Después de dar un paseo sobre el lago y de una pequeña charla volví a la casa; me despedí de Axel.
Fue una persona agradable y vaya que tenía mucho que decir sobre cada tema. Pienso que solo buscaba con que entrenerme.
Sin embargo, no era mi tipo.
La tormenta había empezado; llovía a cántaros y los relámpagos eran cada vez más fuertes.
Para apaciguar el aburrimiento encendí el televisor y me prepare unas palomitas.
Estuve mirando películas hasta que anocheció...
Me sentía algo sonolienta así que antes de acostarme me fui a duchar, la tormenta seguía igual y la lluvia no cesaba.
Me quite toda la ropa; abrí el grifo y el agua estaba helada, antes de entrar a la bañera me percate que la luz de la lámpara empezaba a bajarse. Creí que la luz de iría en cualquier momento así que no lo pensé por un segundo más y me apresuré a ducharme.
La verdad que me duche muy rápido. Todo el cuerpo me temblaba a causa del agua fria.
Me estába vistiendo cuando de repente la luz se fue...
Me quedé en total obscuridad. Mi cuerpo se estremeció, solo pude tomar la toalla y cubrirme el cuerpo.
Con mis manos tentando logré girar la perilla y salir del baño.
Los relámpagos me ayudaron con la visibilidad para encontrar una vela en el pequeño buró.
Una vez encendí la vela... el estruendo de un rayo me hizo respingar.
Para ese instante mi respiración había cambiado.
Si, sentí miedo pero intenté tranquilizarme. No había nada que temer.
«Solo se ha ido la luz y todo está asegurado así que todo está bien.», me dije a mi misma.
Pero inesperadamente ese pensamiento daría un giro inesperado...
Escuché pasos a unos metros de mí; el resplandor de la vela apenas cubría toda la habitación.
Entonces pude atisbar "algo" en la oscuridad.
No había tomado ninguna pastilla así que descarté la idea de que fuera una ilusión mía.
Esos pasos se sentían cada vez más cerca. Choque con el borde de la cama al retroceder.
Pase saliva fuertemente.
Me abrace a mi misma ante el temor que me invadió; contuve la respiración y mire fijamente hacia donde venían los pasos.
—¿Q-Quién está allí? —pregunté con la voz temblorosa.
Por un segundo vacilé en preguntar pero no estaba escuchando mal. Yo estaba segura de que había alguien conmigo en la misma habitación.
Me encontraba con una toalla sobre puesta y solo llevaba bragas así que por mi mente pasaron muchos pensamientos negativos.
Al siguiente segundo, una voz mascullo en la oscuridad.
—Teffany, estoy molesto contigo.
Reconocí esa voz de inmediato.
¡Era él!
«Ese sujeto de mi sueño...»
Me quedé paralizada.
¿Cómo era posible escucharlo si no estaba soñando...?
—¿Cómo debería castigarte? —gruño.
Realmente se escuchaba molesto.
A ese punto ya no sabía cómo reaccionar.
En un parpadeo lo tenía encima mío; mi cuerpo había golpeado contra el colchón.
Por unos segundos me costó ser conciente de la realidad.
Sin embargo, cuando sentí su aliento sobre mi rostro fui consciente de lo real que se sentía.
Sus manos ejercían presión sobre mis hombros mientras que sus piernas rodeaban mi esbelta cintura.
Ví perfectamente su expresión de rabia y no entendía el por qué.
Era el mismo de mi sueño solo con una pequeña diferencia, no había manchas rojas en su atuendo y su rostro parecía de lo más natural, eso dedujé en ese momento.
—¿Qué eres tú? —inquerí sin temor alguno.
—¿Quieres saber que soy? —respondió con otra pregunta.
Asentí con la cabeza.
—¡Ja Ja Ja! —soltó una carcajada que me erizo la piel.
¿Qué era lo gracioso?
—Muy bien pero antes tengo que castigarte. —pronunció con una malévola sonrisa.
La lluvia se volvió más fuerte.
Presentí que algo malo estaba a punto de suceder.
No tenía escapatoria; su fuerza era descomunal y apenas podía mover mis brazos.
—¿Castigarme...? —musite.
—Voy a refrescarte la memoria. —me susurro al oído.
Abrí mis ojos como platos cuando su mano bajo lentamente hasta mi cintura.
Me quedé sin aliento.
«¿Qué es lo que pretende hacer?», me preguntaba al mismo tiempo que su mano se escabullía bajo la toalla.
—No te pongas tensa, pronto recordarás mi nombre.
Mi corazón latía como loco, aún no podía pronunciar una sola palabra.
Su mano subía por mis caderas hasta llegar a mi pecho...
No llevaba sostén así que solté un pequeño gemido al contacto de su mano contra mi seno.
—Tu piel es suave. —me dijo mirándome a los ojos.
No borraba esa sonrisa siniestra que me hacía marear.
Súbitamente estrujó mi seno y...
—¡Ahhh! —gemí.
—Que dulce voz. —me susurró al oído.
No podía creer como mi cuerpo me traicionaba; como era posible sentirme nerviosa ante algo desconocido y misterioso.
El miedo se disipó de mi interior y poco a poco éxtasis se empoderó de mi ser.
—Tan solo es el comienzo Teffany.
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