CAPÍTULO 4

Fue en ese periodo de tiempo que, su madre, la reina con su mismo nombre, volvió a quedar embarazada, obligando a su padre a encargarse el solo de la guerra mientras ella daba a luz con seguridad. Pensando en sus hermanos perdidos, y los que estaban por venir, pidió a sus padres terminar su pre-entrenamiento antes e ingresar pronto a la academia.

Tras conversarlo en varias ocasiones, con ayuda de su padre, accedieron a entrarla a la academia antes de tiempo. Fue entonces que, una semana antes de su ingreso, justo después de haber cumplido los trece años de edad, Ethan fue citado en la oficina del director.

—Sé que es duro para ti hacerte cargo de la seguridad de la princesa, pero a causa de su mal estado se ha decidido que ingrese con otra identidad a la academia—respondió el director pasándole un vaso de whisky al capitán.

—Así que me quieren tener como profesor asistente mientras la vigilo—acertó mientras daba un sorbo.

—Solo hasta dentro de cinco años, cuando ella cumpla la mayoría de edad—respondió el anciano—la reina te pidió directamente a ti, puesto que eres el único que se lleva con la princesa, a cambio, te darán financiamiento para un buen abogado.

Ethan suspiró, si bien podía proteger a la princesa aun siendo un profesor asistente falso, su problema de divorcio le había costado tanto que casi estaba en bancarrota.

Si bien aún tenía su casa, si no conseguía más dinero para pagar al abogado que lo estaba ayudando, tendría que vender aquello, por lo que tanto luchó. Aquello era una de las tantas razones por la que su proceso de divorcio estaba demasiado lento.

—Está bien, acepto—respondió terminando el whisky.

—No me sorprendería si la reina te escoge como rey consorte de la princesa cuando ella cumpla la mayoría de edad—dijo el director provocando que el capitán tosiera.

—¿Si sabe que soy mucho mayor que la princesa?—preguntó sorprendido—no solo es la futura reina, puede ser fácilmente como mi hermana...

Justo en ese momento fue que algo se escuchó a las afueras de la oficina. Ese algo fue un pequeño cofre, el cual contenía algunos chocolates que la princesa había hecho para él. Le habían costado bastante, ya que su piel delicada era muy sensible hasta con el calor.

Quería dárselos al capitán, aprovechando que fue citada a la dirección para hablar con él y el director, pero por alguna extraña razón aquello le destrozó el corazón. Por lo que, aprovechando que su rostro estaba oculto por la capa y la máscara, guardó de inmediato el cofre e ingresó a la oficina.

“¡Eres una tonta por hacer chocolates!“

Fue lo que pensó mientras escuchaba a los hombres hablar, por lo que sus pensamientos, más la extraña sensación que tenía, hicieron esa reunión larga.

Una vez terminaron, fue guiada por el capitán al carruaje, donde, aprovechando que él no mirara, tiró a la calle el cofre. No entendía el porqué se había emocionado tanto por hacer unos miseros chocolates, pero ya no deseaba dárselos.

Luego de dos meses de pre entrenamiento intensivo, por fin pudo ingresar a la academia. En ese lugar, un tanto exclusivo, no solo estaban plebeyos, sino también hijos de nobles que estaban al tanto de la existencia de la orden.

—¡Pero si el monstruo sensible al sol!—gritó una de sus compañeras.

A causa de que nadie sabía su identidad, así como el tener oculto su rostro, provocó que la gran mayoría de sus compañeros la molestaran a causa de creerla alguien con una enfermedad de la piel infecciosa.

Una de las tantas ocasiones fue esa tarde en la que habían sido ordenados a limpiar los baños del ala del dormitorio de mujeres. Diana enseguida quedó impresionada que, pese a ser de mujeres, aquel lugar estuviera tan en mal estado.

Mientras se preparaba para iniciar, una de sus compañeras le tiró un balde de agua sucia, provocando que toda su ropa estuviera por completo empapada.

—¿Será que el agua del inodoro te ayudará?—preguntó la pelirroja—¡Averígualo! ¡Limpia tu sola el baño!

Justo al momento en que ella iba a salir y trancar la puerta del baño, de modo que Diana no tuviera de otra más que limpiar el baño, esta se azotó de inmediato, golpeando su rostro y ocasionando que su nariz sangrara. Detrás de ella se encontraba su hermana melliza, la cual compartía habitación con Diana.

—¡Perdón por llegar tarde!—se disculpó con Diana—me he quedado dormida... ¡Gloria, hermana! ¡Qué desdicha verte! ¿También te ordenaron limpiar el baño?

—¡Victoria! ¡Maleducada!—gritó Gloria intentando detener su sangrado—¿Es que no me respetas por ser la mayor? Como me deje una marca ni madre podrá salvarte.

Dicho eso se fue iracunda del baño junto con sus otras compañeras, dejando atónita a Diana. Era la primera vez que veía a dos hermanos tratarse así, más aún cuando la menor, en vez de dar respetos, la insultaba y se reía de sus desgracias.

—Victoria, ¿Por qué mentiste?—preguntó mientras se levantaba—a ti no te dieron la orden.

—Lo sé—respondió mientras la ayudaba a levantarse—pero aquí es donde escondo mi secreto y siendo mi hermana como es, corre peligro.

Dicho eso, mientras Diana se lavaba un poco la mugredad en el grifo, vio por medio del espejo como su compañera de habitación entraba a uno de los cubículos del baño y moviendo una de las láminas del techo, sacaba un sobre envuelto en tela negra.

Como Victoria sabía que ya pronto se haría muy tarde, sintiendo pesar de que Diana se quedara sin dormir bien a causa de su odiosa hermana, accedió a ayudarla y mientras ella se daba un baño, después de traerle un cambio de ropa, ella terminó de limpiar lo faltante en el baño.

—¡Gracias por ayudarme!—expresó entrando al dormitorio con ella.

—No hay de qué, si o si tenía que ir—respondió Victoria mientras abría el sobre en uno de los escritorios—¿Quieres ver lo que escondo?

—¿Estás segura de confiar en mí?

Con una sonrisa maliciosa, ya que por fin pudo encontrar una posible candidata para ser su cómplice, sacó lo que tenía dentro del sobre y como si se tratara de algo divino, con mucho orgullo, dejó que su compañera le diera un vistazo a las hojas del cuaderno.

Si Diana no estuviera oculta por tanta tela y su máscara, de seguro Victoria hubiera sido testigo de como esta abría su boca nerviosa al ver cada uno de los dibujos. En las ilustraciones podía ver a dos de sus instructores, uno de magia y el otro de acondicionamiento físico, en posiciones íntimas, tan candentes que ni siquiera las novelas románticas que había leído le llegaban a los talones.

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Comments

Francisca Miranda Garcia

Francisca Miranda Garcia

hay chamaquita

2024-05-09

1

马里克鲁斯

马里克鲁斯

La va hacer pervertida 🤭😶‍🌫️

2024-02-25

1

adri péraza

adri péraza

Jajajaja ya la va ha echar/Tongue/ a perder

2024-01-30

1

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