Adir parte 2

La demonio no pudo terminar la frase, ya que quedó mirando fijamente el almuerzo de Aziz.

— ¿Tienes hambre? ¿Quieres la mitad? —ofreció Aziz.

— Emm, pero no debo interferir en el mundo de los humanos —titubeó la demonio.

— Ya veo. Bueno, si no lo vas a querer, tendré que tirarlo. Así que aquí te lo dejo —dijo Aziz.

— Bueno, si ese es el caso, lo aceptaré —aceptó la demonio.

La demonio disfrutó del almuerzo con entusiasmo, como si fuera su última comida.

— ¿Y qué tal estaba? ¿Te gustó mi cocina? Aunque, bueno, no era nada del otro mundo —comentó Aziz sonriendo.

— Bueno, es la primera vez que como algo así —reveló la demonio.

— ¿En serio? Pero si solo era arroz con hamburguesa, un plato bastante común —observó Aziz.

— La verdad es que los demonios somos seres divinos gracias a nuestro poder, por lo que no necesitamos ingerir alimentos ni bebidas, ni generamos desechos ni experimentamos somnolencia —explicó la demonio.

— Eso lo explica. Me alegra saber que ustedes también pueden poner esas caras —bromeó Aziz.

— ¿Eh? ¿A qué te refieres? —preguntó Adir.

— Bueno, como decirlo, cuando llegaste, tenías unos ojos bastante vacíos. Llegué a pensar que eras como una máquina simplemente siguiendo las órdenes de Dios. Dime, ¿dónde exactamente te diviertes o, mejor dicho, ¿qué hacen? —reflexionó Aziz.

— ¿Qué hacemos? Bastante simple: seguir órdenes, para eso nacimos —respondió la demonio.

— Pero eso no es muy diferente de la esclavitud, ¿no crees? —cuestionó Aziz.

— No lo sé, la verdad es que nunca me había puesto a cuestionar la vida que llevo —admitió Adir.

— Entonces, ¿qué te parece si empezamos a hacer cosas que no pudiste hacer en tu vida? —propuso Aziz.

— ¿Eh? Pero eso no viene al caso. Yo no tengo que interferir con tu vida —dijo Adir.

— Pero ya lo hiciste al contarme características de los demonios. Eso podría cambiar mis decisiones en el futuro —señaló Aziz.

— Bueno, tienes razón, pero... —la demonio titubeó.

— ¿Qué tal si te ayudo a conocer las cosas maravillosas de este mundo y, a cambio, tú me ayudas a controlar este poder, al menos para que no sea molesto en la vida diaria? También podrás probar más comidas deliciosas. ¿Qué te parece? ¿O es que acaso no quieres vivir y ver lo amplio que es el mundo? —propuso Aziz.

— ¿Lo amplio del mundo? Eso me intriga bastante —admitió Adir.

— Bueno, en ese caso, tenemos un trato, demonio. Sabes, es incómodo llamarte solamente 'demonio'. ¿No tienes un nombre? —expresó Aziz, mostrando su incomodidad.

— Un nombre, la verdad es que no. Por lo general, tenemos un número asignado —reveló la demonio.

— La verdad es que no es muy cómodo llamar a alguien por un número. ¿Te parece si te sugiero alguno? ¿Qué te parece 'Adir'? ¿Te gusta? —propuso Aziz.

— Adir suena bonito. ¿Significa algo? He escuchado que algunos nombres tienen significado —preguntó Adir.

— Emm, bueno... Todos los nombres tienen algún significado, se podría decir... ¿Qué te parece si, cuando lo sepa bien, te lo digo? —dijo Aziz.

— Ok, es una promesa —aceptó Adir, estrechando la mano de Aziz.

Al día siguiente, al salir de la universidad, Aziz se dirigió al supermercado, preguntándose qué podría cocinarle a Adir.

— Oye, Adir, ¿estás ahí? ¿Me escuchas? —preguntó Aziz.

— Sí, ¿qué pasa? —respondió Adir.

— Emm, ¿qué es esto? ¿De dónde vino tu voz? —preguntó Aziz, sorprendido.

— Jajaja, envío las palabras directamente a tu cabeza. Sería raro que los demás escucharan una voz salida de la nada —explicó Adir.

— Entonces, si te hablo desde mi cabeza, ¿también me escucharás? —quiso saber Aziz.

— Sí, es una cualidad bastante útil para observar —respondió Adir.

— Bien, esa información es interesante, pero no dijiste que íbamos a hacer que vivieras diferentes cosas de este mundo —recordó Aziz.

— Sí, ¿pero por qué viene eso al caso? —preguntó Adir.

— Todo. Ahora vayamos al supermercado, y voy a necesitar tu ayuda para saber qué cocinar. Así que lo mejor es que me acompañes en tu forma física —explicó Aziz.

— De acuerdo —aceptó Adir.

— Bien, ya estoy aquí. Aunque aun no entiendo del todo el significado de esto —comentó Adir.

— Bueno, lo entenderás con el tiempo. Además, podemos conversar mejor con la boca. De esta forma me da como escalofrío, y, por último, tu forma —explicó Aziz.

— Mi forma, ah, claro. Así no parezco humana. Espera un segundo —dijo Adir. Se transformó, ocultando las partes de demonio, como los cuernos, cola, dientes, y la piel cambió a un tono más parecido a la gente de esta zona. Al verla, Aziz quedó embobado; estaba mucho más hermosa que la primera vez que la vio.

— Ya estoy lista —dijo Adir, mostrando una amplia sonrisa.

— ¿Bien, esa es la forma que vas a adoptar cuando estés físicamente independiente del lugar, de acuerdo? —confirmó Aziz.

— Sí, sabes, no soy idiota. Simplemente desconozco un poco del mundo —admitió Adir.

— Vale, jajaja —rio Aziz.

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