Martina estaba en el balcón disfrutando de la brisa fría de esa noche, el imperio del Nulem es un sitio frío, aun en primavera, la brisa fría permanece, pero para Martina es agradable, otra persona ya estaría sintiendo su cuerpo temblar, quizás se debía a la magia que Evelyn le entregó.
Martina escucha la puerta abrirse, al voltear era el emperador quien entraba y este se sorprende de verla fuera, pero camina hasta detenerse en el marco de ventana.
— su cuerpo se puede enfriar si permanece fuera demasiado tiempo.— menciona Caleb.
— saludos majestad, agradezco su preocupación.— Martina hace una reverencia.
— ¿en que momento dije que estaba preocupado? Solo te daba un consejo.— sonríe burla.
Justamente tan arrogante y frío como lo recuerda, pero tiene que soportar, debe conseguir el dinero suficiente para irse lejos.
— me disculpo por mi equivocación, pero como soy mujer, soy tan inútil¿cierto?— se muestra apenada.
— no es lo que quise dec...—
— es mejor ir directamente para lo único que sirvo...—
Martina pasa cerca del emperador y se quita la bata, dejando ver el camisón transparente que lleva, al llegar hasta la cama se sienta en la orilla de esta.
— adelante, reclame lo suyo.—
Martina separa las piernas, sin dejar de observarse fijamente al emperador, este aprieta la mandíbula, estaba molesto por el descaro de esa mujer. Se acerca sujetando su barbilla para que levante la vista, otra desviará la vista avergonzada, pero ella mantiene sus ojos fijos en los suyos, lo reconoce, ella es valiente. Caleb la hizo recostarse en la cama mientras sube encima de ella. Se inclina para besar su cuello, Martina se mantiene quieta, no es como si ella fuese a hacer algo, si el emperador quiere satisfacer sus necesidades, tendrá que hacerlo todo él; algo similar pasó antes, ella solo cerro los ojos y dejo que el emperador hiciera todo, justo como lo hace ahora, pero de pronto siente que él se aparta y se pone de pie.
— he perdido el interés, lo haces parecer como si te obligará.—
—¿que no es así? Para toda mujer es una obligación abrir las piernas para su esposo, si ella quiere o no, nunca ha sido importante.—
Caleb se sorprendió por las palabras de la chica, pero era verdad lo que decía, las mujeres no podían negarse ante sus esposos, pero él era diferente, no la obligaría a algo que no desea, jamás ha obligado a una mujer y esa no será la primera vez.
— no soy un abusador...—
Dicho esto se retiro de la habitación, Martina estaba confundida por lo que acababa de pasar, antes si ella quería o no, no le importo al emperador, pero ahora, él se ha ido, desde que regreso, muchas cosas han cambiado y ha sido para su beneficio, primero una bruja le otorgó poder y ahora, el emperador la dejo sola en su noche de bodas, de seguir así, ella podrá conseguir lo que quiere, una vida tranquila y sin preocupaciones. Martina no pudo evitar reír ante ello, finalmente podrá vivir como ella quiera. Al menos esa noche pensó que descansaría bien, pero no fue así, tuvo algunas pesadillas o más bien recuerdos de lo que paso en ese palacio bajo el acoso de las otras concubinas.
En la mañana, una doncella fue a llevarle el desayuno, siendo este, algo bastante simple, una ensalada con verduras ya casi pasadas y un vaso de agua.
"A su majestad le gusta que sus concubinas conserven su figura, debe tener una dieta rigurosa." Menciona la doncella.
— a mi no me interesa lo que diga su majestad, tráeme comida de verdad.—
"¿Cree que yo voy a desobedecer a su majestad?"
— bien, entonces iré yo misma a ver a su majestad, que nos de esta dieta es absurda, vendrás conmigo.—
La doncella se muestra nerviosa ante las palabras de Martina al ver que se ha puesto pie.
— camina...—
"Su majestad no tiene tiempo para sus quejas, coma o muerase de hambre." Le grita.
Martina se acerca a la doncella y le agarra del cabello para estampar su rostro contra el plato de ensalada.
—¿quien te crees tú para gritarme? Quizás no sea la emperatriz o una princesa, pero sigo siendo superior a ti y me debes respeto.—
"Y-yo...le haré saber esto a lady Ariel...el emperador hará justicia si ella lo pide..."
— Ariel ¿de verdad crees que ella tiene influencia en el emperador y yo no?—
"Ella es la concubina favorita, la futura emperatriz."
Martina empuja a la doncella causando que caiga y comienza a reír.
— veamos si es verdad...ve, corre con Ariel.—
La doncella salió corriendo de esa habitación, las otras doncellas estaban sorprendidas por verla correr y además con sangre en el rostro. La doncella llego hasta un jardín, donde se tiro de rodillas llorando.
"Alteza, pido justicia, esta humilde empleada a sido herida por la nueva concubina del emperador."
Ante la doncella había una mesa llena de postres y ahí una joven rubia bebía el té mientras disfruta de la mañana, ante la presencia de aquella mujer, se puso de pie y se agachó para mirarla mejor.
— pero que terrible, cuanta crueldad, no podemos permitir esto.—
La joven Ariel llama a sus doncellas para que curen las heridas de la doncella recién llegada. Mientras que ella va hasta el palacio de Martina, donde fácilmente la dejan pasar por los guardias y le informan que Martina estaba caminando por el jardín, ahí, la chica se interpone en el camino de Martina.
— no me importa si eres mi prima, dañas a las doncellas esta mal, su majestad jamás perdonará tales actos.—
Martina solo rueda los ojos, esa voz toda dulce no le queda para nada a esa chica, claramente se ve lo falsa que es.
— entonces ve por su majestad y que venga a darme un castigo.— responde de manera burlona.
— n-no se trata de eso, su majestad no tendría tiempo para estas cosas, por eso me gustaría solucionarlo de la mejor manera.— Ariel muestra una sonrisa amable.
Por supuesto, Martina sabe que ese solo es acto, debe de estar así porque los sirvientes están observando. Martina levanta la mano y de su palma sale una pequeña flama.
— buena idea, traela aquí y le quemaremos viva por faltarle el respeto a una concubina del emperador. — la flama crece un poco.
Al ver la flama crecer, Ariel grita y al hacerse hacía atrás, cae, los sirvientes rápidamente se acercan a ayudarla, mientras miran a Martina de con enojo.
—¿se atreven a mirarme así? Parece que quieren que les saque los ojos.—
Martina mostraba una sonrisa burlona y su mirada causaba escalofríos. Ariel se arrodilla mientras llora.
— por favor perdonelos mi lady, ellos solo me están protegiendo. Por favor no nos haga daño.—
—¿que esta pasando?—
Martina reconoce esa voz, era la del emperador, ahora entiende porque Ariel comenzó a suplicar.
— majestad yo solo vine a pedirle a lady Martina que no dañe a las doncellas, ataco a una de manera cruel y sin razón.—
Martina se cubre los ojos y comienza a sollozar.
— yo solo quería una comida decente, la sirvienta dijo que las concubinas solo podemos ensalada de verduras podridas y beber agua por orden suya.—
— ¿que? Eso no...—
— pero si es una orden de su majestad yo me disculpare con la doncella.—
Ariel al levantar la vista, vio el enojó en el emperador.
— yo no sabía eso majestad, ella no me dijo la razón por la que la concubina Martina la ataco...— ya mostrara su expresión llorosa.
...
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Comments
Estrella Guadalupe Martinez Vera
Martina puede jugar el mismo juego de llorona jajajajaja no se lo esperaba he
2025-02-12
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Edilia de la Cruz
El primer lugar para la mas llorona es....
2025-02-27
0
Maria Rodriguez😍💝💖
Y entonces porque en su vida pasada lo hizo
2025-02-01
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