El gran reino del Este era un lugar habitado por los demonios de mayor rango, el palacio era blanco como la nieve y tan inmenso que muchos a veces se perdían dentro. Se decía que el señor era una persona fría y sanguinaria, y sus acciones lo procedían, varias veces al mes dejaba que sus hombres salieran en busca de mujeres hermosas y vírgenes a las aldeas humanas y se las llevarán para hacerles las cosas más atroces jamás pensadas.
El gran demonio del Este era un hombre con poderes de lobo, descendía de una familia poderosa, de hecho su padre era el señor del Oeste, habían habitado el mundo desde hacía más de cinco mil años y dominaban no solo criaturas sino también humanos, permitían que viviesen cerca, pero les sacaban a sus hijas como sacrificios de esa generosidad.
Aunque pareciera calmado, era una criatura bastante explosiva cuando algo no salía como quería, un hombre maduro con orejas y cola de lobo, capaz de controlar ráfagas de viento y de hacer salir veneno de sus manos, no tenía el don de la paciencia, y cuando había guerra era el primero de sus filas, pues era conocido por sus grandes masacres y por dejar a sus víctimas agonizando en sus manos. Había alcanzado la adultez a la edad de 25 años, hijo único del señor y la señora del Oeste, que se había revelado ante su padre, por considerarlo débil a la hora de dominar al resto de los seres vivos del planeta. él creía que los demonios debían ser los dominantes y el resto solo fieles sirvientes de sus necesidades. Había participado en tantas guerras, como sus cicatrices en la espalda y piernas relataban, se consideraba una raza tan superior a otras que jamás se había preocupado por nadie que no fuese el mismo. Tenía aún harem lleno de mujeres demonios hermosas, pero ninguna dejaba de ser más que un juguete sexual para satisfacer sus necesidades, únicamente una vez se había casado por obligación a una descendencia, pero a su único hijo lo habían matado. No perdonaba nada ni traiciones ni excusas. Así como tampoco sonreía, era tan encerrado en sí mismo que nadie podía saber jamás en que pensaba. Su única intención era la de dominar todo y a todos, por eso había mandado a conseguir el látigo, pues con él planeaba apoderarse del reino completo de su padre y luego ir por el de los brujos del Norte.
Había escuchado lo que había pasado en el reino del Sur y aunque tenía ciertas incertidumbres y hasta curiosidad de conocer a esa magnífica Bruja, jamás la busco. Mando tropas para conquistar ese pedazo de tierra, pero se encontró con las tropas de su padre y terminaron en batallas donde la gran mayoría murieron, para él solo eran demonios de bajo rango, así que sus muertes no le afectaron en lo más mínimo, pero si le molesto que no consiguieran la victoria.
Tenía en su poder una espada que era la herencia de su abuelo, vista desde lejos, solo era un pedazo de metal oxidado, pero tenía un poder increíble capaz de acabar con un ejército de más de 300 personas en un solo movimiento. Usaba una armadura de color negra, que lo hacía aún más perfecto de lo que ya era. Un caparazón impenetrable en el pecho y una estola peluda en su cintura. No muchos conocían su verdadera transformación en lobo, pues gran parte de su vida lo pasaba como semihumano, pero quienes lo habían visto sentían terror al recordar a un lobo gigante de color negro y ojos tan rojos como la sangre. Solamente el aullido de ese lobo dejaba sordos a todos sus oponentes, porque perforaba sus tímpanos. Sus garras eran letales, pues si no te destazaban, un solo rasguño de ellas te impregnaba veneno en el cuerpo que te mataba en segundos pudriéndote de adentro hacia afuera.
Nadie era un digno rival para él y a nadie consideraba como amigo, solo un consejero, se encontraba siempre a su lado, pero casi nunca se atrevía a hablar por miedo a ser decapitado. Aunque si lo seguía a todos lados y le brindaba siempre sus servicios.
Mientras se encontraba en el salón principal discutiendo las formaciones de batalla con sus cinco generales de confianza, Caleb solo esperaba el regreso del demonio que había enviado al reino del Sur en busca de ese místico objeto, las puertas del salón se abrieron y todos miraron sorprendidos a quien se atrevía a interrumpirlos.
Mi gran señor Caleb, he regresado y con magníficas noticias- dijo Debon con un semblante glorioso en su rostro.
espero que hayas encontrado y traído lo que ordene, o tu cabeza servirá de adorno en mi trono- las amenazadoras palabras dejaron inmóvil al demonio que había llegado.
si claro, su majestad, lo he traído- se acercó hasta la mesa y dejo en el centro de esta el magnífico látigo - me ha costado encontrarlo, pues del reino no quedo nada más que escombros y eso dificultó mucho mi búsqueda- temblaba mientras hablaba, sabía que cualquier palabra podía llevarlo a la muerte y lo cierto es que había tardado más del tiempo que tenían acordado.
No me interesan tus excusas, pero acepto que has cumplido con la misión que te encomendé y eso es suficiente- le arrojo una bolsa con monedas - ten por tus servicios- dijo antes de agarrar el artefacto que estaba ahí esperando a ser usado - ahora veamos si es cierto que cada herida que produce es incurable- movió el látigo y las lenguas de fuego se estrellaron en el pecho de Debon que no había ni siquiera previsto ese ataque por estar tan concentrado en agarrar las monedas de oro que le habían dado.
El grito de dolor se escuchó en todo el salón y aunque los demonios tiene la capacidad de regenerar sus heridas, él no pudo hacerlo, seguían sangrando como si recién se las hubiesen hecho. No era capaz ni siquiera de frenar la sangre que brotaba como una canilla abierta.
sáquenlo de aquí antes que manche todo mi piso- dijo sin mirarlo, y dos guardias lo tomaron cada uno de sus brazos mientras gritaba obscenidades al demonio que se encontraba frente a él, había arriesgado su vida consiguiendo ese objeto y al final solo le habían pagado con dos cortes profundos. Ni siquiera llegó a tomar las monedas, pues cuando el látigo le impacto las soltó.
Ya afuera del palacio, los guardias iban a ejarlo tirado para que se fuera, pero al ver que Debon adoptó una postura de ataque, no tuvieron otra opción más que eliminarlo, ni siquiera había llegado a tener en sus manos a esa ninfa que había conocido en el bosque, y ahí estaba muriéndose con cada bocanada de aire que respiraba. No tardo mucho en llegar su momento final, bajo las risas de los dos hombres que lo miraban retorcerse. Solamente le quedó mirar al cielo y recordar por última vez a esa mujer, antes de que todo se apagara.
***¡Descarga NovelToon para disfrutar de una mejor experiencia de lectura!***
Updated 71 Episodes
Comments
Ido Rojas
un desquiciado más !
2025-03-12
1
Neisa Velasco Mina
Ese tipo si es malo este si va a dar lata y ahora con esa cosa peor
2024-11-13
2
Yudith Hernandez
me parece que ese gran demonio es el gran amor de ambar o será su némesis
2024-10-06
1