CAPÍTULO 2

Tras eso, pasaron varios meses en que la princesa Diana quedó en coma, mientras intentaban salvar la vida de la niña, quien ahora tenía el cuerpo quemado en un 100%. Debido al ataque, donde murieron dos de los diez hijos de la reina, ella decidió enviar a los menores al reino vecino, donde vivirían como refugiados; sin embargo, aunque le doliera, su hija mayor, aun en coma, debía quedarse.

Al ser la mayor y al poseer un cabello de color particular, era claro el hecho de que debía ser su sucesora, por lo que ella debía quedarse y entrenar para ser fuerte. De modo que si ella o su padre murieran, su hija pudiera seguir adelante contra su mayor enemiga.

La situación con Ethan era igual de peor, ya que no solo estaba luchando para que su esposa le diera el divorcio y no se quedara con la casa que él construyó con su poco dinero, sino que, para sumar a su desdicha, la mujer lo estaba acusando de maltrato frente al tribunal de la iglesia. Aquello, si bien no era viable en un tribunal legal, provocaría que, en una orden militar donde gran parte de sus miembros eran feligreses, le infringieran acoso por las declaraciones de la mujer.

—¡Dame la maldita casa, Ethan!—gritó su aún esposa.

Ambos, luego de una reunión con el sacerdote que los casó, se encontraron a las afueras de la iglesia, en una calle muy concurrida entre carruajes y gente que salía rumbo a sus trabajos. No obstante, apenas escucharon el grito y las palabras de la mujer, muchos se detuvieron boquiabiertos.

De inmediato, Ethan, quien estaba herido debido al ataque a los hijos de la reina, con su brazo enyesado, sonrío por lo bajo. Sabía la actitud impulsiva de la mujer, aunque fuera difícil y lento obtener el divorcio, tenía muchas cosas a su favor que le permitiría salir lo más victorioso posible.

—¿Acaso quieres entrar a tu nuevo esposo?—preguntó fingiendo aguantar llorar—¡No lo puedo creer! ¡Los rumores de los vecinos eran cierto!

Fingiendo también tener un dolor en su brazo herido, se quejó cayendo en la acera. Aquello sin duda provocó la lástima de varias personas, que fueron a auxiliarlo. Aunque quedara como un hombre débil y cachón, usaría todo lo que pudiera para desacreditar la imagen buena de su esposa. No le daría su hogar, aquella casa era un patrimonio de su familia, el cual pudo reconstruir con su sueldo en la orden. No dejaría que ella la obtuviera, ni mucho menos la disfrutara con su amante.

—¡¿Señor?!—preguntó un hombre cercano—¡Soy doctor! ¿En qué puedo ayudarle?

—Estoy bien—respondió levantándose, pero con la cara pálida—solo que como fui herido en mi trabajo, el asistir al juicio de divorcio me puso mal.

Todos enseguida volvieron a mirar aún peor a la mujer, no podían entender como una mujer, con una mirada de bestia, podía hacer pasar a su esposo por tal cosa, estando herido y todo por trabajar para mantenerla. En aquel tiempo, que era muy común que las mujeres siguieran ejerciendo el rol de amas de casa, era impensable ver a una mujer con una actitud así.

Su esposa, colérica y nerviosa, al ver que había estropeado todo, se dio la vuelta, roja como un tomate, y se marchó del lugar. En definitiva había arruinado todos los esfuerzos que había hecho; sin embargo, su fin era la casa, por lo que aun si tuviera que seguir casada con él y demostrar en un futuro que el malo era su esposo, lo haría sin importar el tiempo que pasara.

Luego de ser auxiliado por el doctor, sentado en la acera frente a la iglesia, de modo que su imagen lastimera llegara a los oficiales eclesiásticos, se fue dándole las gracias al hombre. Quiso pagarle, pero este se negó, lo único que le pidió a cambio era una donación de lo que pudiera al orfanato de la ciudad, donde él era voluntario.

Caminando con cuidado, llegó hasta un carruaje, donde por unas cuantas monedas de cobre, le pidió al cochero llevarlo a la clínica privada de la orden en el centro. Aquel lugar, de enormes medidas, solo se atendían a la familia real y a los miembros de la orden. Por ende, muchas de las cosas que allí pasaban eran un secreto y todos los ciudadanos solo la conocían como una clínica normal.

Tras verificar su identidad con uno de los guardias del lugar, ingresó para recibir asistencia médica y por fin quitarse el yeso; no obstante, cuando iba rumbo al consultorio, fue detenido por una de las enfermeras. La mujer, reconociendo al hombre como uno de los miembros encargados de la seguridad inmediata de la familia real, pidió su ayuda para salvarle la vida a la princesa.

Diana, tras verse en un espejo como todo su cuerpo estaba quemado y cubierto de vendas, donde incluso había perdido su cabello, y recordando lo inútil que fue para salvar a sus hermanos fallecidos, aprovechó el descuido del personal médico para escaparse de la habitación. Justo en la azotea, había un jardín el cual era usado por los pacientes que no pudiera bajar directamente al jardín inferior.

Varios médicos y enfermeras, tras percatarse de su ausencia, la encontraron justo al bordel precipio. La niña veía con mirada lejana la calle que estaba a varios metros de altura. Solo esperaba que, si moría, su muerte no fuera dolorosa como el dolor que estaba pasando tanto emocional como físicamente en toda su piel y su alma. No obstante, tenía dudas, sobre todo pensando en sus hermanos restantes.

"Soy un monstruo, ni cabello en las cejas tengo... soy tan débil que no pude proteger a Lana y Zack... ¿Por qué debo vivir?"

Fue lo que pensó mientras recordaba todo lo ocurrido hasta ahora. Como la hija mayor, si bien fue la más pechichona, debió madurar a causa de la guerra que estaba librando su madre, en compañía de su padre, quien era su caballero y rey consorte. Por lo que todos esperaban que ella, en su ausencia, fuera la cabeza de toda su familia. Pero, ¿Qué podía hacer realmente en su situación?

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Comments

马里克鲁斯

马里克鲁斯

Pobre Diana 😞

2024-02-24

5

birrahelada

birrahelada

que significa pechichona??

2023-11-21

5

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