— Oye, ¿es idea mía o esa persona vino otra vez? preguntó una de las meseras.
— Sí, ya es el tercer día consecutivo que viene, respondió otra.
— ¿Eh? ¿Qué raro?
— Oye, fíjate, está mirando para acá.
— En verdad, son ingenuas, dijo otra mesera uniéndose a la conversación.
— ¿Acaso saben por qué está aquí?
— Claro, debe ser porque le gusta alguna de nosotras.
— ¡¿Eh?! ¡Todas sorprendidas!
— Pero sentado ahí, no creo que logre nada.
— Debe ser tímido, no debe saber cómo acercarse, ¿no creen? Además, sería raro si de la nada empezara a hablar como si nada.
— ¿Tú crees? ¿No estarás poniéndole demasiada imaginación?
— No, no sean tontas. ¿No ven que anda con cuadernos? Debe ser un universitario y le tranquiliza estar acá.
La conversación se interrumpe cuando llegan más clientes al lugar. Al día siguiente, el mismo joven regresa.
— Miren, volvió otra vez. Si se los digo, debe estar atraído por alguna de nosotras.
— ¿Tú crees? Cuando le fui a servir la comida, le brillaban los ojos. Incluso ahora, mira, está disfrutando la comida con mucho gusto.
— Sí, todas tienen tanta curiosidad, ¿por qué no simplemente le hablan? Así todas vuelven a hacer algo productivo.
— Puf, le quitas lo divertido a la vida. Es más cómico que la imaginación fluya, ¿no crees, Natalia?
— ¿Eh? Bueno, yo creo que sería una buena idea preguntarle ahora que no hay clientes.
— Puf, ahora están todas contra mí.
Natalia se acerca al hombre y comienzan a conversar. Mientras tanto, las demás camareras continúan hablando sobre ellos.
— Disculpe.
— Si.
— Usted viene muy frecuente a este local no crees.
— ¿Está mal?, ya veo estoy molestando, quieres que me valla.
— A no, no quise decir eso, decía Natalia mientras entraba en pánico.
— Jajaja, tranquila es una broma, bueno sería difícil no venir seguido con una comida tan deliciosa, un ambiente tan gracioso y unas camareras tan hermosas.
— Ya veo, ¿espera como qué ambiente gracioso?
— Sí, no te has dado cuenta cada día pasa algo entretenido de ver, ¿ahora que no hay clientes te apetece conversar un poco?
— Claro.
Mientras tanto las demás camareras aún seguían hablando peor ahora de ellos dos.
— Mmm, no pensé que Natalia fuera tan lanzada.
— ¿Y qué pasará si no era ella la que el cliente buscaba?
— No creo que sea mucho problema.
— ¿Por qué lo dices?
— Míralos, parece como si se estuvieran divirtiendo.
— Esperemos que no sea un vago o una mala persona.
— Bueno, pensando que tiene tanto tiempo libre para venir todos los días.
Así siguieron hasta que Natalia terminara de conversar.
La conversación entre Natalia y Alexander parece ir bien, y los demás clientes están ocupados. Más tarde, Natalia se despide y Alexander se va. Las demás camareras continúan comentando sobre lo que ocurrió.
Al día siguiente continuaban conversando.
— No me había dado cuenta de que todo eso pasaba aquí.
— En verdad, no eres muy observadora, jajaja—.
— Oye, eso es un poco pesado de tu parte, ¿no crees?
— Perdón.
— La verdad, no pensé que fueras estudiante. Luces más viejo.
— Pues, muchas gracias. ¿Esta es tu venganza?
— Claro, jajaja.
— Parece que ya se acerca la hora del almuerzo y esto se va a llenar de clientes.
— Es verdad. Terminando la conversación, se levantó, se despidió y se fue.
Esos momentos que conversaron Natalia y Alexander se podrían resumir en que en el momento se conocieron saltaron chispas. Unos días después, Natalia, a través de una aplicación de citas, vio a Alexander y decidió dar el primer paso con un mensaje, diciéndole que no sabía si se acordaría de ella. Alexander le recordó los chistosos errores que cometieron en el negocio, y así comenzaron las conversaciones a través del celular y las reuniones en la cafetería.
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