Adrián despertó en el mismo lugar oscuro y frío, su cuerpo rígido por la incomodidad de estar atado a una silla. Había pasado la noche en ese lugar, y aunque su mente intentaba adaptarse a la situación, no podía dejar de pensar en lo que Estefano quería de él. La imagen de aquel chico, sonriente y obsesivo, había quedado grabada en su mente. Sabía que, para sobrevivir, tenía que jugar el juego de Estefano, pero eso no hacía que fuera más fácil.
Estefano entró en la habitación con su habitual sonrisa arrogante, como si estuviera complacido consigo mismo. Su mirada estaba llena de algo que Adrián no sabía identificar, pero que le helaba la sangre.
—¿Cómo te sientes? —preguntó Estefano, acercándose lentamente, como si estuviera disfrutando de la angustia de Adrián.
Adrián tragó saliva, forzando una sonrisa que no sentía.
—Estoy bien... —respondió, su voz temblando ligeramente. Estaba agotado, pero no podía dejar que Estefano lo viera débil.
—Me alegra escuchar eso —dijo Estefano, inclinándose hacia él, su rostro a pocos centímetros del suyo—. Ya sabes, todo será mucho más fácil si dejas de resistirte. Solo tienes que aceptarlo, Adrián. Yo te cuidaré. Eres todo lo que siempre he querido.
El dolor de las palabras de Estefano atravesó a Adrián como una cuchillada, pero se mantuvo firme. Tenía que fingir que lo amaba. Eso era lo único que podía hacer para ganar tiempo y escapar. Estefano tenía el control absoluto. Pero Adrián no iba a rendirse.
—Yo... lo intento —dijo, su voz bajando a un susurro—. Pero no puedo olvidarme de todo lo que has hecho.
Estefano sonrió, satisfecho por su respuesta.
—Es solo cuestión de tiempo, Adrián. Todo lo que quieres está a tu alcance. Solo tienes que confiar en mí.
Adrián sintió una oleada de repulsión, pero la escondió. Estefano estaba jugando con él, manipularlo, controlarlo. No podía dejar que se acercara más. Tenía que ganar tiempo.
Mientras tanto, Zero no descansaba. Desde que Adrián había desaparecido, su vida se había convertido en una búsqueda constante. Preguntó en todos los rincones posibles, visitó a conocidos, recorrió la ciudad en busca de alguna pista que lo llevara hasta él. Pero cada vez que pensaba que estaba cerca, el rastro desaparecía. Fue entonces cuando alguien le dijo algo que lo hizo detenerse: "Estefano es muy poderoso. Puede hacer lo que quiera."
Zero se quedó helado al escuchar esas palabras. Sabía que Estefano venía de una familia influyente, pero no imaginaba hasta qué punto. La gente le decía que Estefano tenía el poder de borrar cualquier huella, de manipular a cualquiera para conseguir lo que quería. La policía, los funcionarios, todos estaban bajo su control.
La desesperación comenzó a apoderarse de Zero. Ya no se trataba solo de encontrar a Adrián. Ahora, tenía que enfrentarse a un sistema que cubría a Estefano, un sistema tan poderoso que parecía imposible de desafiar.
En su corazón, Zero sabía que la única forma de recuperar a Adrián era seguir adelante, sin rendirse. Si el gobierno, la policía y todos los que estaban bajo el control de Estefano no hacían nada, él lo haría.
Pero las opciones eran limitadas. El tiempo se agotaba. Estefano estaba demasiado lejos.
Estefano, al ser hijo de un político de alto rango, tenía acceso a todos los recursos que necesitaba para ocultarse y mantener a Adrián bajo su control. Había pagado a la policía para que no investigaran su desaparición, y había utilizado su influencia para mover a su familia a un lugar más seguro, más alejado de cualquier posible rastreo. Para él, todo estaba bajo control.
En cuanto a Adrián, lo había aislado completamente. Aunque había comenzado a mostrar una actitud más sumisa, fingiéndole amor, Estefano podía sentir que había algo en él que aún no lo aceptaba por completo. Pero eso solo aumentaba su obsesión.
—Lo lograré, Adrián —pensaba Estefano en silencio, mientras lo observaba desde lejos—. Solo tienes que confiar en mí, y todo será perfecto.
Sin embargo, Estefano comenzaba a sentir una presión, una tensión. Sabía que Zero estaba buscando a Adrián con desesperación. Y eso lo ponía nervioso. El poder que había ejercido hasta ahora no era suficiente para detenerlo. Si Zero encontraba alguna pista, todo podría desmoronarse. Así que, como siempre hacía, utilizó su dinero y su influencia para mover todo a un lugar más alejado, más oculto.
Los lugares donde solían vivir ahora estaban llenos de trampas y bloqueos. Estefano había aprendido a mover sus piezas sin dejar huella. No solo estaba protegiendo su obsesión por Adrián, sino también su propio futuro. El miedo a perderlo lo hacía aún más peligroso.
Mientras tanto, Adrián seguía fingiendo amor para sobrevivir. Cada palabra que decía a Estefano le costaba. Cada vez que sentía que su vida se hundía más y más, el peso de la desesperación lo aplastaba.
De vez en cuando, pensaba en Zero. ¿Estaría buscando pistas? ¿Estaría cerca? Sabía que no podía perder la esperanza, pero su realidad era aterradora. Incluso la policía no lo escuchaba. Cuando intentó hablar con ellos, su padre político de Estefano intervino, logrando que lo regresaran a la casa de Estefano sin que nadie hiciera nada. Los mismos agentes que deberían protegerlo lo llevaron directamente a su secuestrador, todo gracias a los poderosos lazos de Estefano.
El miedo y la tristeza lo invadían, pero aún así, se aferraba a la esperanza de que Zero encontraría una manera de salvarlo. No podía perder la fe, aunque cada vez fuera más difícil.
Zero no podía dejar que la desesperación lo consumiera. Sabía que la única forma de salvar a Adrián era confiar en su instinto y continuar buscando, incluso si todo parecía en su contra. Había llegado al límite de sus fuerzas, pero la única opción era seguir adelante. Por Adrián, por su amigo, por el chico que había conocido cuando era niño, y por el vínculo que había crecido entre ellos.
No podía rendirse. No lo haría.
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