.

—No tienes que tener miedo, Adrián. Estoy aquí para cuidarte. Vamos a ser felices juntos, por fin. Sé que todo esto es confuso, pero confía en mí.

Adrián tragó saliva, sintiendo cómo la angustia lo envolvía. No podía permitir que Estefano lo viera débil. No podía arriesgarse a que lo lastimara.

—No me vas a hacer daño, ¿verdad? —su voz temblaba, pero intentó sonar firme. Estefano no respondió de inmediato. Adrián aprovechó para intentar desatarse, pero fue en vano. Las cuerdas eran demasiado fuertes.

—No quiero hacerte daño, Adrián —respondió Estefano, acercándose a él—, pero necesito que comprendas que esto es lo mejor para los dos. Ya no tienes que preocuparte de nada. Yo te protegeré.

Adrián sentía que todo a su alrededor se desmoronaba. Estefano no parecía dispuesto a dejarlo ir. Tenía que hacer algo, tenía que encontrar la forma de escapar o al menos ganar tiempo. Miró a su alrededor, pero el lugar estaba oscuro y no podía distinguir nada con claridad. No sabía dónde estaba ni qué le esperaba.

Pero entonces, una idea desesperada cruzó su mente. Si decía lo que Estefano quería escuchar, tal vez, solo tal vez, podría salir de allí sin que lo lastimara. Tenía que jugar su carta más peligrosa.

—Está bien —dijo Adrián, con voz temblorosa—. Soy tu novio. Lo que quieras. No me hagas daño, por favor.

Estefano pareció relajarse un poco al escuchar sus palabras. Sonrió, como si fuera lo que esperaba escuchar todo el tiempo.

—¿Lo ves? Sabía que lo entenderías —respondió Estefano, acercándose más, casi rozando su rostro con el suyo.

Adrián cerró los ojos, deseando que esa mentira fuera suficiente para mantenerlo a salvo, mientras dentro de él el miedo seguía creciendo.

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Zero en acción

Mientras tanto, Zero no había descansado. Había llegado al punto de desesperación, corriendo de un lado a otro, preguntando a todos, pero sin obtener respuesta. Fue entonces cuando se dio cuenta de algo: había olvidado el mensaje que Adrián le había enviado horas antes. En él, Adrián le decía que Estefano lo estaba mirando fuera de la biblioteca. Ahora entendía que ese mensaje era la clave. Estefano había seguido su pista, y ahora lo tenía.

La única esperanza que le quedaba a Zero era encontrar algún rastro. Recibió la llamada de un amigo, quien le comentó que había visto algo sospechoso cerca de un edificio abandonado, en la zona más alejada de la ciudad.

Decidió actuar sin perder más tiempo. Tenía que salvar a Adrián. Y no permitiría que Estefano se saliera con la suya.

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