Después de estar un buen rato en la ducha, me fui directo a la cama; el clima era sombrío y la lluvia no cesaba.
Por otro lado, Harry no regresaba y a pesar de sus frías y crudas palabras, yo estaba preocupada por él.
Me recosté en el suave colchón; no me sentía nada bien, todo me daba vueltas.
«Me siento calienta...»
Poco a poco sentí los párpados cansados y me quedé profundamente dormida.
...
Cada parte de mi ser me dolía; mi mente estaba por las nubes mientras mi respiración se aceleraba.
Pestañe un par de veces...
Ya había oscurecido.
De inmediato sentí algo raro.
Algo me sujetaba de la cintura.
Un poco aturdida abrí los ojos y era él... Harry estaba acostado a un lado mío con su brazo sobre mi cuerpo.
«¿Estoy soñando?», me pregunté.
Su expresión era neutral.
Cómo balde de agua fría me cayó al instante de recordar lo que me había dicho en la azotea.
Quise alejarlo pero honestamente su presencia me reconfortó de una manera extraña aparte, no tenía la fuerza suficiente para hablar.
—Estas caliente. —susurró.
Débilmente, abrí mi boca para hablar.
—Creo que tengo fiebre.
Estar bajo la lluvia me había hecho mal.
El hecho que tuviera fiebre esa noche, fue que Harry mostraría otra actitud y yo no sería capaz de reconocerlo.
Él me observó por unos segundos antes de levantarse.
Yo no aparté la mirada para nada.
Simplemente los dos nos quedamos en silencio.
Al siguiente segundo, se puso de pie.
—Yo... buscaré algo para tu fiebre. —me hizo saber.
Dejó la luz encendida y se marchó de la habitación.
«No te vayas...», pensé inconscientemente.
No me atreví a decirlo por miedo de confundir mis sentimientos hacia él.
Digo, apenas asimilaba quién era y todo lo que se había desarrollado desde su aparición.
Tenía tantas preguntas aún pero me las guarde para después.
Pasado unos minutos, él regreso con un vaso de agua.
Me tendió una pastilla.
—Tómalo. —me dijo.
Asentí con mi cabeza y me tomé la pastilla.
Me volví a recostar y él se quedó sentado en el borde la cama.
Otra vez el silencio era ensordecedor.
Quise mencionar sobre lo que sucedió en la azotea pero la verdad no quería arruinar el momento así que solamente lo mire sin pestañear.
«¿En verdad él iba a ser mi esposo? ¿Cómo fue qué nos enamoramos? ¿Cómo es posible no recordar nada de él?», me hice tantas preguntas mientras veía su ancha espalda.
No sé qué me pasó en ese segundo, quizás por la fiebre yo me atreví hacer algo que no debía.
Levanté mi brazo y talle su espalda, una acción delibera a lo cual él se tensó.
Tocar a alguien que dice estar muerto, sentir cierta calidez de su cuerpo y sobretodo que provocará un hormigueo en mi interior.
—Harry...dime cómo nos conocimos. —le pedí.
Sin embargo, él solo negó con la cabeza.
¿Por qué no quiere decirme?
No quería sonar insistente pero la duda era inevitable.
—Por favor, tan solo dime algo de nosotros...
—Al menos, ¿te crees que hay un "nosotros"? —masculló.
Suspiré.
Yo tuve que ser sincera conmigo misma, todavía faltaba hablar con mi madre para que me contará la verdad sobre ese accidente aún así yo solo tenía curiosidad.
Alejé mi mano de su espalda.
—Teffany, has de cuenta que tu memoria, recuerdos están esparcidos cómo fragmentos que siguen perdidos en tu interior y para recuperarlo, tienes que ir paso a paso sino...puedes enloquecer. —declaró.
«¿Enloquecer?»
¿Tan malo sería reunir esos fragmentos de mi memoria?
Torció su cuello para verme.
Con una sublime sonrisa, me dijo: —Por eso estoy aquí para protegerte y recuerdes sin ningún inconveniente.
No sé supe qué responder.
«Vaya, me está dando más calor.»
—No comprendo a la perfección pero está bien. Gracias por estar aquí ... conmigo.
Y sí, lo dije casi tartamudeando que para mí fue increíble decirlo directamente.
Y bueno, él parecía asombrado, pasmado por lo que había dicho.
Rápidamente apartó su mirada.
—Tienes que descansar. —musito.
—Quedate aquí. —le pedí.
Por un segundo pensé que se negaría pero no fue así.
Él se recostó de lado, sin darme la espalda.
—Ahora duerme. No me movere de aquí.
Solo le brindé una sutil sonrisa.
«Esta noche no dormiré sola.»
...***...
Al siguiente día, desperté con un leve dolor de cabeza.
El resplandor de sol se filtraba por las cortinas.
Supuse que ya era tarde.
Enseguida escuché murmullos afuera de la habitación.
Recordé que le pedí a Harry que se quedará a mi lado y eso me hizo sentir muy avergonzada de mí misma.
Esos murmullos eran más ruidosos.
Confundida me levanté de la cama; gire la perilla y...
Atisbo a Harry y al frente de él hay una mujer semidesnuda con una sonrisa que me cayó mal.
—¿Quién es ella? —pregunté seriamente.
Ella solo sonrió más.
Por otro lado, Harry se rasco la cabeza como si no supiera explicar la situación.
«Esa mujer...no me da buena espina.»
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