Aziz parte 2

La visita en casa de Alicia continuó de manera alegre. Compartieron historias y anécdotas, riendo y disfrutando del tiempo juntos. La preocupación inicial sobre la sorpresa que había dado su hermana pronto se disipó, y Aziz se sintió aliviado al ver lo bien que estaba aceptando todo.

—Sabes, Aziz, estás más guapo que nunca —dijo Alicia, sonriendo mientras le daba un toque juguetón en el brazo.

Aziz rio y agradeció el cumplido. Adir, que observaba la interacción entre los hermanos, se dio cuenta de lo importante que era esta visita para Aziz. Verlo reunirse con su familia y compartir momentos felices le hacía sentirse cálida por dentro.

— Hermanito, juguemos.

— Claro, Alicia.

— Hermanito, aprendí nuevos trucos de cartas. ¿Quieres verlos?

— Claro.

— Y entonces, hermanito, ¿cuánto tiempo te vas a quedar?

— Todo el fin de semana, por supuesto.

— ¡Viva!

— Entonces, supongo que iré a hacer el almuerzo —decía la abuela levantándose de la mesa.

— Te ayudo —decía Adir inmediatamente.

— ¿En serio? Gracias.

Después del almuerzo, Alicia les mostró su habitación y les enseñó sus cómics y juguetes favoritos. Pasaron horas jugando y riendo juntos, como en los viejos tiempos. A medida que el día avanzaba, Aziz se dio cuenta de cuánto habían extrañado a Alicia y cuánto habían disfrutado de su compañía.

Más tarde, mientras todos estaban sentados en la sala, la abuela les contó historias de cuando Aziz, Alicia eran niños y todas las travesuras que solían hacer. Fue un momento emotivo y nostálgico para todos.

La tarde pasó volando, y cuando llegó la hora de la cena, la abuela preparó una deliciosa comida casera que todos disfrutaron. Después de la cena, se sentaron alrededor de la mesa y compartieron anécdotas y risas.

A medida que se acercaba la hora de dormir, Aziz y Adir se dieron cuenta de que la visita sorpresa había sido un gran éxito y que habían fortalecido los lazos familiares. Se sentían agradecidos por haber tomado la decisión de visitar a Alicia y pasar tiempo con la abuela.

Esa noche, mientras se acostaban en las camas que la abuela había preparado para ellos, Aziz y Adir hablaron en voz baja en la oscuridad.

La habitación estaba envuelta en una tenue penumbra, apenas iluminada por el resplandor de la luna que se filtraba por la ventana. Aziz y Adir yacían en sus respectivas camas, apenas visibles en la oscuridad. El silencio de la noche solo era interrumpido por el canto lejano de los grillos y el murmullo ocasional de la casa vieja.

Adir se giró hacia Aziz, rompiendo el silencio con una voz suave y curiosa.

— Aziz, ¿puedo preguntarte algo? —decía suavemente adir.

— Claro, Adir. ¿Qué es lo que quieres saber? —contestaba Aziz mirando el techo pensativo.

— He notado que nunca hablas de tus padres. Me preguntaba… ¿qué les pasó? —preguntaba dudando por momentos adir.

— Es una historia difícil de contar, pero creo que mereces saberla. —decía suspirando profundamente Aziz, dándose la vuelta para mirar a adir.

— Solo si te sientes cómodo, Aziz.

Aziz asentia levemente mientras respondia —Está bien. Mi padre era un hombre muy violento. Maltrataba a mi madre, a mi hermana y a mí. Era horrible vivir con él, siempre temíamos lo que podría hacer.

— Lo siento mucho, Aziz. Debe haber sido muy duro para ustedes.

— Sí, lo fue. Llegó un punto en que mi madre no pudo soportarlo más. Un día, en un acto de desesperación y para protegernos, ella… ella intento matarlo, pero no fue capaz de lograrlo y mi padre en un arranque de ira se termino vengando. Fue un momento terrible.

— ¿Y qué pasó después? —preguntaba conmocionada.

Aziz: "Cuando las autoridades comenzaron a investigar, mi madre sabía que no podría escapar de lo que había hecho. Se entregó y confesó todo. Mi padre por miedo a que algo ocurriera termino matando a mi madre. Después de eso no le quedo mas remedio que huir, desapareció antes de que lo arrestaran. Nadie sabe dónde está, pero es buscado por las autoridades."

— Es un destino muy triste, Aziz. No puedo imaginar por lo que has pasado.

— Mi abuela nos acogió a mi hermana y a mí. Nos ha cuidado y nos ha dado un hogar seguro. Pero el dolor y los recuerdos siempre estarán con nosotros.

— Gracias por confiarme tu historia, Aziz. Ahora entiendo un poco más de ti y de tu fortaleza.

— Gracias, Adir. —decía sonriendo ligeramente. —Tenerte a mi lado hace que todo sea un poco más llevadero.

— Siempre estaré aquí para ti, Aziz.

La habitación volvió a sumirse en el silencio, pero esta vez había una sensación de comprensión y compañerismo que llenaba el aire. Aziz cerró los ojos, sintiendo una paz momentánea, sabiendo que no estaba solo en su lucha.

— Hoy fue un día maravilloso, ¿verdad? —preguntó Aziz, sonriendo.

— Sí, definitivamente. Es genial ver cómo disfrutaste con tu familia. Me hace feliz también —respondió Adir, devolviendo la sonrisa.

Aziz se sentó en el borde de la cama y reflexionó sobre el día. Recordó los juegos con Alicia, las historias de la abuela y la comida deliciosa. Se sentía lleno de gratitud y amor por su familia.

— Adir, gracias por estar aquí conmigo. Tu presencia hizo todo aún más especial —expresó Aziz, sinceramente agradecido.

— Aziz, No habría estado en ningún otro lugar hoy. Somos una familia, ¿no? —respondió Adir, con cariño.

Aziz asintió, emocionado por la idea de tener un lazo tan fuerte con Adir. Aunque no eran hermanos de sangre, sentían un vínculo profundo y significativo que los unía.

— Sí, somos una familia. Y quiero que sepas que siempre estaré aquí para ti, al igual que tú lo estás para mí —afirmó Aziz, sonriendo.

Adir se levantó y se acercó a Aziz, abrazándolo con ternura.

— Eso significa mucho para mí, Aziz. Prometo estar a tu lado en cada paso del camino.

Juntos se acurrucaron en la cama, satisfechos y felices por el día que habían tenido. Sabían que más aventuras y momentos especiales los esperaban en el futuro, fortaleciendo su amistad y su lazo de familia elegida.

Con esa certeza en sus corazones, cerraron los ojos y se dejaron llevar por el sueño reparador, listos para enfrentar un nuevo día lleno de amor y alegría en la casa de Alicia.

Aziz sonrió en la oscuridad. Sabía que esta visita no solo había sido importante para él, sino también para Adir. Habían compartido momentos especiales en familia y habían fortalecido su amistad.

— Buenas noches, Adir.

— Buenas noches, Aziz.

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