Algún día.
Vanessa L'ouvrier.
Mi nombre es Vanessa Durant L'ouvrier. Tengo 25 años, soy la mayor de la familia por un año, vivo con mi madre Angélique Durant L'ouvrier y mi hermana menor, mi confidente Annelise Durant L'ouvrier.
Mido 1,80 de estatura, mi cabello es castaño oscuro, igual al de mi madre. Largo hasta los hombros, mis ojos son grandes de color verde, mi piel es blanca, delgada, pero con curvas, las cuales no me encanta lucir, a diferencia de mi hermana.
Soy una mujer de carácter calmada y amable, pero cuando se trata de defender o proteger a mi familia, puedo llegar a ser fría y despiadada.
Hace unos días fuimos informadas por nuestra madre de la alianza propuesta por la familia italiana D'Angelo. Me sorprendió en su momento, pero terminé de aceptar al pensar en lo que ganaríamos con ella.
Lo que sí me tiene pensativa fue la actitud de mi hermana; ella no es así, al menos que se traiga algo entre manos.
Después de salir de la mansión, me encontraba en un restaurante de la ciudad, reunida con unos inversionistas de la empresa tecnológica de mi familia, lo cual terminó en la firma de un contrato sin problemas y con grandes beneficios.
Estaba preparada para salir cuando tropiezo con alguien. Mi teléfono fue a parar al suelo, iba a levantarlo, pero lo hacen por mí.
Un hombre alto como de mi estatura con su cuerpo bien moldeado, su piel es color canela, nariz definida, labios atractivos, sus cejas pobladas, pero con forma, sus ojos azules claros, que tienen algo que me invitan a perderme en ellos, lleva un traje que le queda espectacular, salgo de mi shock cuando me habla.
— Su teléfono, señorita, y disculpe, iba distraído —. Su tono de voz es grueso y no sé si me puse nerviosa porque comencé a temblar ligeramente.
— Gracias, aunque si se fijará por dónde camina, esto no hubiera pasado, pero mejor olvidarlo, que tenga buen día, señor.
Tomé de sus manos mi teléfono, estaba por irme cuando me sostenía del brazo con suavidad.
— Esperé un momento. ¿Por qué me habla de esa manera? Yo simplemente la ayudé — me observa confundido.
— Disculpe, pero ¿no fue por su culpa? ¿Me equivocó? —Le miro tranquila.
— Exactamente, se equivoca, dice que fue mi culpa, pero no se puso a pensar que quien venía saliendo del restaurante, señorita, ha sido usted — él levantó una ceja sonriendo con burla, punto a su favor, pero no lo diré en voz alta.
— Sí, y ¿qué? ¿Yo no venía caminando sin rumbo fijo, ni mucho menos iba tan distraída? Eso es justo lo que usted ha hecho u olvida sus disculpas por su distracción, señor —Ahora sí, me está molestando.
— Así sea ese el caso, puedo decir lo mismo de usted, lo que tiene de hermosa, lo tiene de orgullosa, para no aceptar su culpa en todo esto.
¿Cómo se atreve? Control, Vanessa, control, tú no eres así.
— A mí no me importa lo que diga, más bien debería tener cuidado a quien le habla de esa manera, se puede arrepentir — le lancé una amenaza, pero al parecer solo le dio gracia.
— Lo mismo digo, hermosa, no me gustaría hacerle daño a una principessa como tú — dijo el muy descarado.
Cierro mis manos con fuerza para buscar un poco de tranquilidad porque lo necesito.
— ¿Te atreves a amenazarme? Sigue así y acabarás tres metros bajo tierra. Créeme que sería una lástima, pero te lo estás buscando —murmuré con la voz fría.
Me mira sorprendido, hasta yo lo haría, demasiado tiempo con Annelise y se me pegan sus tácticas.
— Eso sí que es fuerte, me sorprende de alguien como tú, tan bella, pero tan agresiva — dice con suavidad. Su mirada azulada me recorre y siento escalofríos, tengo que irme y rápido.
— Las apariencias engañan, pero lo verás, algún día. A mí no se me olvidan las cuentas por saldar, así que me retiro, no puedo perder mi tiempo en tonterías — me dispuse a caminar, pero me detiene otra vez.
— Un momento, ¿me dirá el nombre de mi juez, o nos volveremos a encontrar?
Me encantaría, pero no, aunque sea un dios griego, es un imbécil.
— Nunca querido, pero todos sabemos que el mundo da muchas vueltas, quizás el destino nos vuelva a encontrar — le pasé, por un lado, pero me detuve para despedirme —. Arrivederci caro, è stato un piacere / Adiós, querido, fue un placer/ —. Logre notar su sonrisa, tan hermosa.
Llegué hasta donde estaba mi coche y me dirigí a la empresa, sin poder evitar pensar en mi dios griego y creo que nunca dejaré de hacerlo.
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Comments
anilasor_agev@hotmail.com
deberás que el mundo 🌎🌍 es un paño tan grande ese país y se conocieron los 4 ya en diferentes lugares y circunstancias
2024-12-25
1
Liliana Re
q bárbara la escritora pura casualidad de q en un país tan grande como Francia se encuentren estos cuatro q van a ser pareja 😂😂
2024-08-04
8
mel
😂🤭😁😁😁 es cierto ufff
2024-06-05
3