Casualidad o destino.
Massimo D'Angelo.
En el Penthouse.
Al llegar, nuestro padre nos informa que mañana en la noche tenemos una cena con la familia L'ouvrier. Fue sorpresivo, pero es mejor adelantar las cosas, antes de que ocurra algo y todo acabe en un desastre.
— Hermanito, ¿en qué o quién piensas? — preguntó con su típica sonrisa.
— En una diosa que no voy a descansar hasta que sea mía — mi hermano me mira asombrado.
— Calma, Romeo, ¿Será el destino? Pero hablando en serio, a mí también me ocurrió algo igual — dice, a lo que lo observo con seriedad.
— ¿También? ¿A qué te refieres? —Sirve dos copas de whisky mientras yo espero a que hable.
—¿Qué conocí a alguien, tiene un carácter que hasta te gana? — Me pasa la copa y toma asiento.
— Cuéntame, ¿cómo es ella? — me mira y suspira.
Alessandro D'Angelo.
Mi hermano se queda en silencio, así que comience a contarle.
— Es hermosa alta, cabello castaño oscuro largo hasta los hombros, ojos grandes de color verde, su piel blanca con unas hermosas curvas, rostro perfecto muy angelical, labios delgados, provocaban besarlos, llevaba puesto un vestido azul que yo solo pensaba en quitárselo, en pocas palabras estoy embrujado.
Massimo se ve sorprendido y lo entiendo, jamás me pasó algo así.
— Vaya, nunca pensé escucharte hablar así a ti, pero eso no puede ser. Tenemos una alianza que firmar es muy importante — me dice serio.
— No sabes cómo detesto esta situación ahora — le digo sincero —. Pero cambiando el tema, dime, ¿cómo conociste a tu Diosa? Porque dudo que le gane a mi princesa — mi hermano se levanta, ya no aguantó la curiosidad.
Massimo D'Angelo.
Me levanté del sofá para servirme otra copa. Por la cara de Alessandro sé que le carcome la curiosidad, siempre ha sido así, parece un niño.
— Estaba paseando en mi coche y me detuve cerca de un restaurante, mi teléfono comenzó a sonar, al distraerme casi atropellé a alguien, abrí la puerta y la veo, ella estaba con la cabeza baja, así que decido hablarle, cuando levantó su mirada quedé sin palabras ante mis ojos es una diosa que me ha hecho perder mis sentidos y mi mente donde solo reina ella.
Pensar en ella es algo que no he parado de hacer. Alessandro me observa expectante a que continúe, así que decido seguir con mis palabras.
— Ella es alta de piel blanca, rostro perfecto con pestañas alargadas que enmarcan unos preciosos ojos verdes azulados que me han encantado, sus labios delgados, pintados de rojo me provocaban besarlos, llevaba puesto una chaqueta y falda negra, ese conjunto la hacían ver tan sensual, al recobrar mis sentidos le pregunte como estaba y ella solo me dijo «¿Cómo crees que estoy imbécil?»
Alessandro primero se queda callado y me observa sorprendido para después comenzar a reírse a carcajadas.
— Eres un idiota, Massimo, ¿cómo crees que te va a tratar? Primero casi la atropellas, segundo apuesto que no la ayudaste a levantarse —desvié la mirada —. Lo sabía, hasta yo en su lugar te mataría. ¿Sabes su nombre?
Para ser él, tiene razón en lo que dice.
— No sé su nombre, no le pregunté y dejó de hablarme de esa manera. Más bien, no me has dicho. ¿Cómo conociste a tu princesa? Pienso que no hubo algún problema, ¿o, ¿sí? — le pregunté.
Baja la mirada, lo imaginé, le encanta culparme más cuando hace una estupidez.
— Caminaba por el centro, quería ingresar a un restaurante, pero choqué con alguien. Su teléfono cayó al suelo, lo levanté y me disculpé con ella, pero eso no bastó… —Ahí está.
— Para que te tratara como el imbécil que eres — mi hermano me mira mal, al igual que yo odio las interrupciones, él hace lo mismo.
— Como sea, al menos yo sí le pedí su nombre, solo que no quiso decírmelo. Lo único que dijo antes de irse fue en italiano, que por cierto es una cualidad porque lo hace de maravilla.
Ese comentario me deja pensando.
— Ella te habló en italiano, igual que mi Diosa a mí — me mira con el ceño fruncido, sé lo que está pensando —. No es la misma persona, tiene rasgos diferentes, además dudo que pueda estar en dos lugares a la vez.
Suspiró.
— Estamos hipnotizados, hermanito, pero la voy a encontrar; de eso no tengo la menor duda — lo dice serio.
— También yo, como que me llamó un D'Angelo, aunque ya no estaremos en la voluntad de elegir, eso lo sabes — rueda los ojos y se levanta del sofá.
— Como tú digas, me retiro a descansar, mañana conoceremos a nuestras carceleras, qué digo, esposas. Bueno, al de al cabo es lo mismo — lo dice bromeando, me da un abrazo y se va.
Terminé mi copa, me recuesto en la cama, cierro los ojos y su recuerdo llega a mi mente, casualidad o destino, pero te encontraré.
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Comments
anilasor_agev@hotmail.com
claro que las van a encontrar y en su propia casa 🏡🏠😃🏠😃🏠🏠🏠🏠
2024-12-25
0
Claudia Moller
Tranquilos ya conocerán a sus chicas y que sorpresa se van a llevar
2024-11-21
1
Liliana Re
aburrida hasta acá llegue muy repetitiva...lo q dicen ellas lo repite en el otro capítulo lo q dicen..lástima parecía q iba a ser buen libro pero ya lo abandono...suerte para quienes lo sigan leyendo
2024-08-04
4