Caleb
—La imagen del espejo, me dice que es hora de ir a casa. Pero no he terminado, porque no estás a mi lado —me despierto agitado, debido al sonido de la canción. Estiro mi brazo y tanteo por todos lados en busca de mi celular.
—Mierda...
—¡Contesta la maldita llamada, Caleb! —grita mi hermana, encuentro el celular y respondo, miro el identificador, no reconozco el número que aparece.
—¿Hola? —pregunto somnoliento, bostezo y tallo mi rostro.
—¿Sigues dormido? —por unos momentos en los que sigo dormido, me cuesta reconocer la voz, así que separo el celular, como si el identificador ahora tuviera un nombre, pero sigue apareciendo como número desconocido.
—¿Quién habla?
—Solo espero que no me cuelgues. Es la única llamada que me dejan hacer —mi ceño se frunce—. Soy yo, Gretel. La persona que días antes dijo que ya nada nos obligaría a hablar, ¿lo olvidaste? —me levanto de un salto y jalo mi cabello, solo para comprobar que no sigo dormido.
—¿Gretel?
—Si no conoces a otra Gretel, creo que sí, soy Gretel...
—Gretel, rápido, hay más personas esperando su turno... —escucho una voz desconocida de fondo.
—Ya voy, está medio modorro, ¿qué esperas? No me dejaste esperar a que amaneciera, no me culpes —la escucho suspirar—. Escucha, necesito que te despiertes y vengas de inmediato a la dirección que te voy a dictar, ¿de acuerdo?
—De acuerdo —no sé qué puede ser, pero no puedo negarme, aunque ella fue la que dijo que no nos volveríamos a hablar, supongo que esto es serio, como para ignorar su orgullo y marcarme.
Anoto la dirección y termina la llamada. Me visto y salgo de mi habitación, justo para encontrarme con mi madre, que supongo que acaba de llegar de su turno. Arquea sus cejas.
—Necesito las llaves del auto... por favor —no hay que olvidar la educación. No me pregunta nada, solo asiente y me entrega las llaves de su auto. Tomo mi cartera, mi celular y las llaves del apartamento antes de salir.
—Ve con cuidado, cariño —asiento y salgo corriendo. Mientras estoy en elevador, busco en Google Maps, dónde se encuentra el lugar de la dirección que me proporcionó. Cuando salgo del elevador veo el lugar.
—No puede ser —susurro. Recuerdo las palabras de aquellos oficiales y me apresuro todavía más en llegar a la estación de policías donde tienen a Gretel.
-
—¡Gretel! —por accidente, termino gritando su nombre apenas llegó a la estación de policías, todos los oficiales presentes y algunos ciudadanos arrestados, voltean a verme, ninguno dice nada, yo termino por disculparme—. Lo siento... —susurro, avergonzado.
—No tienes que gritar, puritano. Aquí estoy —giro mi cabeza en dirección a la voz, encuentro a Gretel jugando cartas con dos mujeres que también están detenidas—. Y con esto, les he ganado —Gretel enseña sus cartas y extiende sus manos hacía el botín que gano. Se ríe y saco algo de entre lo que ganó—. No quiero tu tanga —se burla y le entrega la ropa a alguien en específico, no quiero ver así que volteo a otro lado.
—¿Estás bien? —le pregunto, me acerco a ella hasta los barrotes que nos separan, deja de reírse y voltea a verme, me sonríe divertida.
—Claro. Lamento tener que llamarte, pero mi tutor ignoró mis llamadas, lo mataré cuando tenga la oportunidad —susurra enfadada. Suspira y levanta su cuello, como si quisiera ver a alguien, así que me hago a un lado—. ¡Oficial! ¡Ya vinieron por mí! ¡¿Ya puedo irme?! —pregunta, el oficial, que reconozco por haberlo visto con el transito que nos detuvo la vez pasada, se levanta de su lugar, no sabía que era policía y no tránsito.
—¿El puritano es tu tutor? —pregunta el oficial, estiro mi mano hacía él.
—Hola, oficial...
—No tienes que ser tan formal, chico. Ven. Necesito que llenes algunos formatos y pagues la fianza para que se pueda ir —volteo a ver a Gretel, quien finge no verme, no me dijo nada sobre una fianza, suspiro preocupado.
—De acuerdo.
Me siento frente a su escritorio, que está pegado a otros escritorios en vertical, los otros policías están discutiendo con los que acaban de llegar, huelen mucho a alcohol y veo un poco de sangre en cada uno de ellos.
—Otra pelea —susurra, el oficial. Saca algunas hojas de un cajón y me las entrega—. Si no hubieras venido, habríamos metido a Gretel a los separos. Ya perdí la cuenta de cuántas veces ha sido detenida, de todos modos, a la próxima no podrá pagar fianza, se quedará en la estación por treinta horas y si ocurre otra vez, deberá quedarse en los separos por 72 horas, ¿de acuerdo?
—¿Qué fue lo que hizo para que la detuvieran? —pregunto, volteo a verla, se está riendo, mientras está jugando cartas con las mujeres que comparten el mismo espacio que ella. No luce asustada, tampoco preocupada, es como si tuviera experiencia en estos lugares.
—La atrapamos mientras compraba drogas —jadeo, eso no me lo esperaba—. Es la primera vez, nunca se le había encontrado con drogas, por eso es por lo que se le permitió llamar a un responsable que pagará la fianza por ella. Si fuera otro sujeto, no la habría dejado irse, pero eres tú, puritano —miro el formato y comienzo a llenarlo, con datos básicos.
Al final del formato, firmo una responsiva sobre mantener a Gretel sin meterse en problemas por al menos 72 horas, de lo contrario, la próxima vez, no podrá pagar fianza.
—Gretel no es una mala persona —dice de repente el policía, lo miro confundido, no me esperaba algo como eso—. Todos aquí la conocemos desde que era más chica... todo lo que hace, no lo hace porque le guste ser mala o porque le divierta romper las leyes... pareciera que quiere llamar la atención de alguien con estos actos delictivos —susurra el oficial—. Joven Abels, si de verdad se preocupa por ella, manténgase a su lado y evite que cometa más tonterías —asiento levemente.
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Comments
Eugenia Venegas Oyarzo
GRETEL, un total cachito 🤦🏼♀️
2022-10-26
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