Cuando Henry estaba en el jardín de nños, había un pequeño que era más corpulento que él y que siempre lo molestaba. Por mucho que el lo acusara con los profesores, ese abusón siempre encontraba la manera de hacerle algo malo, ya fuera tirándolo al estanque del patio de la escuela o robándole uno de sus lápices de colores. Todo esto se prolongó durante varias semanas, hasta que un niño que acababa de llegar a la escuela tuvo las agallas de enfrentarse al acosador. El nombre de este chico era Peter Ross. Rubio, pálido y desgarbado desde la cuna, Peter no tuvo reparos en esperar un día, mientras el corpulento Jim bebía su jugo de manzana en el recreo, para derramarle una botella de pegamento en la cabeza, acción que hizo que el abusón llorara como un bebé. . A pesar de que el pequeño Ross se ganó tres días sin recreo por esa broma pesada, gracias a ella se ganó el respeto de toda su clase, pero sobre todo, de Henry. Desde el primer momento, los dos niños se dieron cuenta de que estaban destinados a ser grandes amigos, ya que les gustaban las mismas caricaturas y admiraban a los mismos atletas. Por eso, a pesar de que ya habían pasado tantos años desde la última vez que se vieron en persona, cuando se reencontraron, sintieron como si no se hubieran dejado de hablar ni por un solo minuto.
—¿Qué pasó, mi querido Henry? ¿Cómo te trata la vida allá en la capital?— Peter le dijo a su amigo. —Escuché que tu padre quiere dominar el mundo, ¿es eso cierto?
Henry se rió discretamente ante el comentario sarcástico de su amigo. —Algo así—, respondió con una sonrisa. —Pero no lo está haciendo solo. Y, sinceramente, no estoy seguro de querer formar parte de ello—suspiró el joven, sintiendo de repente el peso de las expectativas de su familia sobre sus hombros.
Peter notó el ligero cambio en el comportamiento de su amigo y colocó una mano sobre su hombro, intentando reconfortarlo —Oye, no dejes que esas ideas te afecten, Henry. Tú vales por cuenta propia y no tienes que seguir los pasos de tu padre si no quieres
Henry asintió, agradecido por las palabras de aliento de Peter. —Gracias, mi hermano. Siento que estoy atrapado entre la espada y la pared. Por un lado, quiero enorgullecer a mi familia y continuar con el legado, pero por otro lado, no quiero hacer a un lado mis valores y creencias.
Peter asintió con firmeza. —Lo entiendo. Pero recuerda que al final del día, tienes que hacer lo correcto para ti. Aunque a momentos pueda parecer que no, tu familia siempre estará ahí para ti, pase lo que pase.
Henry sonrió ante la sabiduría de su amigo.—¿Sabes, Peter?, siempre tienes una manera de poner las cosas en perspectiva. Por eso has sido un gran amigo para mí durante todos estos años
Pedro le devolvió la sonrisa. —Siento lo mismo por tí, Henry. Siempre estaré aquí para ti, pase lo que pase. Y hablando de eso, escuché que estarás en la ciudad por unos días. Deberíamos ponernos al día y hacer algo divertido. Creo que tanto a tí como a mí no nos vendría mal revivir viejos tiempos
El rostro de Henry se iluminó ante la sugerencia. —¡Eso suena increíble! ¿Qué tienes en mente?
Los ojos de Peter brillaron con picardía. —¿Recuerdas esa vez que nos colamos en la fábrica abandonada en las afueras de la ciudad y nos pusimos a jugar a que que éramos espías?
Henry sonrió, dejando que una oleda de recuerdos lo invadieran. —¡Sí! Y casi nos atrapa ese guardia de seguridad
Peter se rió de buena gana. —Esos fueron buenos tiempos. Hagámoslo de nuevo, pero esta vez sin que nos atrapen
Henry asintió con entusiasmo. —Acepto. Pero primero, vamos a almorzar.Yo invito
Los dos amigos pasaron el resto del día poniéndose al corriente con sus vidas y recordando sus aventuras de la infancia. Hablaron sobre sus caricaturas favoritas de su infancia, de la vez en la que se perdieron en el bosque y tuvieron que encontrar el camino de regreso a casa, y sobre esa vez en la que montaron una obra de teatro para toda la escuela y olvidaron sus líneas frente a todos sus compañeros.
Mientras caminaban por las calles de su ciudad natal, Henry se dio cuenta de cuánto había extrañado este lugar y la gente que lo habitaba. Por primera vez en mucho tiempo, se sintió verdaderamente feliz y en paz.
Más tarde esa noche, mientras estaban sentados en el techo de la casa de Peter, viendo las estrellas brillar en el cielo, Henry no pudo evitar sentirse agradecido por contar con un amigo tan leal. Hoy en día es raro encontrar a alguien que además de conocerte bien, te escuche y te acepte tal y como eres.
—Peter, sé que no digo esto lo suficiente, pero me da mucho gusto que seamos amigos. Has estado ahí para mí en las buenas y en las malas, y no puedo imaginar mi cómo sería mi vida sin ti.
Peter sonrió, sus ojos azules brillando a la luz de la luna. —Siento lo mismo, Henry. Eres como un hermano para mí, y siempre estaré aquí para ti, pase lo que pase
—¡Gracias, amigo! De verdad, me había estado sintiendo muy solo durante varios días, y escuchar tus palabras me hizo sentir como si el sol saliera de nuevo para mí—dijo el joven Vandervilt, con los ojos extrañamente húmedos.
—¿Cómo está eso de que te sientes muy solo?— el rubio larguirucho dijo, frunciendo el ceño. —¿No me digas que sigues esperando a esa tal Samantha de tu adolescencia? Te dije cuando me hablaste de ella por teléfono, que a estas alturas, probablemente ella ya esté casada y tenga hijos
—¡Claro que no! Sería absurdo seguir pensando en ella después de tantos años— exclamó el de los ojos azules, poniéndose un poco a la defensiva. —Estoy pensando en una chica que conocí hace poco, que me recuerda mucho a ella
Peter levantó una ceja con curiosidad. —¿En verdad? Cuéntame más sobre esa chica misteriosa
Henry sonrió con timidez. —Su nombre es Sarah y estuvo trabajando durante un tiempo en el departamento de TI de la empresa de mi padre. Es inteligente, divertida y apasionada por los asuntos relacionados con la justicia social. No sé, hay algo en ella que me recuerda a Samantha, pero al mismo tiempo, ella es completamente diferente a la muchacha que conocí en Cedar Creek
Peter sonrió. —Parece que estás enamorado, amigo mío. ¿Ya la invitaste a salir?
La sonrisa de Henry se desvaneció. —No, todavía no. Así como llegó a mi vida de rápido, desapareció sin dejar rastro alguno. Presentó su renuncia irrevocable y no he sabido nada de ella desde entonces. Los rumores dicen que tal vez esté muerta o muy enferma, pero no lo creo...
La expresión de Peter se tornó sería. — Qué situación tan complicada, hermano. Lamento de corazón tener que escuchar eso. ¿Has intentado comunicarte con ella?
Henry asintió. —Sí, la llamé y le envié varios mensajes de texto, pero ella no respondió. Es como si hubiera desaparecido por completo, casi como si nunca hubiera sido una persona real
Peter le dio una palmada en el hombro de su amigo para reconfortarlo —No pierdas la esperanza, Henry. Tal vez tu chica solo esté pasando por un momento duro y necesite un poco de espacio. Pero si realmente te preocupas por ella, no la dejes escapar sin luchar por estar a su lado.
Henry miró a Peter, agradecido por su apoyo. —Gracias, mi hermano del alma. Siempre sabes qué decir
El rubio sonrió con ternura. —Para eso están los amigos, ¿no? Para apoyarse mutuamente en las buenas y en las malas. Y si necesitas ayuda, házmelo saber. Estaré aquí para ti—
Henry asintió, sintiendo que lo invadía una sensación de alivio. Era reconfortante saber que tenía a alguien como Peter de su lado, siempre dispuesto a echarle una mano. Mientras estaban sentados en el techo, mirando las estrellas, Henry se dio cuenta de que tenía todo lo que necesitaba allí: un amigo para toda la vida, una noche hermosa y un mundo lleno de posibilidades.
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