Izan
He salido muy enojado de casa, es como si nadie pudiese entenderme. Que pueden saber ellos sobre cómo me siento. Me están imponiendo a vivir a diario con esa chica en nuestro hogar. No la quiero aquí, ojalá y hubiese muerto en esa caída.
—¡No te atrevas a decir eso de nuevo! —Gruñe con fuerza la voz.
—No empieces. —Respondo con enojo.
—No es justo y lo sabes, yo te deje ligarte con esa maldita mientras quisiste y ahora te niegas a que yo tenga a mi pareja ideal.
—Ella no es buena para nosotros.
—Como puede no ser bueno lo elegido por el destino para nosotros.
—Algunas veces el destino se ha equivocado.
—Son casos aislados, no el nuestro.
—¿Cómo lo sabes?
—Por ese único momento en que me dejaste ser yo y la bese.
—Ah, sí. ¿Cómo pudiste hacer semejante estupidez?
—No fue una estupidez, es mi pareja y la amo, ella es especial.
—¿Qué tiene de especial una simple humana?
—No sabes nada, ella es alguien impresionante, te lo advierto, no le des la espalda.
—Lo siento por ti, pero ya lo hice.
—No es cierto, a mí no puedes mentirme, siento tu curiosidad.
—Cállate, no sabes lo que dices.
Comencé a escalar un árbol que quedaba justo al lado del hospital y al recostarme contra el tronco en lo alto la vi. Justo había subido al único maldito árbol que daba a su ventana. La oí sonreír y busqué su rostro, es cierto que siento algo, pero no pienso admitirlo.
Mas, cuando su sonrisa se muestra me atrapa como insecto en su red, no puedo quitarle los ojos de encima. Veo como sus labios se mueven y recuerdo el sabor de estos, como se sienten contra los míos, lo he sentido, aunque no fuese yo en ese minuto. Trago y mojo mis labios, el viento sopla y me trae su aroma de frambuesa, me encanta, es una crema que usa. Lo sé porque entré a su cuarto siguiendo su olor y vi de donde procedía, pero además huele a mar, algo que adoro. Me encanta el océano a pesar de mi naturaleza, no puedo evitarlo.
Diosa, quiero que no duela, sin embargo, lo hace. Cierro mis ojos y recuerdo como esa maldita se burló de mí antes de marcharse con su pareja. No puedo evitar sentir terror al pensar que sucede lo mismo con Nerea…
Nerea, que lindo nombre; ojalá y nunca te dieras por vencida conmigo. Quisiera decirte que lucharas por mí, pero debes odiarme y mi madre tiene razón, luego de lo que te he hecho solo eso me merezco, soy un maldito.
La observo mientras conversa animadamente con mi hermana y pienso en que quisiera poder tenerla en mis brazos. Algo me dice que solo a ella necesito, que sería totalmente feliz con su cuerpo junto al mío y su esencia en mi nariz, pero no tengo ni la menor idea de cómo abrirme. Debo encontrar la forma porque no pienso renegar de ella, no soy estúpido y sé que como alfa necesitaré mi luna al lado. Y no hay ninguna mejor que la verdadera, solamente espero que pueda encontrar en su interior algo que le impida negarme.
Es cierto que he cometido un crimen que casi le cuesta la vida por idiota, me cegué por miedo. También me niego a dar mi brazo a torcer frente a otros, pero no puedo engañarme a mi mismo. Ahora que la vuelvo a ver, la quiero, quiero a mi pareja, aun así, estoy roto.
Actualmente, no tengo nada que ofrecerle, nada más que odio y dolor. Sin embargo, de alguna manera tendré que quebrarme nuevamente, para perder el miedo y poder estirar mis brazos hacia ella.
Es difícil estar justo aquí, a nada de su cuerpo y no poder mostrarle mi corazón que está empantanado en tanto dolor. No puedo hacerle daño otra vez. Yo quiero ser todo para ella. Así como tengo el mismo deseo de que lo sea para mí. Por lo que debo curarme antes, necesito desnudar mi alma y encontrarme nuevamente para poder aceptarla. Para ofrecerle mi verdadero yo, ese que junto a Naz la amara de una manera única. Como si no existiera otra en todo el mundo, porque realmente no existe, ella es mi vida.
Cierro los ojos y golpeo el árbol con un puño de tanta impotencia, porque, aunque sé lo que debo hacer, no encuentro el cómo. Es difícil y este dilema me tiene consumado el cerebro por completo, la atracción ha comenzado a hacer de las suyas. Me acabo de poner de rodillas para ella con tan solo el pensamiento. He reconocido cuanto la deseo, cuando en realidad hasta hace nada la odiaba por haber aparecido.
Me restriego el rostro en pura frustración hasta que siento que me miran. Al buscar de donde es, la veo, pero no es posible que un humano pueda verme a tanta distancia. Confirmándolo solo se da la vuelta dándome la espalda y luego de apagar la luz de la lámpara, que era la única encendida en su habitación, la veo acomodarse para dormir. Decido que es hora de irme y voy descendiendo para tomar camino. Quisiera poder besar su frente y decirle buenas noches.
—Ves que no hay forma de escapar. Lo sentiste al igual que lo hice yo. Su vibra te arranca de la tierra y hace que gires a su alrededor.
—¿Eso fue lo que pasó? — Le pregunto con dudas a mi lobo.
—Y la atracción, claro está.
—Claro.— Digo rodando los ojos hasta que siento una voz que me llama.
—Izan.
Me giro y me encuentro con uno de mis mejores amigos y futuro beta, Alex.
—Dime.
—Va a empezar la ronda, ¿vienes?
—Claro, no tengo nada mejor que hacer.
Él asiente y camina a mi lado, siento que tiene algo que decir por lo que lo miro.
—Yo… solo quería decirte que si necesitas hablar aquí estoy, hermano. Aunque supongo que Frank puede darte un mejor consejo, ya que conoce sobre todo esto. La verdad es que siento algo de envidia…
—¿Por qué?
—Bueno, sin querer ofenderte, pero si mi chica ideal aparece y es como Nerea no tengo nada que pensar. Es agradable, inteligente, se puede conversar con ella y es hermosa, sin duda yo…
En nada lo tomé por su camiseta y lo lancé contra un árbol gruñendo. Sujeto su cuello, aunque no lo ahogo, sin embargo, lo he elevado del suelo.
—Ten cuidado.
Le digo en mi tono de alfa y aunque sé que está mal, que mi hermano jamás me traicionaría, no puedo evitar sentir celos a muerte.
—Tranquilízate Izan, no dije que estuviese interesado en Nerea, sino que deseo que mi pareja sea tan agradable como ella, hermano.
Lo suelto despacio y lo deposito en la seguridad de la tierra.
—Lo siento, yo…
—Tranquilo, no pasa nada, debí darme cuenta de que, aunque digas que no la quieres, no puedes evitar sentir que es tuya.
Mirando al suelo asentí, esto cada vez se está poniendo peor, tengo que controlarme o haré una estupidez. Solo le hice seña para que continuáramos el camino hacia donde íbamos, no deseo hablar de esto, necesito resolverlo. Con ella tan cerca todo va a complicarse, pero debo resistir, ya dije que no entregaré nada más mi parte lobo a sus pies, aunque sea una humana, se merece todo.
Lo justo es que pueda tenerme por entero para ella sola. Que solo su ser me haga orbitar a su alrededor, como yo quiero que ella ocupe mi espacio vital. Con nuestros respetivos momentos de privacidad, eso es evidente, pero estar el uno para el otro como lo hacen mis padres. Eso es lo que deseo para nuestro futuro.
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Comments
Elizabeth Mendez Leon
ya cayó espero que nerea no sufra mucho
2022-12-31
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