Enfrentando los recuerdos

Samantha nunca había sido exactamente el tipo de chica que se consideraría tímida con los hombres. De hecho, desde que podía recordar, la suerte le había sonreído con el sexo opuesto; tan así era que desde que ella había comenzado a ir al jardín de niños, los demás niños siempre se peleaban por ver quién de ellos era el que la ayudaría a subirse al tobogán del patio de juegos.

Pero sin saber muy bien cuál era la causa de ello, el solo pensar en acercarse a Henry la hacía sentir como si el suelo debajo de ella temblara repentinamente. La joven morena no sabía cómo se iba a tomar él la noticia de que ella era una de las principales instigadoras de la demanda contra NorthStar Energy. Y eso generó un gran malestar en la joven de oscura cabellera, que era visible desde lejos para todos aquellos los que la conocían.

—¿Qué pasa cariño?— Grace le preguntó a su hija, Sam. —¿No me digas que todavía te preocupa lo que ese chico rico piense de ti? ¿Por qué no le dices la verdad de una vez? No es como si hubieras cometido un crimen...

—El problema, mamá, es que realmente cometí un delito. Recuerda que te conté lo de la filtración de datos importantes de la empresa—, suspiró la joven. —Fueron muy amables de no perseguirme y dejarme pudrir en la cárcel como la espía barata que soy.

—No, no es que te hayan dejado ir porque fueron muy amables contigo—, respondió Grace, tomando la mano de su preocupada hija. —Lo hicieron porque saben que si tú hablas, su empresa corrupta colapsará, ladrillo por ladrillo. Creo que incluso Henry lo sabe y por eso se está poniendo del lado nuestro.

—¿Crees que él lo sabe? Al final de todo, es su familia. Por mucho que quiera cambiar la empresa de su familia, no va a ser tan fácil para él no sentirse culpable tratando de cambiar lo que su padre y su abuelo construyeron a lo largo de los años.

Grace asintió, jugando delicadamente con un mechón de cabello de su hija.

—Pero si es tan inteligente como parece, estoy segura de que encontrará la manera de hacer algo bueno con el poder de su compañía. Por eso me alegro de que los tenga cerca a ustedes, muchachos, para que pueda aprender un poco más sobre el mundo fuera de su burbuja llena de brillos.

—No sé si debo incluirme en la lista de los que lo van a ayudar. Sí, me gustaría decirle la verdad y acercarme, pero creo que todavía no estoy lista para algo así.

—Ya estás dando los primeros pasos, buscando esclarecer la verdad. Pero mientras sigues en tu incansable lucha por la verdad… ¿No te gustaría quedarte a almorzar? Hice el estofado de carne que tanto te gustaba cuando eras niña.

—Sí, creo que sí me gustaría. Me vendría bien un poco de tu comida—,sonrió Sam. —Tú mejor que nadie que siempre me anima. Pero, ¿dónde están los demás?

—Oh, parece que todos están ocupados—, respondió Grace, frunciendo el ceño mientras miraba su teléfono, —Brian y tu papá fueron a comprar repuestos para camiones, y Katy... ¡No sé qué le pasa! Dijo que iba a comer un poco de helado con una amiga, pero creo que ya se tardó demasiado. Ella se fue antes de que llegaras aquí. Honestamente, estoy un poco preocupada por ella.

—Déjala vagar libremente por una vez en su vida—, Sam sonrió dulcemente. —Ser adolescente es algo muy difícil para cualquiera, y además de tener que llevar a todas partes su silla de ruedas, ella ha tenido que aguantar por muchos años las burlas de los niños tontos. Creo que se merece un poco de diversión.

—Tienes razón, pero te juro que si Katy no vuelve en quince minutos, te voy a mandar a buscarla, te guste o no—bramó Grace

—Oh, mamá. Creo que siempre vas a ser la misma—, sonrió la joven de grandes ojos verdes.

En el parque del centro de Cedar Creek, Katy disfrutaba de un helado en compañía de su nuevo amigo, quien se veía un poco incómodo de estar a su lado.

—Te dije que hubiera sido mejor si hablábamos en un lugar menos público—, siento que me están mirando como si fuera un mucho raro, dijo el joven.

—Ah, ¿y ahora te atreves a poner condiciones? Te recuerdo que no fui yo quien se acercó a una adolescente que caminaba por la calle—, sonrió la joven. —Si me haces enojar, te arrepentirás, porque todos creerán que me hiciste algo muy malo.

—¿Y por qué debería hacerte enojar? Ya te dije que solo quería saber un poco más sobre tu hermana—replicó el muchacho.

—Ya te dije que se llama Samantha, le gustan las computadoras, los gatos y no busca pareja—, suspiró la rubia. —¿Por qué estás tan obsesionado con ella?

—Y ya te dije que no estoy obsesionado con ella—, suspiró Henry. —Quiero saber más sobre ella, porque estoy seguro de que la vi por primera vez hace muchos años. ¿Alguna vez tu hermana te habló de un amigo especial que conoció un verano cuando estaba a punto de montar una obra de teatro?

—No, ella nunca me dijo nada sobre eso—, respondió la adolescente rubia, lamiendo su cono de helado. —Tengo que decirte que soy diez años menor que ella, y lo que hizo antes de que yo naciera o cuando era un bebé, no es asunto mío.

—Entonces, podría ser que ella me recordara, pero no te dijo nada, ¿verdad?— Dijo el joven Vandervilt entre dientes. —Entonces, no todo está perdido...¿verdad?

—Mira chico. No sé de qué estás hablando—, Katy se encogió de hombros. —Y mejor me voy a casa en este instante, porque mi mamá de seguro ya se preocupó por mí, y tengo que disculparme con mi amiga Candy, a quien no pude ver hoy por tu culpa—, dijo la joven antes de alejarse.

—Oye, y a todo esto, niña. No me dijiste por qué te pareces tanto a una muchacha que conocí en la capital. Su nombre es Sarah—, respondió Henry, alcanzando a la jovencita de la silla de ruedas.

—Ella es una prima lejana—, mintió descaradamente la rubia. —No sé casi nada sobre ella, pero...

Antes de que pudiera continuar, el sonido de una voz familiar que venía hacia ella desde unos arbustos la distrajo.

—Oye, hermana, mi mamá dice que...

Pero Sam ya no pudo continuar. Su corazón comenzó a latir muy rápido cuando vio a Henry tan cerca de ella, mirándola con infinita ternura.

—Sí, ya no hay duda, eres Samantha Davis, la misma encantadora Sam de mi adolescencia—. Dijo el de los ojos azules, sintiendo temblar cada fibra de su esbelto cuerpo.

La chica de hermosos ojos verdes lo miró fijamente. Para él, el tiempo se congeló en ese instante.

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