La cara del sujeto se deformó en una sonrisa bastante escabrosa y sombría; sus grandes colmillos como una serpiente venenosa al igual que su larga lengua salieron a flote.
Su aspecto era horrido...
«¿Qué es esta cosa?»
No quise perder la compostura pero fue en vano, el pánico me invadió por dentro.
Di un paso atrás para huir de inmediato pero...
—No vas a huir. —me dijo mirándome a los ojos con una expresión que me pasmo.
Aún así me di la media vuelta decidida a salir de allí.
—¡Green atrápala! —gritó él.
Al siguiente segundo, caí boca abajo; mi pecho golpeó el duro piso de cemento provocando que me quejará de dolor.
Algo se había enraizado en mi tobillo.
El golpe para mí fue tan contundente que por unos segundos perdí la noción del tiempo.
Aún seguía en el piso, escuché como se acercaba esa cosa...
—Muy mal en huir débil humana. —dijo entre risas.
Se detuve a unos centímetros de mi cara; solo podía ver sus pies descalzos.
Fue espeluznante ver la forma de esos pies como un monstruo.
—Por un segundo te confíaste en qué era "Harry" pero que mal. No era él.
Se puso en cuclillas.
Con ímpetu agarró mi pelo y me hizo verlo a los ojos.
—No te creas superior mujer. —espetó.
No parpadee ante su despectiva voz.
No me iba dejar humillar por lo que sea que fuera él.
—Oh vaya. Esa mirada me gusta.
Fue repugnante escucharlo hablar de esa manera pero me mantuve firme.
—Ponte de pie.
Soltó mi pelo.
Adolorida me levanté del piso.
No solo estaba él sino que también había otro casi con el mismo aspecto lúgubre.
«¿Quiénes son ellos? ¿Qué buscan de mí?»
Empezaron a caer delgada gotas de lluvia.
—Green, vendale los ojos. —ordenó.
No me inmute para nada.
Huir era inútil.
—Ningún movimiento en falso. —dijo él.
«Qué voy hacer ahora. Ese sujeto viene hacia aquí.»
Mi respiración se volvió irregular y un escalofrío me traspaso.
Ni siquiera tenía el valor para abrir la boca y preguntar quiénes eran.
Había olvidado como era sentirse una inútil.
—Ustedes.
La voz de Harry me pertubo.
Lo miré fijamente al fondo con la ropa que me había comprado.
No tenía una expresión nada agradable.
—Ja Ja Ja. Ya apareció justo en el momento menos indicado.
—Y como siempre, malditos buscando el momento en que no estoy para hacer sus sucios movimientos. —pronunció Harry mientras se acercaba.
Rápidamente sus ojos se clavaron en mí.
Yo sentí como su aura gélida empezó a cubrir toda la zona.
—Ja. Vamos Harry, no te creas solo por ser uno como ellos.
¿De qué hablaba?
—Teffany. —me llamo él.
—Retrocede y cierra los ojos. —me ordenó.
Se escuchaba molesto.
Asentí con la cabeza.
Cautelosamente retrocedi hasta llegar al muro de la barda.
Antes de cerrar mis ojos ví como esos dos sujetos se ponían en guardia mientras Harry solo se quedaba quieto.
Me puse en cuclillas y cerré los ojos.
Algo malo estaba a punto de pasar y Harry no quería que ti viera tal escena.
Me aferré a mis rodillas clavando mi cabeza en ellas.
La lluvia se hizo presente.
Mi cuerpo se empapó enseguida.
«Quiero ver...»
Quería saber qué sucedía con ellos.
Asi qué me armé de valor y levanté la cabeza.
Abrí mis ojos...
Me quedé sin aliento por unos segundos.
Harry había traspasado el cuerpo de aquel sujeto con su brazo.
La sangre se mezcló con la lluvia.
Esos dos desaparecieron; no pude escuchar lo último que dijo y menos lo que Harry le contesto.
Con el cuerpo tembloroso, camine hacia él.
La sangre corría por el suelo.
No sabía sí era de él o de ellos.
Me detuve a unos centímetros de Harry.
Tenía la cabeza inclinada.
—Te dije que no abrieras los ojos. —murmuró.
Todo su cuerpo temblaba.
—¿Te...lastimaron? —le pregunté en un hilo de voz.
—¿Acaso te preocupa mi estado?
Su pregunta había sonado irritante.
—Yo solo...
—Tú deberías de estar muerta. —me interrumpió.
Quedé estupefacta ante sus palabras.
Se me hizo un nudo en la garganta.
Algo dolía por dentro...
—Si tú hubieras muerto ese día...ellos no te estarían cazando.
—¿Qué estás diciendo?
Intenté descifrar lo que me decía pero no pude.
Me miró a la cara con una expresión neutral.
—Regresa abajo.
Negué con la cabeza.
Sea como sea yo quería saber sí estaba bien, sí lo habían lastimado pero él se comportó de la peor manera.
—N-No.
—Tsk. Vete ahora Teffany. —espetó.
Me negué otra vez.
—Que te vayas. ¡No te quiero ver ahora! —me gritó con un tono áspero.
¿Cuál era mi culpa?
No tenía porque soportar su despectiva actitud.
Inconscientemente mis lágrimas me deslizaron por mis mejillas.
Decidí no insistir más y regresé al departamento.
«¿Por qué me tenía que hablar de esa manera? No es justo recibir este trato.»
Me encerró en el baño y me eché a llorar como una niña pequeña.
Realmente me había dolido sus palabras...
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