Capítulo uno.

Olivia

—¿Entonces? —pregunto sin mucho interés, mi madre me fulmina con la mirada y mi padre suspira.

—Kristel no quiere vernos, obviamente deberías ir tú —arqueo mis cejas.

—¿Por qué yo? Si no los quiere ver a ustedes, ¿qué les hace creer que me querrá ver a mí? —eso es lo más estúpido que he escuchado, quiero que se vayan para que me dejen trabajar, pero no creo que se rindan, mi madre está dispuesta a gritarme, pero mi padre se adelanta y se acerca hasta mi escritorio.

—Olivia, tú no has intentado llegar a ella. Su terapeuta dijo que necesitábamos acercarnos a ella, y la única persona que en realidad puede hacerlo eres tú —no respondo, prefiero evitar negar sus palabras para que no piensen que es una afirmación, reconocer que soy alguien importante para Kristel, lo dudo, demasiado.

—¿Entonces? ¿Qué quieres que haga? ¿Qué pasa si se niega? No puedo perder el tiempo en ella cuando estoy ocupada —me cruzo de brazos y mi padre cuenta hasta diez en susurros, cuando ha terminado de contar me mira fijamente.

—Me siento culpable con esa niña, Olivia.

—Tú no tuviste nada que ver con su estado actual —arqueo mi ceja.

—Olivia, sigue siendo mi hija y no la voy a abandonar —me mira con esos ojos llenos de cursilería.

—¿Qué pasa con el parlamento? Luego de su escándalo, te quitaron tu postulación, ¿en serio crees que si ella está bien recuperaras tu lugar?

—No estoy necesitado de entrar al parlamento, era algo que quería hacer porque tú me lo pediste —confiesa, desvío mi mirada y suspiro.

—Está bien, iré. Si se niega a verme, dejaran de molestar con que vuelva a ir, ¿cierto? —arqueo una de mis cejas y mi padre me sonríe.

—Por favor, intenta llegar a ella, para que podamos ayudarla —me pide y asiento, me pongo de pie y eso llama la atención de mis padres.

—Tengo una junta a la que asistir, mañana es fin de semana, así que puedo ir, dejaré un espacio libre en mi agenda —me encojo de hombros, mientras más rápido termine con esto mejor, si voy antes de lo que piensan, por obvias razones Kristel se negará a verme y entonces no tendré que volver a intentar verla. Es una pérdida de tiempo.

—Gracias, cariño —me dice mi madre y asiento, salgo de la oficina y mi asistente me sigue.

—Cancela lo que sea que tenga que hacer mañana, estaré ocupada —no me pregunta, solo asiente.

—Le entrego esto, es con respecto a la junta, aquí viene la información recolectada y las encuestas —me entrega una Tablet y la reviso en lo que me dirijo a la sala de juntas.

-

Veo el hospital, no tengo ánimos de entrar, pero tengo que hacerlo, pero no quiero hacerlo. Me encuentro en ese dilema, hasta que me harto de mí misma y entro. Llego a la recepción y me dirijo con la enfermera.

—Hola, quisiera saber si puedo ver a mi hermana, me dijeron que estos eran los horarios de visitas —miro mi reloj de muñeca, solo para confirmar que no me he pasado la hora, la enfermera me sonríe, es amble.

—Así es, ¿a qué paciente quiere ver? —mantiene su sonrisa de profesional que me enferma. Me sé el nombre, pero es algo difícil pronunciarlo, solo me queda pedirle al universo que no me quiera ver.

—Kristel Davies —la mujer parpadea, pero enseguida escribe algo en su monitor, mientras espero, miro los alrededores. El hospital es amplio y alejado de la ciudad, está a dos horas en auto de donde vivo, por eso no quería venir, mucho tiempo perdido. Es un hospital normal, la diferencia es que cuenta con un edificio de psiquiatría, donde tienen en observación a sus pacientes, luego del juicio contra Kristel, fue sentenciada a esto. Ya que no estaba en condiciones mentales fueron indulgentes con ella.

—Disculpe, ¿qué es usted de la paciente? —miro de nuevo a la enfermera.

—Su hermana, mi nombre es Olivia Davies —la mujer vuelve a mirar su monitor, hago muecas, no me gusta esperar.

—¡Bella! —alguien hace mucho ruido cercas de donde estoy, pero no volteo a ver—. Qué bueno que viniste, te ha estado esperando todo el día.

—Traje esto...

—Ay, que linda.

—Bien, para poder visitar a su hermana, señorita Davies, primero tendría que acudir con su psiquiatra, la doctora Saiz ha estado esperando por usted, sus padres le avisaron, así que puede ir a su consultorio.

Con un demonio, no solo pueden preguntarle a Kristel y que se niegue y terminar con esto. Sonrío fingidamente.

—De acuerdo, sé dónde es. Gracias —me alejo del mostrador y me dirijo al ascensor.

El consultorio de la doctora de Kristel está en el otro edificio, tengo que subir al quinto piso y de ahí cruzar un puente que esta encima de la carretera, para poder llegar al otro edificio, estando ahí, tengo que subir otros dos pisos y llegaré al consultorio. Hago todo eso, cuando llego al consultorio, solo toco y me dejan entrar.

—Señorita Davies —la psiquiatra de Kristel luce emocionada de verme, me sonríe y señala una silla frente a ella—. Por favor, tome asiento. He estado esperando su visita desde hace un tiempo —eso se me hace sospechoso.

—Sí, bueno, he estado ocupada —no es mentira, es una parte de la verdad, en realidad ni siquiera quería venir.

—Sé que puedo estar siendo descortés, pero me gustaría acelerar esta platica para que pueda ver a su hermana cuanto antes —mi ceño se frunce, ¿en serio voy a verla? Ruedo mis ojos—. Hay algo que me pregunto —espero a que siga hablando—. ¿Por qué Kristel insiste tanto en que usted mató a su amigo?

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Comments

Anonymus

Anonymus

Jummm tanta gente presionando porque?

2023-11-06

0

Laura Aguado

Laura Aguado

Gracias por un nuevo vicio😘

2023-11-01

0

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