capítulo 6

La noche había caído sobre la ciudad, pero el temor de Adrián seguía iluminando su mente como una luz cegadora. La huida de la escuela había sido solo el principio de una larga cadena de acontecimientos que no parecían tener fin. Estefano no se detenía, y el hechizo de amor que había desatado en busca de aceptación lo había atrapado en una pesadilla de la que no sabía cómo despertar.

El rostro de Zero, serio y protector, se había convertido en su único refugio. En su compañía, Adrián encontró una chispa de esperanza. Sin embargo, a medida que avanzaban por las oscuras calles, el pánico no desaparecía. Cada paso que daban, Adrián sentía como si Estefano estuviera al acecho, siguiéndolos, observándolos desde alguna esquina, esperando el momento adecuado para acercarse aún más.

Adrián no podía dejar de mirar atrás. La sensación de estar siendo perseguido por algo mucho más grande que él lo aterraba. Cada sombra en la calle parecía moverse, cada ruido, por más insignificante que fuera, se transformaba en un eco distante de los pasos de Estefano.

Zero, sin embargo, mantenía la calma. Su presencia le daba a Adrián una sensación de seguridad, aunque el miedo aún lo dominaba. Mientras corrían, Zero no soltaba su brazo, guiándolo a través de las calles desiertas. Las calles vacías se sentían como un laberinto, pero en algún lugar de ese caos, Adrián confiaba en que Zero sabía lo que estaba haciendo.

—No te preocupes, Adrián. Lo vamos a conseguir, no dejaré que te pase nada—dijo Zero, su voz tan firme que Adrián no pudo evitar sentirse algo más tranquilo.

A pesar de la amenaza de Estefano, había algo reconfortante en la seguridad de Zero. Adrián nunca había experimentado algo así. No era solo un protector; era alguien que genuinamente se preocupaba por él, alguien que lo veía como un igual. Por primera vez en días, Adrián sintió que no estaba solo en su lucha.

De repente, Zero se detuvo bruscamente, mirando a su alrededor. Adrián no entendió al principio, hasta que Zero lo miró con una expresión grave.

—Espera aquí—dijo, antes de dar un paso atrás, volviendo a la esquina de una calle cercana.

Adrián lo observó en silencio, con el corazón acelerado. Algo no estaba bien. El aire a su alrededor se sentía pesado, tenso. Estefano no los había dejado, lo sabía con certeza. Se estaba acercando, lo sentía en el aire. De alguna manera, había encontrado la forma de seguirlos, y aunque Adrián intentaba mantener la calma, las sombras parecían alargarse a su alrededor.

Unos minutos después, Zero regresó con una expresión seria.

—Tenemos que escondernos. Él está más cerca de lo que pensábamos. Necesitamos un lugar donde refugiarnos hasta que se calme. Ya no podemos seguir corriendo—dijo, con una determinación en sus palabras que hizo que Adrián lo mirara fijamente.

—¿Dónde vamos?—preguntó Adrián, su voz apenas audible.

—Tengo un lugar. Confía en mí—respondió Zero, guiando a Adrián por las estrechas calles hacia un edificio abandonado.

El lugar era oscuro y desolado, con las ventanas cubiertas por cortinas raídas y el aire denso por el polvo que había acumulado con los años. Era un refugio temporal, pero al menos era un lugar donde podrían planear su siguiente movimiento sin la amenaza inmediata de Estefano.

Zero cerró la puerta con suavidad y se giró hacia Adrián.

—Estás a salvo aquí. Estefano no podrá encontrarnos—dijo, aunque la tensión en su rostro no desaparecía por completo.

Adrián se sentó en una de las sillas desvencijadas del lugar, sintiendo el peso de todo lo que había ocurrido. Estaba agotado, pero su mente seguía en alerta, dándole vueltas a cada detalle. ¿Qué haría Estefano ahora? ¿Cuánto tiempo podría seguir corriendo?

—Zero... ¿qué vamos a hacer? Este... esto no se va a detener, ¿verdad?—preguntó, su voz quebrada por la frustración. La desesperación lo invadió de nuevo. Estefano no se detendría, no importaba lo que hicieran. Ya había cruzado tantas líneas que parecía un ser completamente diferente, y la posibilidad de escapar de su mirada obsesiva se desvanecía cada vez más.

Zero se acercó lentamente, se agachó frente a él y lo miró a los ojos.

—Lo que tenemos que hacer ahora es pensar en cómo hacerle frente. Estefano ha cruzado un límite, y no voy a permitir que te haga más daño. No te dejaré—dijo, con una firmeza que hizo que Adrián lo mirara, por fin entendiendo el alcance de lo que estaba dispuesto a hacer.

—Pero... ¿y si no podemos detenerlo? Si no hay forma de hacer que se aleje?—preguntó Adrián, su angustia tomando el control de sus palabras.

Zero suspiró, mirando a Adrián con un brillo de determinación en los ojos.

—Entonces, buscaremos otra solución. Pero no te preocupes, Adrián. No estoy solo en esto, y tú tampoco. Encontraremos una manera—aseguró, sin dudar ni un segundo.

En ese momento, Adrián comprendió lo que había estado buscando sin saberlo: un aliado. Alguien que no solo lo protegiera físicamente, sino que también estuviera dispuesto a luchar por su bienestar mental y emocional. Zero no era solo un protector. Se había convertido en su amigo, su confidente, alguien que estaba dispuesto a enfrentarse al monstruo que Estefano se había convertido, sin miedo, sin reservas.

Los días que siguieron fueron una constante montaña rusa de emociones. Adrián se mantenía en alerta todo el tiempo, pero la presencia de Zero lo ayudaba a seguir adelante. El acoso de Estefano continuaba, pero al menos, Adrián ya no lo enfrentaba solo.

Sin embargo, la amenaza seguía allí. Estefano no iba a rendirse tan fácilmente, y la obsesión que sentía por Adrián lo empujaba más allá de lo que cualquiera podría imaginar. Pero ahora, con Zero a su lado, Adrián se dio cuenta de que no todo estaba perdido. La lucha apenas comenzaba.

descargar

¿Te gustó esta historia? Descarga la APP para mantener tu historial de lectura
descargar

Beneficios

Nuevos usuarios que descargaron la APP, pueden leer hasta 10 capítulos gratis

Recibir
NovelToon
Step Into A Different WORLD!
Download MangaToon APP on App Store and Google Play