Olivia
—Yo... intente ir lento —le confieso una vez que se aleja, sus ojos se agrandan y sus mejillas se están sonrojando.
—Lo siento es que... perdí el control —susurra, tomo el vaso que me acaban de traer, me termino la bebida de un sorbo y me pongo de pie, tomo mis cosas y tomo la mano de Bella para arrastrarla conmigo, se sorprende, pero me sigue.
—¿Ya te vas? —me pregunta Colette, la fulmino con la mirada y ella se ríe, no dice nada más, salgo del bar directo al hotel. En serio quería esperarme. Sé que Bella no ha salido con ninguna mujer antes, todas sus relaciones han sido con hombres, puede parecer que está intentando experimentar, o puede que se haya aburrido de los hombres.
Con cualquier otra persona que tenga esa fachada, no podría, ni siquiera me le acercaría, no porque temo que jueguen conmigo, es solo que yo no resuelvo dudas, ni que fuera maestra, no estoy para juegos de niños. Pude haberla rechazado desde el principio, pero esto es enteramente mi culpa.
Desde la primera vez que la vi en pantalla, o incluso esas reuniones esporádicas de negocios en las que nunca charlamos, puede que haya sido cuando la salude aquella vez en el hospital mientras estaba con Mason, o en ese hospital en donde tiene a su madre internada y yo a mi hermana, pudo haber sido en cualquier momento y eso ya no importa, porque caí por ella.
Me gusta. Me gusta lo suficiente como para arriesgarme a que solo este experimentando.
Nos detenemos enfrente del ascensor, no la suelto, temo que reconsidere la situación si suelto su mano e intente escapar, no puedo dar un paso atrás, no ahora, no cuando estoy a punto de estar con ella.
La espera se me hace eterna, no hago nada, no puedo hacer un movimiento brusco porque temo asustarla. Entramos al elevador en cuanto se abren las puertas. Presiono el botón del piso al que vamos y de nuevo la espera es eterna.
En cuanto llegamos a la habitación, no enciendo las luces, cierro la puerta y la beso. Estaba esperando que se pusiera un poco tímida, pero me sorprende cuando me muestras sus muy buenas habilidades al besarme de regreso.
Enreda sus brazos alrededor de mi cuello y yo la abrazo desde la cintura para acercarla a mí.
—Olivia —me llama en jadeos y mis latidos se aceleran más de lo normal, casi no puedo verla por la falta de luz, pero sentir su calor me hace saber que esto es real.
—Bella, ¿estás segura de esto? —pregunto en un susurro, ladea su cabeza—. ¿Qué?
—Nada. Es solo que me sorprendió un poco que preguntarás algo como eso. Creí que no te importaba lo que los demás pensarán —no sé si ofenderme.
—Bella, no voy a obligarte a hacer nada que no quieras.
—¡No! —estoy por soltarla, pero ella se acerca más a mí—. Yo quiero esto. Quiero esto y cualquier cosa que llegues a darme, está bien por mí —esto es beneficioso para mí. Es como un buen negocio, no hay nada que yo pueda perder con esta clase de oferta.
Me quito las ganas, con la ausencia de Giselle y los trabajos nuevos, no he tenido tiempo para mí, así que tener una amante nueva no tiene nada de malo. No es como que tenga que preocuparme por sus sentimientos o los de Giselle.
—No te arrepientas —vuelvo a besarla, llevo una de mis manos hasta su nuca, siento su cabello sedoso entre mis dedos. De alguna manera llegamos hasta la cama y me empiezo a desnudar. Bella hace lo mismo con una torpeza que acredito a los nervios. Una vez que se queda completamente desnuda frente a mí, me atraganto. Su piel... quiero morderla, lamerla y dejar marcas por toda su piel. Esto es extraño, jamás había pensado en algo como esto. ¿Será porque seré la primera para Bella? ¿O solo porque ha estado rondando en mi cabeza durante mucho tiempo que quiero quitarme esta sensación?
No lo sé. Tal vez lo descubra luego de esta noche.
-
Me despierto como costumbre a la misma hora, ya no necesito de alarmas luego de vivir con la misma rutina. No sé en qué momento me quede dormida, me siento mejor que otros días, por unos segundos me cuesta recordar cómo llegue ahí, pero casi enseguida lo sé, ya que miro a Bella dormida a mi lado. Esta acurrucada en un lado de la cama, abrazando una almohada.
Me quedo más segundos de los normales viéndola, hasta que un celular suena, se levanta de golpe, como si se hubiera caído de la cama.
—¡Ya voy! ¡Ya voy! Solo cinco... no diez... solo diez minutos —grita, mi ceño se frunce y cuando parece recordar en dónde está, sus ojos se agrandan y me mira—. Ay, Dios, lo siento. ¿Te desperté? —sale de la cama, busca su celular y cuando lo encuentra, responde—. Rodri, no, no estoy en casa. Pero descuida, voy para allá. Al estudio. Sí. Sí. Adiós —termina la llamada, se mueve alrededor de la habitación en busca de sus pertenencias, una vez que las tiene corre al baño.
No hago nada en lo que escucho la regadera, luego sale vestida y respondiendo otra llamada.
—Ya, ya. ¿Hubo modificaciones en el guion? Bueno, eso podemos hablarlo con la guionista. ¿El vuelo del viernes? Muévelo para el próximo mes. Ahora estamos ocupados. Sí, le diré a Stacy. ¿Ron llamó? Agenda una cita con Ron lo más pronto posible. Sí, adiós —termina la llamada, está por irse, cuando se regresa corriendo. Se sienta en la orilla de la cama a mi lado y me besa. Me sorprende tanto que no puedo hacer nada por los próximos cinco segundos. Se aleja y me sonríe—. Tengo que irme por trabajo, pero disfrute mucho lo de anoche. Que se repita —se ríe—. Adiós, Olivia —se levanta y se marcha.
Una vez que me deja sola, no sé qué hacer. Usualmente era yo la que siempre se iba antes, ¿así se sintieron todas esas mujeres cuando me iba?
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