La negación de la empresa

Samantha estaba viendo las noticias con cierta melancolía, mientras terminaba de desempacar sus cosas para seguir amueblando su pequeño departamento en las afueras de Cedar Creek, cuando de repente, un golpe en la puerta de su casa la distrajo. Su sorpresa fue enorme cuando vio que quien la buscaba no era otra que Melissa, su vieja amiga de su escuela, quien lucía visiblemente preocupada.

—Amiga, no sabes lo lindo que es volver a verte por aquí— la saludó su amiga pelirroja con un efusivo abrazo. —Desde que me enteré de que querías involucrarte en ese juicio civil, te juro que no pude dormir tranquila. Esa empresa es muy poderosa

—Créeme, lo sé mejor que nadie—suspiró la chica de ojos verdes. —Pero también espero que esto maeque un precedente para que compañías como NorthStar Energy comiencen a tener un poco más de conciencia social

—¿Crees que algo así realmente podría suceder en esta vida?— la pelirroja regordeta se rió sarcásticamente. —Para mí que ellos no van a querer aceptar errores tan graves fácilmente, y mucho menos, van a querer repararlos—

—Tal vez no sea fácil—, suspiró Samantha, mirando hacia el piso —Pero te juro que voy a morir en el intento. Quiero dar mi vida entera para que ellos paguen por todo lo que le hicieron a nuestra gente

Y antes de que alguna de las dos pudiera decir una palabra, apareció un titular en la pantalla de televisión que dejó congeladas a ambas jóvenes : "Transnacional de energía es demandada civilmente por una pequeña comunidad ubicada en el sur del país"

—Como lo ven, damas y caballeros, un pequeño pueblo agrícola en el sur de nuestra nación está buscando acabar con el gigante del combustible NorthStar Energy—dijo la presentadora de noticias

Samantha y Melissa vieron el segmento del noticiero con gran atención, ambas sintiendo una sensación de validación y esperanza. Fue algo un poco extraño el ver que se hablaba de su propia ciudad en las noticias nacionales, pero no pudieron evitar sentirse orgullosos de que sus voces finalmente se escucharan.

El reportaje del noticiero mostró entrevistas con algunos de los residentes de Cedar Creek, quienes hablaban del impacto ambiental y sanitario que las operaciones de la compañía habían causado en su comunidad. Samantha reconoció algunos de los rostros de su infancia y sintió un dejo de nostalgia mezclada con ira. Ella había crecido con estas personas y había visto de primera mano el costo que la codicia de NorthStar Energy había cobrado en sus vidas y en el medio ambiente que los rodeaba.

Pero a medida que continuaba el reportaje, el corazón de Samantha se encogió de tristeza. La presentadora dijo que la compañía había emitido un comunicado en el que negaba haber actuado de forma errónea  y en el que afirmaban que planeaban luchar contra la demanda enérgicamente. Melissa dejó escapar un quejido de frustración, levantando las manos en el aire.

—Por supuesto que lo están negando— dijo con amargura. —No van a cambiar sus prácticas en un instante y asumir la culpa así como así. Tienen demasiado dinero y poder que perder

—Lo sé—, dijo Samantha con una inmensa tristeza en su voz, —Era más que obvio que no iban a aceptar su responsabilidad a la primera de cambio. Pero no me voy a rendir, y sé que ninguno de nuestros vecinos tampoco se van a dejar vencer

—Espero que no lo hagan—, la pelirroja sonrió con infinita ternura. —Pero recuerda que no todos aquí tienen la misma valentía que tú

—No soy valiente—, respondió la de pelo negro, dándole una palmadita a su amiga en el hombro. —Solo soy una mujer común que busca hacer algo por las personas cuya voz rara vez se escucha

—Ay amiga. Te juro que si no te conociera, pensaría que más que una mujer real, eres una especie de superheroína

Y mientras las dos amigas continuaban hablando, el celular de Samantha comenzó a sonar. Era un mensaje de Rachel, acompañado de un enlace a un video.

—¿Has visto lo que dice este cínico?— decía el mensaje la abogada —Te lo juro, que si yo no fuera una mujer respetuosa de la ley, estaría abofeteando a ese tonto de Vandervilt en la cara ahora mismo.

Samantha hizo clic en el enlace y miró horrorizada mientras se reproducía el video. Era un clip del CEO de NorthStar Energy, William Vandervilt, dando una conferencia de prensa. Se paró en un podio, rodeado de reporteros y micrófonos, luciendo confiado y sereno. Junto a él, estaba Evelyn, su esposa, mirando con frialdad a todos los representantes de prensa presentes en la sala. Samantha sintió que una oleada de ira la invadía cuando él comenzó a hablar.

—Déjenme ser claro—, dijo Vandervilt con voz suave, pero firme al mismo tiempo. —NorthStar Energy siempre se ha comprometido con el bienestar de las comunidades en las que operamos. Nos tomamos muy en serio cualquier acusación de irregularidades y nos defenderemos de estas afirmaciones sin fundamento en los tribunales.

Samantha no podía creer lo que estaba escuchando. Este hombre estaba parado allí, mintiendo con una frialdad absoluta, mientras que Cedar Creek sufría por las perforaciones realizadas por  empresa de la que él era dueño. Sin darse cuenta, la joven comenzó a apretar sus puños con fuerza, al tiempo de que su corazón se inundaba de una fiera determinación por conseguir que se hiciera justicia.

—Eso es todo—, dijo, apagando de golpe su teléfono móvil —Ya tuve suficiente. Sí o sí, voy a hacer algo al respecto

Melissa miró a su amiga con preocupación. —¿Qué quieres decir? ¿Qué vas a hacer?

—Todavía no lo sé—,dijo Samantha, paseándose de un lado a otro de la sala de estar. —Pero no puedo simplemente sentarme aquí y ver cómo ellos se salen con la suya. Tiene que haber algo que podamos hacer.

—Tal vez  haya algo—, dijo Melissa, con una sonrisa pícara iluminando su rostro. —¿Has oído hablar del grupo ecologista hacktivista, La Resistencia?

Samantha negó con la cabeza, visiblemente confundida. —¿Qué tienen que ver ellos con esto?

—Oh, nada—, sonrió Mel. —Es que "La Resistencia" es un grupo de hacktivistas reconocidos a nivel mundial por haber ayudado a exponer a empresas y políticos corruptos. Incluso se dice que contribuyeron a la caída de un par de regímenes corruptos en Medio Oriente.

—Todo eso suena muy bien, pero todavía no entiendo qué tienen que ver con nuestro problema.

—Nada por el momento—, sonrió ka pelirroja de cara redonda, —Pero creo que si alguien le contara a un miembro de ellos sobre la situación de nuestro pueblo, creo que tal vez podrían intersarse en ayudarnos—.

—¿Por qué dices eso? ¿Conoces a un miembro de ese grupo?— Samantha respondió, sintiéndose un poco confundida.

—Amiga, cuando fui a la universidad, experimenté mucho, tú lo sabes. Y entre los  caballeros que conocí hay alguien un poco mayor que yo, guapo, caballeroso y sobre todo, amante de luchar contra la injusticia.

—¿Y por qué debería importarme tu vida privada, cariño? Ya sabes que no soy el tipo de mujer que se pasa todo el tiempo hablando de los demás

—Lo sé, querida. Pero también sé que mi amigo podría ser nuestra mejor oportunidad para ganar este caso—

—¿Y por qué estás tan segura de que nos hará ganar este caso?

—Espera y ya lo verás. Además de ser alguien con un enorme conocimiento sobre los ecosistemas forestales, como el de nuestra ciudad, él y sus amigos son personas muy valientes. No le temen a nada a la hora de luchar contra las injusticias

—Bueno, no digas más, me muero por conocer a tu amigo especial y la gente maravillosa con la que trabaja—, respondió Sam encogiéndose de hombros.

Sí, sonaba un poco loco buscar la ayuda de un grupo de hacktivistas, pero todos saben que las situaciones difíciles requieren tomar medidas extremas.

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