Zero regresó a su pequeño refugio sintiéndose inquieto. Había logrado sacar información valiosa del mayordomo, pero la presión de la situación no le permitía descansar. La amenaza de que sus padres pudieran descubrir su intervención le pesaba, y el constante recordatorio de la joven interesada en él solo añadía más tensión. Sin embargo, nada de eso importaba en comparación con encontrar a Adrián.
Revisó nuevamente los documentos y direcciones que había conseguido. Cada detalle parecía encajar en una red intrincada que Estefano había tejido con la ayuda de su poder e influencia. Pero había algo más: un nombre mencionado en los registros. Casa Lysandra. Un lugar desconocido para Zero, pero su intuición le decía que podía ser importante.
Sin perder tiempo, Zero decidió actuar. Sabía que no podía enfrentar esto solo, pero tampoco confiaba plenamente en nadie más. Su primera parada sería una vieja conocida, una hacker llamada Iliana, que debía favores a Zero desde hacía años. Aunque no había estado en contacto con ella recientemente, sabía que era la única que podría ayudarlo a desentrañar el enigma detrás de esa dirección.
Mientras tanto, en un lugar remoto, Adrián estaba aprendiendo a adaptarse a la prisión dorada de Estefano. Cada día era una batalla constante entre su miedo y su ingenio. Había logrado que Estefano creyera en su supuesta lealtad, mostrándose sumiso y cariñoso. Pero por dentro, cada gesto falso era una daga que lo hería.
—Sabes, Adrián—dijo Estefano una tarde, mientras le ofrecía un libro para que se distrajera—. Si te quedas conmigo, puedo darte todo lo que desees.
Adrián esbozó una sonrisa nerviosa y asintió, jugando el papel que sabía era necesario para sobrevivir.
—Claro, Estefano. Estoy aquí porque quiero estar contigo—respondió, con una voz tan calmada que incluso él se sorprendió de lo convincente que sonaba.
Pero esa misma noche, cuando estaba solo en su habitación, dejó caer la máscara. Lágrimas silenciosas rodaban por su rostro mientras miraba por la ventana. ¿Dónde estaba Zero? ¿Lo estaría buscando todavía?
De vuelta en la ciudad, Zero finalmente llegó al escondite de Iliana. La hacker era una joven excéntrica, con cabello teñido de azul y un lugar lleno de monitores y cables enredados.
—Zero, pensé que habías desaparecido del mapa—dijo Iliana, sonriendo mientras lo hacía pasar.
—Necesito tu ayuda, Iliana—respondió Zero sin rodeos, sacando los documentos que había conseguido. —Es urgente.
Iliana examinó los papeles con atención, sus ojos brillando con emoción al ver el desafío que tenía frente a ella.
—¿Estás metido con políticos ahora? Esto es grande, Zero. ¿Quién es el chico por el que haces todo esto?
Zero desvió la mirada, incómodo con la pregunta.
—Es… alguien importante para mí. Por favor, solo ayúdame.
Iliana no insistió más. Se sentó frente a su computadora y comenzó a trabajar. Durante horas, Zero la observó descifrar códigos y rastrear ubicaciones. Finalmente, Iliana se giró hacia él con una expresión triunfal.
—La Casa Lysandra no es solo una dirección. Es una red de propiedades. Y Estefano parece estar moviendo cosas entre ellas. Pero hay una ubicación que destaca. Está en las afueras, en una zona casi deshabitada. ¿Te suena familiar?
Zero negó con la cabeza, pero algo en su interior le decía que ese era el lugar.
—¿Puedes darme más detalles?
—Es un lugar fortificado, pero no imposible de entrar—dijo Iliana, mostrando un mapa en una de sus pantallas. —Zero, ¿seguro que quieres hacer esto solo?
—No tengo otra opción.
Iliana suspiró y le entregó una memoria USB con toda la información.
—Aquí tienes todo lo que necesitas. Ten cuidado, Zero. Este tipo tiene muchos recursos.
Zero tomó el USB y, por un momento, permitió que su máscara de dureza se deslizara.
—Gracias, Iliana. Te debo otra.
Cuando salió, Zero tenía un plan en mente. Pero antes de ejecutar cualquier cosa, necesitaba preparar su siguiente jugada. Y esta vez, no pensaba fallar.
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