Una principessa.
Alessandro D'Angelo.
Mi nombre es Alessandro Santorini D'Angelo tengo 26 años, soy el menor de esta familia. Vivo con mi padre, el gran Don Augusto Santorini D'Angelo y mi hermano mayor, el cascarrabias Massimo Santorini D'Angelo.
Mido 1.87 de estatura, mi cabello es castaño claro corto, mis ojos son de color azul claro, mi piel es color canela. Al igual que mi hermano, me cuidó muy bien físicamente.
Soy un hombre de carácter, divertido, amable y mujeriego. A diferencia de Massimo, no me interesó por los asuntos que tengan que ver con el segundo trabajo de la familia, al menos que tenga que intervenir. Si es así, me puedo convertir en una persona fría y sin corazón.
En estos momentos, estamos pasando por una situación que podría costarnos el liderazgo.
Para solucionarlo, además de evitar enfrentamientos, a nuestro padre se le ocurre la brillante idea de casarnos, y debo decir que no me gustó.
Aunque me reprochaban mi conducta, nunca estuve de acuerdo en casarme por un compromiso. Siempre pensé hacerlo para compartir mi vida con la persona que llegará a amar, pero lastimosamente no podrá ser.
Estábamos esperando su llegada a Sicilia, pero mi padre quiso acelerar las cosas, por lo que estamos aquí en París, la ciudad del amor, según dicen. Mientras él se encontraba reunido con la señora L'ouvrier, le propuse a Massimo salir a cada quien se fue por su lado.
Yo me encontraba paseando, me dispuse en entrar a un restaurante, pero al hacerlo choqué con alguien y su teléfono fue a parar al suelo. Me dispongo a recoger y, cuando lo voy a entregar, le hablo.
— Su teléfono, señorita, y disculpe, iba distraído — mi voz sonó tranquila mientras la observo y me quedo impactado.
Es una mujer hermosa como de 1,80 de estatura, cabello castaño oscuro largo hasta los hombros, ojos grandes de color verde tan fascinantes, piel blanca como la porcelana, delgada, pero con unas hermosas curvas, rostro perfecto angelical, sus labios delgados pintados de rosa, que me provocaban besarlos.
Lleva puesto un vestido azul, pegado a su cuerpo, que es largo hasta la rodilla. Es una principessa y va a ser solo mía.
Salgo de mi trance al escuchar su voz, tan suave.
— Gracias, aunque si se fijará por dónde camina, esto no hubiera pasado, pero mejor olvidarlo, que tenga buen día, señor — dice chocante.
Toma su teléfono, se iba a ir, pero la detengo.
— Esperé un momento. ¿Por qué me habla de esa manera? Yo simplemente la ayudé — me confunde, podría ser un poco más amable.
— Disculpe, pero ¿no fue por su culpa? ¿Me equivocó? —La ironía en sus palabras es sorpresiva. Su personalidad me gusta.
— Exactamente, se equivoca, dice que fue mi culpa, pero no se puso a pensar que quién venía saliendo del restaurante, señorita, ha sido usted — el desafío, al parecer le sorprende.
— Sí, y ¿qué? ¿Yo no venía caminando sin rumbo fijo, ni mucho menos iba tan distraída? Eso es justo lo que usted ha hecho u olvida sus disculpas por su distracción, señor.
Su ceño fruncido me demuestra que se ha molestado.
— Así sea ese el caso, puedo decir lo mismo de usted, lo que tiene de hermosa, lo tiene de orgullosa, para no aceptar su culpa en todo esto.
Admito que me gusta verla con ese carácter, pero sí sé que mis burlas la molestan, además es una desconocida.
— A mí no me importa lo que diga, más bien debería tener cuidado a quien le habla de esa manera, se puede arrepentir — me amenazó.
Esto es interesante, primera mujer que me amenaza una mujer.
— Lo mismo, digo, hermosa, no me gustaría hacerle daño a una principessa como tú — le hago lo mismo y me mira asombrada.
¿En serio piensa que lo haría? Jamás en mi vida lastimaría a una mujer, puede ser cualquier cosa menos eso.
— ¿Te atreves a amenazarme? Sigue así y acabarás tres metros bajo tierra. Créeme que sería una lástima, pero te lo estás buscando — dice con seriedad.
Su voz sonó tan fría, me ha dejado sorprendido, no me lo esperaba.
— Eso sí que es fuerte, me sorprende de alguien como tú, tan bella, pero tan agresiva— susurré con suavidad.
La empiezo a recorrer con la mirada. Definitivamente me encanta.
— Las apariencias engañan, pero lo verás, algún día. A mí no se me olvidan las cuentas por saldar, así que me retiro, no puedo perder mi tiempo en tonterías.
Se dispone a irse, pero me colocó frente a ella para detenerla.
— Un momento, ¿me dirá el nombre de mi juez, o nos volveremos a encontrar? — le pregunté por qué me encantaría saberlo, además de volver a verla.
— Nunca querido, pero todos sabemos que el mundo da muchas vueltas, quizás el destino nos vuelva a encontrar — me pasa, por un lado, pero se detiene y me observa por encima de su hombro —. Arrivederci caro, è stato un piacere / Adiós, querido, fue un placer/.
Me quedé de pie con mi sonrisa tonta viendo cómo se va sin decirme su nombre.
Te encontraré, mi principessa, de eso estoy seguro.
Mi teléfono se enciende y veo un mensaje de Massimo, así que buscó mi coche para irme inmediatamente al Penthouse y terminar con esta farsa de compromiso, aunque ahora cumplirlo va a ser difícil después de conocerla.
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Comments
anilasor_agev@hotmail.com
lo que está para tocar te toca aunque te quites
2024-12-25
0
mel
ooo si ya se conocieron los cuatro eso ya se hizo la machaca
2024-06-05
7
alejandro peña alanis Rosales Chaires
repiten mucho
2024-03-20
1