Una L’ouvrier.
Massimo D'Angelo.
Al salir el sol, empezamos a prepararnos para la cena. Alessandro había salido temprano, dijo que quería ver si encontraba a su princesa, regresó sin ninguna novedad, no sé, pero me asombra, jamás lo vi tan interesado en una mujer, en fin, la hora de partir se acercaba, así que nos fuimos a alistar.
Escogí ponerme un traje de diseñador totalmente negro, un reloj de plata y una cadena de oro. Al bajar, veo a mi hermano con un traje azul, y mi padre con uno gris.
Ya listos, partimos para la mansión L'ouvrier, que, aunque algo extravagante como la nuestra, se ve más lujosa.
Al llegar, nos recibió la señora Angélique L'ouvrier. Debo decir que es muy hermosa. Mi padre no le quitaba la vista de encima hasta que ella habló.
— Sean bienvenidos — dice ella con una sonrisa.
— Estás hermosa, Angélique toda una reina — le dice mi padre, dándole un beso en el dorso de su mano, todo un caballero.
— Gracias por el halago, Augusto, también te ves bien. Siéntanse como en su casa, mientras yo me retiro a buscar a mis hijas — mencionó tranquila, a lo que mi padre reacciona y la suelta.
Subió por las escaleras, no sin antes decirle a una de sus empleadas que nos guiarán a la sala de estar, ya solos Alessandro no pierde el tiempo de mencionar lo que ocurrió allá.
— Padre, contrólate, parece como si te la quisieras comer — lo dice burlón, a lo que yo ruedo los ojos.
— Ganas, no me faltan, mi querido hijo — vaya, eso me sorprende.
— ¿Es en serio? No pensé escuchar eso de ti — le digo sincero.
— Es verdad, que quieren que les diga, me encantó, apenas la vi, pero por mis errores la perdí, y ahora no voy a descansar hasta tenerla otra vez y antes de que pregunten si ella es aquel amor que jamás pude olvidar — dijo con melancolía en sus palabras.
— Entonces, cuenta con nosotros para ayudarte, después de todo, eres nuestro padre, siempre te apoyaremos — Alessandro me mira y asiento en afirmación.
Esperamos unos minutos, hasta que baja la señora Angélique acompañada de sus hijas. Estaba distraído, pero cuando las miro me quedé de piedra.
Era mi Diosa, no podía creerlo, quise buscarla y resulta que ella vino hacia mí, al igual que yo, también está asombrada.
— Massimo es ella —susurra mi hermano.
¿Cómo? Sigo la dirección de su mirada y veo a Vanessa. Si vienen juntas, eso quiere decir que ella…
— Vanessa, Annelise no se queden, ahí vengan, por favor.
Es una L'ouvrier, pero qué interesante, por eso su manera de hablarme en aquel encuentro.
— ¿Son sus hijas? — pregunta Alessandro.
Una pregunta que no puede sonar más estúpida, hermano.
— Así es, son mi más grande orgullo — dice Angélique mientras se sienta en un sofá al frente de nosotros con ellas a su lado.
Había un silencio que ellas rompen.
— Mucho gusto, mi nombre es Vanessa L'ouvrier — le da una mirada a su hermana.
— Annelise L'ouvrier encantada de conocerlos — pronuncia con tranquilidad, no dejé de mirarla, se ve divina.
— Soy Alessandro D'Angelo, y también es un placer conocernos — señala sin apartar su mirada de Vanessa.
— Massimo D'Angelo, un gusto, aunque ya nos conocíamos — dije con calma, a lo que la señora Angélique reaccionó sorprendida.
— ¿Cómo que se conocen? — preguntó confundida.
Mi diosa me fulmina con la mirada por haber dicho eso, y debo decir que me encantó.
— Sí, él es el imbécil que casi me mata — lo dice con ironía.
— ¿De qué estás hablando, Annelise? — estaba algo alterada.
— Yo puedo explicarte, Angélique, ¿podemos hablar a solas? — dice mi padre, ella acepta y salen de la sala.
Me encantaría saber cómo él va a explicarle nuestro encuentro a ella, porque hasta donde sé mi padre no sabe nada.
En fin, dejando eso de lado, estuve a punto de decir una palabra, pero al parecer Annelise adivinó mis movimientos, porque me detiene.
— Ni media palabra, muérdete la lengua antes de hablar — murmura entre dientes. — Lo mismo va contigo — dice Vanessa mirando a mi hermano.
Esto no lo dejé pasar, por mucho que a ella no le guste, yo no que quedaré callado, además verla de esa manera me fascina.
—¿Sabes que tienes una boquita algo grosera, verdad? — le sonrió.
— El primero que dijo algo como eso, terminó tres metros bajo tierra. No creo que quieras lo mismo, después de todo, yo no olvido una cuenta sin saldar — su tono amenazante no pasa por alto.
— Annelise contrólate —regañó su hermana. Mi diosa la mira con una ceja alzada —. Te entiendo, el sentimiento de molestia es mutuo, pero sin escándalos, por favor — pide con tranquilidad y ella rueda los ojos.
— Nosotros no hicimos nada malo — comenta mi hermano.
Vanessa lo mira incrédula, mi diosa, por su parte, estaba callada, le sonrió, a lo que ella se enoja y no puedo evitar estar feliz, esta noche promete.
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Comments
anilasor_agev@hotmail.com
hay el amor ,el amor
2024-12-25
0
mel
uufff vaya que del odio al amor hay un paso 😂😁🤭
2024-06-06
6
alejandro peña alanis Rosales Chaires
del odio al amor hay un solo paso
2024-03-20
1