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Las doce horas pasaron tan rápido, en ningún momento separaron a la madre e hija que dormían juntas en esa cama. La reina había cenado, desayunado y almorzado con la beba en un brazo. Dejaba que tomara la teta cada vez que la niña así lo quería, y aunque para muchos era algo imposible de entender por qué era recién nacida, era como si ella tampoco quisiera separarse de su mamá. Templanza y raíl estaban acomodando unas cosas en la habitación, mientras se llenaba la bañera para que Aurora se limpiara, cuando de golpe escucharon el llanto de la pequeña. No necesitaron acercarse mucho para darse cuenta de que la reina ya no estaba entre los vivos.

Del otro lado del reino, un dolor punzante cruzo el pecho de Gerardo, los ojos se le llenaron de lágrimas y al acercarse a la ventana lo comprobó, su reina, su amor, su mujer acababa de morir. Las flores de todo el reino se marchitan y la nieve comienza a caer, un grito desgarrador sale del centro de su pecho y se escucha en todo el castillo. Los sirvientes se quedan congelados en su lugar, las concubinas se aterrorizan al escucharlo y solamente una sonríe maliciosamente, los niños quedan petrificados en sus juegos. Ya nada iba a volver a ser igual y tiempos oscuros se acercaban.

Las consortes de la reina prepararon todo para volver al castillo con la niña, en su pecho había dos sentimientos la tristeza por la pérdida y el miedo a lo que iban a enfrentar. Recordaron las palabras de Aurora de esconder la escama para que nadie supiese de qué ella había retrasado su muerte. El símbolo en la frente de Ámbar no había vuelto a aparecer a pesar de que la niña había llorado a los gritos en cuanto sintió que su mamá había dejado de respirar.

El viaje fue silencioso, y al llegar al castillo fueron recibidas por los miembros del consejo y varios sirvientes.

El rey las espera en el salón del trono, podemos ver a la princesa- dijo uno de ellos.

Templanza quien era la que cargaba a la beba, dejó que pudiesen ver su rostro, pero solo un rato, sabía que el rey no estaría de humor para los retrasos y no quería molestarlo más de lo que ya estaba.

Al ingresar en el gran salón notaron que el rey estaba tirado y abatido en su trono, las otras concubinas estaban sentadas con sus hijos en una mesa aparte, y en el trono de la reina había no solo su corona, sino también unas flores mágicas que no se habían marchitado al morirse ella.

Acerquen a mi hija- dijo fuertemente.

Templanza apresuró su paso- aquí está la princesa, mi rey- dijo con un tono seguro, sabía que no podía dudar al hablar con él.

El rey estiró sus brazos para tenerla y al verla dormir tan plácidamente, por un solo segundo la amo, esa pequeña era el fruto de su amor y no era la culpable de nada. Sabía que su esposa la había amado desde el primer momento y él no podía odiar algo que ella había querido tanto. Pero cuando la pequeña abrió sus ojos y el noto que eran del mismo color que los de su madre, ya no pudo tenerla. ordenó a las consortes que la llevarán a la torre más alta del castillo y que jamás saliera de ahí. No quería verla en todo lo que a él le quedaba de vida. No podía soportar ver esos ojos que únicamente lastimaba más su herido corazón. Hubiese preferido que muriera la niña antes que su amada.

Nadie entendió el accionar del rey, pero nadie se atrevió a contradecirlo. Templanza con el corazón dolido por tan tremenda decisión no le quedó otra que hacer caso. Las concubinas murmuraban por lo bajo sobre la excelente posibilidad que se les ponía enfrente, ya que si el rey no quería a su hija entonces sus propios hijos podían ser los herederos directos.

Los primeros meses, ellas se unieron para llenar de odio, más de lo que ya estaba, el corazón del rey en contra de la pobre niña que nada de culpa tenía de como se habían dado las cosas. Desde el primer día nadie más la había visto.

Templanza y raíl pasaban todo el día cuidándola, y cuando debían dejarla para cumplir con las obligaciones del castillo se turnaban así no quedaba sola, si bien nadie se había atrevido a acercarse a la torre para volver a ver a la niña, no se confiaban de nadie. La decisión del rey había sido demasiada injusta con la niña, encerrarla de por vida en un lugar tan frío y lejos de cualquier otra persona que no fuesen sus dos cuidadoras. Templanza sufría mucho por eso, porque a pesar de todo cada vez que levantaba a la niña para alimentarla o bañarla era recibida por su sonrisa, nunca lloro más que aquella vez que tuvo fiebre, nunca les dio trabajo más que el que normalmente da un bebé. Las dejaba descansar por las noches y aunque tenía su propia cuna, la pequeña amaba dormir en la misma cama que sus dos mamas sustitutas.

Su primera palabra fue a los cuatro meses, cuando mientras era alimentada por templanza, la miro fijamente y le dijo mamá. Raíl vio todo desde lejos y al acercarse a ella también le dijo mamá. Derritió sus corazones y solo hizo que la amarán más de lo que ya lo hacían. Había aprendido a caminar a los 6 meses y demostraba su fuerza y su tenacidad en superar cada obstáculo que se le presentaba.

El rey había decidido que viviría como una sirvienta, así que a diferencia de sus medios hermanos y hermanas, su ropa era como cualquier otro miembro de bajo rango del castillo. No tenía ningún lujo, aunque para ella sus mamas y su amor era suficiente.

Al cumplir los 2 años, el rey recordó su presencia y exigió volver a verla. Templanza y raíl la llevaron al salón principal nuevamente como hacía 2 años atrás. Al verla en esas ropas, el corazón del rey se oprimió, si se ama Aurora viera como trababa a su hija seguro lo odiaría, pero otra vez en cuanto la niña lo miro, el odio paso a ocupar cualquier espacio y dejo de lado esos pensamientos de culpa.

A partir de mañana empezarás a estudiar el uso y manejo de la magia, así que ni bien el sol se haga presente en el cielo hasta que desaparezca de él estarás estudiando- dijo enojado pero sin mirarla.

Si señor- Sabía que él era su padre, pues sus consortes jamás le mintieron sobre sus orígenes, solo le pidieron que lo tratara como un rey y que delante de nadie podía decirle ni papa a él ni mamá a ellas.

Perfecto, ahora puedes volver a tu habitación, no soporto verte- se levantó de su asiento y se alejó.

Ellas también salieron para dirigirse a la torre. Y al entrar Templanza solo atino a decirle a la niña que jamás dijera que ellas ya le habían enseñado parte de la magia.

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Comments

Jesus Castro Montero

Jesus Castro Montero

Que maldito desgraciado es este rey hojala Aurora desde donde este le haga pagar caro a este rey y también a la esa concubina bella novela pero muy triste lo que 😦 pasa que soy muy llorona y las novelas tristes me hacen llorar te felicito escritora tu novela es grandiosa

2024-09-26

5

Caren Sanchez

Caren Sanchez

Que? Y ese es el Rey? Que tipo más despreciable... Se hubiera muerto él

2025-01-19

3

Fan del Manga🐺

Fan del Manga🐺

Vete al diablo viejo estúpido.Si amaras tanto a tu mujer como decís también querrías a la pequeña 😡😡😡

2024-10-16

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