Las quejas en su corazón ¿puedes escucharlas?
mientras ellos susurran sus lamentos,
otras bestias crueles se regocijan al verlos,
¿desde cuándo el dolor ajeno se volvió algo de alabanzas?
¿Cuándo se volvió algo normal perder tantas vidas?
en el lecho de la noche se escuchan los gritos desgarradores,
gritos de las víctimas inocentes que han sido arruinadas,
ellos necesitan ayuda, pero nadie parece notarlos.
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-Paulette- Gritaba desesperado el pelirrojo entre el montón de gente, llevando de la mano al grupo de conejitos.
Todo esto era un caos, no tenía idea de que hacer, su mente era un lío pensando en los posibles lugares donde habría ido la pequeña niña, sus manos temblaban y su voz titubeaba del miedo, tenía que hacer algo rápido.
Continúo preguntando persona a persona sin una buena respuesta del paradero de la niña, hasta que una mujer joven le dijo "vi a una niña de cabello casi rojo, iba con su padre y su madre". La mujer le indico la dirección en la que se había marchado, ¿los padres de la pequeña la recogieron?
-No pueden ser los papás de Paulette, ellos partieron a ver a su abuela, ahora solo su tía está a cargo de ella-Claudette le informo preocupada mientras se mordisqueaba las uñas.
-Mi bebé, ¿han visto a mi niño? -El grito de una mujer llamo la atención de todos, se trataba de una joven dama de pelo negro, que corría de un lado a otro preguntando por el paradero de su hijo. Llego hasta ellos preguntando lo mismo.
- ¿Cómo es su hijo\, señora? -A Gastón todo esto le resultaba bastante extraño\, no solo Paulette no aparecía ahora también el hijo de esta mujer.
-Tiene pelo castaño, es muy pequeño tiene solo tres años, estaba a un lado de mí cuando estaba comprando y luego desapareció- las lágrimas de la mujer causaron una especie de remordimiento en el corazón de Gastón.
-Sí, encontramos a su hijo le avisaremos señora-Sentía un nudo en el corazón al pensar en el sufrimiento de la mujer, el recuerdo de su madre de este mundo seguía atormentándolo algunas noches, mismas en las que incluso él se veía llorando al pie de la cama de su madre, abrazando su ropa y rogando porque volviera.
-Iré por el lugar que indico esa mujer, pero me temo que tendrán que esperarme con la señora Jennigs-Miro al grupo de pulgas, no podía llevarlos consigo, y arriesgarse a perder a otro más.
Los llevo a la tienda de quesos de la señora Jennigs y ahí los dejo. Tenía que apresurarse a buscar cualquier rastro de la pequeña cobriza no había tiempo que perder.
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Paulette tenía miedo, demasiado, pero no podía moverse y no es que esa emoción se lo impidiera no, esta vez no era así. Después de lanzar su linterna, volteo observando a la gente, y vio a un pequeño niñito ser cargado por un hombre en sus manos llevaba un osito de felpa, pero el infante parecía casi dormido, y su osito a punto de caer de su mano.
Se acercó dispuesta a ayudar, el pequeñín le causo ternura, puesto que le recordó al hijo de su hermana. Cuando tuvo entre sus manitas al osito se lo quiso entregar al padre del niño, pero alguien se acercó por detrás poniéndole algo en la boca, y cerrándosela con su mano.
Esa persona le estaba lastimando con sus uñas en sus mejillitas, asustada se tragó aquello.
-Al parecer también tendremos a esta linda niña y vino sola a nosotros- canturreo la mujer que la mantenía agarrada.
Su cuerpecito comenzó a debilitarse, sus piernas ya no podían a sostenerla, su padre le leyó alguna vez de los puntos de acupuntura y lugares en donde con un movimiento podían paralizar todo el cuerpo ¿así es como se sentiría? ¿tan cansada y sin fuerzas?
No lo sabía, pero ahora era como un trozo de masa, la mujer la tomo en brazos y pronto estuvieron tan alejados que ya ni siquiera podía ver las luces coloridas del festival, y así derramando lágrimas se quedó dormida.
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Seguía corriendo en la dirección que le dio aquella mujer, pero ya casi llegaba al camino para salir de la aldea y no encontraba nada.
Fue entonces cuando lo vio, eran dos siluetas a lo lejos, corrió lo más rápido que pudo casi cayendo en el proceso, cuando esas personas escucharon sus pasos voltearon de inmediato en su dirección.
-Parece que este es nuestro día de suerte-El tono burlón del hombre lo hizo fruncir el ceño.
-Yo creo que no, suelten a la niña-Grito demandante observando a Paulette dormida en los brazos de estas personas.
Ambos solo rieron al ver las expresiones del pequeño pelirrojo.
-Ven aquí cariño, te prometo que te trataremos bien- El hombre con el niño en brazos se le acercó.
Fingiendo creerles, se acercó despacio, y a solo unos pasos le dio una fuerte patada en la pierna del secuestrador.
-Niño del demonio-Exclamo adolorido.
Quien diría que cuando estaba preparado para lo que viniera de estas personas, llegarían un grupo de hombres a capturarlos, sometiendo a esos asquerosos secuestradores en segundos.
- ¿Quiénes son ustedes? - Se esperaba cualquier cosa menos esto.
-Escuadrón de soldados del sur, vuelve a tu casa, niño-Fue lo único que pronuncio el hombre rubio que parecía ser el jefe.
Amarraron a los secuestradores y dos soldados cargaron a los pequeños dormidos, Gastón se acercó hasta el que llevaba a Paulette.
-Ella es mi amiga, y no me iré sin ella-Señalo a la cobriza, podía sentir un inmenso alivio en su pecho al verla- ¿Que le han hecho? -Miro a la pequeña que no respondía.
-Lúpus, es una planta utilizada para la elaboración de cerveza, causa somnolencia-El hombre mostró una pequeña bolsita que estaba escondida entre las ropas de la mujer.
-Ella... ¿Ella estará bien? - Estaba preocupado, si lo admitía, estaba verdaderamente preocupado por esta mocosa presumida.
Al casi perderla para siempre se dio cuenta, este mundo a pesar de ser un cuento en su otra vida, ahora es su mundo uno a todo color y sabor, estos niñitos ya no son simples personajes 2D, son personas que sienten y que pueden ser lastimadas, pese a tener un papel en este mundo siguen siendo humanos, sus conejitos saltarines, frágiles y estúpidos.
-Sí, ahora solo duerme, en unas horas se pasará el efecto- Les dio unas indicaciones a sus soldados, estaban a punto retirarse.
-Espere, ellos estaban a punto de salir de la aldea, para llegar al siguiente lugar habitado son tres días de camino, que se reduce a unas 12 horas en caballo, no creo que ellos estén haciendo esto solos-Gastón sabía todo eso por los viajes de cacería de su padre, ahora agradecía haberle puesto atención a sus lecciones.
-Tiene un punto, tú dame la ropa de ese hombre-Le dio la instrucción a su soldado, quien con prontitud saco las prendas superiores del secuestrador.
El hombre rubio se las coloco, después de interrogar a los secuestradores sobre la ubicación de sus secuaces y conseguido la información necesaria indiferente comenzó a caminar en dirección a la salida de la aldea.
-Espera, si llegas solo no te creerán y podrían huir- Corrió al frente del soldado bloqueando su camino-Tienes que llevarme a mí, si llegas con un niño no sospecharan, además solo se verán las sombras, nos dará tiempo suficiente para que tus soldados se escondan y los atrapen.
-Eres listo niño-El rubio embozo una sonrisa, cargo a Gastón en sus brazos.
Con la oscuridad de la noche en su favor llegaron hasta el carruaje de los secuestradores, sobre él había dos hombres listos para conducir.
-Veo que lo tienes-Alegre el hombre que sostenía las riendas las soltó y de un salto, abrió la puerta del carruaje.
-Así es, te tengo-El rubio dio una leve carcajada, mientras el bermejo saltaba de sus brazos, el corrió sujetando al hombre.
Su secuaz intento escapar, pero dos de los soldados del rubio lo atraparon.
-Tengo que admitir niño, que tienes madera de soldado-El jefe del escuadrón le despeino su cabello con su mano-tal vez nos veamos en unos años-Unos soldados custodiaron a los presos mientras los demás sacaban con cuidado a los 5 niños que estaban en el carruaje, posiblemente de otros lugares cercanos.
Había escuchado que en la antigüedad el comercio de esclavos era algo que sucedía con gran frecuencia, pero no lo había creído hasta que sus propios ojos vieron a todos los pequeñines que amordazados y con ropas sucias serían llevados por esos bastardos para ser vendidos cuál ganado.
Se despidió y junto a un soldado fueron juntos hasta la casa de Paulette, que estaba a un costado de la boutique.
Después del interrogatorio que les hizo la tía de la cobriza sobre lo que había sucedido el mismo soldado lo llevo a casa.
Al verlos su padre algo extrañado pregunto por lo sucedido, cuando se fue a acostar por primera vez desde que su madre murió su padre lo arropó y le dio las buenas noches.
No tenía idea del porqué de pronto las lágrimas salieron de sus ojitos y en la fría noche entre las cobijas se quedó dormido con ese sentimiento nostálgico de recuperar algo perdido.
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