En el restaurante del hotel HERTFORD, Zachary Belf se encontraba cerrando un nuevo acuerdo, con una antiguo socio de sus padres.
Su enfoque no estaba puesto al cien por ciento en aquel hombre, pues una bella castaña, de ojos color miel, llamo su atención.
La mujer se encontraba sentada frente a la barra del bar, desviaba la mirada de vez en cuando hacía el hombre de una sonrisa seductora.
Zachary dejó el vaso de whisky sobre la mesa.
—Disculpe caballero, surgió un asunto importante. — El pelinegro se levantó de su asiento y acomodo el fino saco, de una manera elegante. Con pocos pasos llegó hasta la mujer castaña y tomó asiento a su lado. —Un whisky seco. — Le ordenó al barman con una voz gutural.—Y para la bella dama.
Una sonrisa fue el costo, para que aquella dama quedará encandilada con el encanto del hombre.
—Old Fashioned.—Le respondió ella con una voz endulzante, mientras mostraba el blanco de sus perfectos dientes.
En un par de minutos, las bebidas estaban servidas. La chica reía constantemente, sobre cada palabra estructurada que salía de la boca del seductor.
—Eres un hombre encantador. —Pronunció la castaña. Sus dedos rozaron lentamente la orilla del vaso de cristal. —Me preguntó, qué hay más allá de esa sonrisa enigmática.
Zachary esbozó una sonrisa leve y con un ágil movimiento se acercó a la dama. De manera fina, rozó los dedos que la mujer tenía sobre el vaso de cristal, mientras su cálido aliento a Whisky golpeaba el lóbulo de la mujer.
Después de eso, la dama se mordió el labio inferior con ansias.
******
Eran los primeros rayos del sol, los qué entraban por la ventana de la habitación del hotel.
El pelinegro se vestía de manera lenta, sin prisa, pero tampoco había en él deseos de quedarse un minuto más.
La figura desnuda de una mujer, sobresalía de entre las sábanas blancas.
—¿Tan pronto te vas?
Zachary continuó vistiéndose, sin responder la pregunta.
—Sí te quedas un poco más, podemos jugar otro rato.— La mujer se levantó de la cama y caminó hasta el pelinegro, para abrazarlo desde la espalda. —O tal vez podríamos vernos otra vez esta noche y…
Cuando Zachary terminó de vestirse, quito las manos qué lo tenían envuelto.
—Lo siento, pero no me gusta repetir el menú.
La sonrisa de la mujer, se convirtió en una mueca de enojó.
Zachary Belf camino hasta la puerta de la habitación. Dejando atrás, a otra chica disgustada.
Media hora después, Zachary había llegado al edificio, donde vivía con Emma y su familia.
Los gritos y las risas se escucharon, desde el momento que abrió la puerta.
—¡Tío! —Gritaron los gemelos.
Zachary se unió a su juego y corrió detrás de ellos. A la primera que alcanzó fue a la pequeña Amanda.
—¡Basta tío! —Gritaba la pequeña entre risas.
No pasó mucho tiempo, cuando Emma Belf apareció frente a ellos.
—¡Amanda, termina tu desayuno! Y tu. —Se dirigió hacia Zachary. — Ve a tomar un baño. Apuestas a perfume barato.
Zachary se levantó un poco la camisa, para poder olerla. Luego hizo una mueca de desagrado.
—Anoche me pareció agradable.
Emma rodó los ojos.
—Al menos intenta no acostarte con cualquiera.
—No lo hago, mis gustos son finos. —Zachary camino hasta la nevera, para tomar la botella del jugo de naranja. —La chica de anoche, era la directora de cardiología del hospital New City.—Le aclaró él chico, mientras quitaba la tapa de la botella.
—¿La directora de cardiología?
—Así es.
—¿Y la chica de hace tres días?
—Es abogada en una de las firmas que trabajan para nuestros padres. Por cierto, esa mujer es sumamente talentosa.
—Dios, no quiero saber a qué tipo de talentos te refieres. —Se quejo Emma.
Zachary soltó una carcajada sonora.
Emma tomó el teléfono en medio de la conversación, cuando escuchó el sonido de una notificación.
—¿Sebastián?. Pregunto curioso.
Emma negó con la cabeza.
—Es… Una fotografía de Susan.
Zachary se acercó a Emma y se inclinó un poco hacia el teléfono que sostenía Emma en sus manos. Su mirada llena de curiosidad, pasó rápidamente a una amarga.
Emma levantó la vista hacia su hermano.
—Ya han pasado cuatro años Zachary, ya es tiempo de que también continúes con tu vida.
—Ya lo hago Emma.
—Hablo de que es tiempo de que consigas una chica, que no sea una aventura de una noche .
—Hemos hablado de este tema muchas veces. Aún no estoy listo para dar ese paso.—Dijo el chico mientras dejaba la botella sobre la mesa. Camino hasta su habitación y arrojó su saco sobre la cama.
Cada vez Susan mandaba fotografías sobre su grandiosa vida en París, junto a Tanya Aleeksev, abría de nuevo la herida en su corazón.
Zachary se sentó sobre la orilla de su cama, con la mirada fija en el suelo.
Otra vez, como lo venía haciendo desde hace cuatro años, Zachary se preguntaba si Tanya aún recordaba las pocas veces que hicieron el amor, si recordaban las caricias y si en algún momento llegó a extrañarlo tanto, como él a ella.
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Comments
Ana Castillo
que triste 😢 😪😪😪😔😔😔😥😥😥
2025-03-01
0
AMANECER
😲💔💔😔😭😭
2024-09-24
0
AMANECER
😱😱😱
2024-09-24
0